Revista Qué

18 Feb 2016 | Mark Doose

El joven que sobrevivió en las montañas

Mark Doose, un joven estudiante de Hinsdale, estado estadounidense de Illinois, se perdió en los Alpes suizos, y durante dos días y dos noches sobrevivió al frío y la fuerte tormenta que azotaba a Suiza. 

doose 2doose 1doose 3El domingo 1° de febrero de 2015, Doose se preparaba para afrontar una bajada por las pistas de Isenau, una de las tres áreas esquiables en las montañas de Les Diablerets, una estación suiza cerca de Lausana.

El joven de 19 años, en aquel momento, dijo que estaba en una pendiente que se hizo demasiado empinada y terminó cayendo 36 pies en un barranco.

Tanto su celular como el de Suiza tenían poca batería y contaba con un litro de agua y una naranja en su mochila que le había quedado del almuerzo.

Seguí las torres de las cabinas“, se decía a sí mismo, mientras miraba las siluetas apenas visibles entre la tormenta. Seguramente terminarían en algún punto cerca del pueblo, ya que la estructura se había construido para transportar a personas desde distintos puntos de las montañas.

Ajustó las correas de su mochila, clavó los bastones y comenzó a avanzar. “Me llevará unos 30 minutos, máximo“, pensó.

El mismo día por la mañana Mark había hablado con su padre Chuck, quién le había trasmitido su amor por la vida al aire libre, al igual que a su hermano mayor, Mike.

“¡Que lo pases muy bien!”, le dijo Chuck. “Luego me cuentas”.

“¡Claro!”, respondió Mark.

Avanzaba con mucha cautela en su descenso por la montaña, mirando constantemente a su alrededor para asegurarse de que las torres siguieran ahí. La nieve se acumulaba rápidamente, golpeaba en su cara y le dificultaba cada vez más ver a su alrededor.

De pronto, advirtió que las torres habían desaparecido. “Tal vez estaba siguiendo el camino equivocado“, pensó Mark. Pero no entró en pánico. Resistió la necesidad de llamar a emergencias, reacio a causar molestias. Al mirar atrás, todo lo que podía ver era un inmenso vacío blanco.

Ya habían pasado dos horas desde el comienzo de la tormenta.

Doose que había sido niño explorador, pasó la primera noche bajo un pequeño iglú que construyó para refugiarse de las bajas temperaturas.

Por su parte en Chicago, su padre estaba preocupado. Había enviado algunas fotos a su hijo, pero no había recibido respuesta. Mark tampoco había llamado. Probablemente esté dormido. Lo intentaré de nuevo mañana, pensó.

Sin saberlo, su hijo estaba despertándose al lado de un árbol, helado y rígido tras un intermitente descanso de dos horas. Mark quitó el hielo ya sólido de sus guantes de cuero. Se sentía agradecido de conocer algunos secretos de la vida al aire libre y de las capas de ropa térmica que llevaba puestas que habían logrado aislarlo de ese frío tan extremo.

En un momento comenzó a escuchar un murmullo a medida que grandes montañas de nieve caían de los árboles. de repente le vino miedo: avalanchas.

Pensó inmediatamente en sus padres, su padre seguramente ya estaría preocupado por él, al igual que su madre, con quien tenía una relación muy cercana. Pensó en su hermano, Mike. Tenía que sobrevivir. “Seguí descendiendo“.

El lunes por la noche, como no habían tenido noticias de su hijo, Chuck y Bárbara se pusieron en marcha en los Estados Unidos.

Chuck, que tenía acceso online a los movimientos bancarios de Mark, vio que no había utilizado su tarjeta de débito desde el domingo. Aún estaba en algún lugar de la montaña.

Se presentó una denuncia por desaparición, y los socorristas emprendieron la búsqueda el martes 3 de febrero, pero no tenían ni idea de dónde empezar a buscar.

Las tres áreas esquiables que rodeaban Les Diablerets eran intimidantemente grandes.

Cuando Mark se despertó ese martes, su tercer día en la montaña, el agujero en la nieve había funcionado. Tenía frío, pero podía mover los dedos de manos y pies. Su ánimo, sin embargo, estaba comenzando a flaquear.

Seguí descendiendo“.

Era como una carrera de 150 metros a cámara lenta, con la mirada controlando el suelo. Y luego, el inconfundible sonido de perros y ladridos. Vio una calle, por donde pasaban autos, a unos 100 metros.

¡Ayuda! ¡Aidez-moi!“, gritó Mark. Nadie se detuvo. “¡Vamos, por favor!“, aulló frustrado.

Podía sentir cómo su determinación, que lo había mantenido con vida, estaba abandonando su cuerpo. Desplomado en el suelo, lo único que podía hacer era gritar pidiendo auxilio. Pasó una hora, luego dos, luego tres.

Cuatro horas después, cuatro caminantes lo escucharon. Rápidamente avisaron a las autoridades locales que se dirigieron al lugar. Se envió un helicóptero y, con ayuda del arnés, pudieron sacar a Mark del lugar junto a un policía que lo acompañaba.

Mark fue trasladado al hospital. Si hubiera podido pensar con claridad, se hubiera reído. Se había derrumbado a solo 150 metros, de las afueras de Les Diablerets.

Sus padres y hermano recibieron la noticia del rescate el martes, y reservaron pasajes a Suiza de inmediato.

Cuando llegaron, ya estaban dándole el alta del hospital. Excepto por algunos golpes y congelación leve en los dedos de la mano, Mark estaba bien.

Al menos 11 personas han muerto en los últimos días en los Alpes suizos, donde se han producido varias avalanchas, según medios locales.

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