Revista Qué

12 Dic 2016 | Dura historia

Denis Ladeveze: un accidente le cambió la vida

Como era su costumbre, Denise viajaba bastante seguido desde el Impenetrable Chaco a Rosario, para repartir donaciones entre los más necesitados, y así fue que en agosto de 2013 emprendió una vez más su recorrido como siempre, pero no sabía que era la última vez que lo haría. 

daianaserafini.jpg 1 daianaserafini.jpg 2 daianaserafini.jpg 3Descansada, Denis puso todos los regalos que le dieron el día anterior en agradecimiento por su lucha y entrega constante, y emprendió viaje hacia su casa, pero al llegar a la altura de Maladrigo, Santa Fe, le llamó la atención la cantidad de chicos en moto que circulaba.

Se quedó en el puesto hablando uno minutos sobre ese mismo tema con la empleada, hasta que volvió a arrancar, pero al cabo de unos minutos la dirección del auto se rompió y Denise ya no pudo maniobrar el volante,

El auto impactó con una moto donde venían dos jóvenes de 20 y 21 años, ellos era Lucas Quarin y Daiana Serafini, quienes finalmente perdieron la vida en el accidente.

El auto, un Chevrolet Aveo salió completamente de control al tomar la curva al norte de Malabrigo y ya descontrolado impactó contra la moto y luego pasó por encima del guarda rail. Voló unos 100 metros hasta quedar volcado en el valle de inundación del arroyo.

Daiana contó angustiada cómo fue que el auto se le salió de control: “No soy de ponerme nerviosa, así que traté de corregirlo, de volver a mi carril, pero me fue imposible. Entonces, me empiezo a acercar a una curva, y veo la moto que se me venía, ahí si que me desesperé, frené de golpe“.

El auto empezó a girar y girar, y perdí la noción de todo. Empecé a escuchar ruidos, golpes. Sentía que el auto daba tumbos, primero uno, al rato otro. Había una barranca donde había existido un río, y el auto se fue por ahí, picó, picó y la cuarta vez quedó de costado“, sostuvo.

Y agregó: “Mientras sentía los impactos en la parte trasera, Denise pensaba que el tanque de gas iba a explotar, y no podía evitar imaginarse qué habría pasado de haber viajado con su hijo en el asiento de atrás, como siempre“.

Finalmente Denise pudo salir tras trepar por el asiento del acompañante y escaló los 30 metros que la separaban de la ruta. No estaba lastimada, pero al llegar se encontró con el peor escenario: el joven motociclista estaba tirado a un costado, ya muerto, y en medio del camino se encontraba la chica.

Comencé a hacer señas pero nadie paraba. Entonces decidí ir rápido a cubrirla con mi cuerpo porque pensaba que la iban a pisar. Ella estaba respirando. Gracias a Dios estaban inconscientes los dos, no sufrieron. Ella respiraba tranquila, no había quejidos de dolor“, recuerda Denise, conmovida.

“Estaba acostada, respiraba despacio, pero le salía mucha sangre. Entonces la limpiaba con la mano para liberarle la nariz y la boca. Mientras le hablaba, le decía que yo la iba a cuidar. Estuve todo el tiempo tratando de darle amor”, agregó.

Luego de muchos intentos fallidos, paró un auto con una pareja. “Gracias a Dios, me contuvieron un montón y llamaron a la policía y a la ambulancia. Yo quise tener más poder que Dios, porque le pedía que me llevara a mí, que no se la llevara a ella“, destaca. Pero pese a los ruegos, ambos murieron.

Después de que ambos murieran, Denise contó cómo siguió su vida: “Me sentía una asesina, se me venían las imágenes todo el tiempo. No podía pensar en otra cosa. Escuchaba pasar una moto, y lloraba. Me quedé encerrada en mi casa, no podía ir a trabajar, ni siquiera hablar por teléfono. Era insoportable“, asegura.

También recuerda que lo único que hacía constante y obsesivamente era buscar información sobre la pareja. “Todo lo que encontraba era hermoso, por lo que me hacía sentir más dolor“.

Supo que eran una pareja joven, de 21 y 20  años, que se amaban, que el tenía un taller de motos y ella estudiaba. Que tenían muchos amigos queridos.

Necesitaba hablar con los padres de los chicos, porque me imaginaba que era necesario que les dijera que no habían sufrido. Una amiga muy querida, católica como yo, me consiguió el teléfono de la madre de ella“, explica.

Fui al baño, no se porqué, me senté y la llamé. Ella me dijo que me había perdonado después de haber escuchado a un cura en una misa decir que yo también había sido una víctima. También me dijo que gracias a Dios se habían ido los dos juntos, porque eran tan unidos que si se quedaba alguno de los dos el otro habría sufrido mucho“, agradece.

No dejo de pensar en ellos, quiero que Dios le de fuerza a su familia. Quiero que sean recordados siempre, por eso pedí una estrella en su memoria, quiero que se cree conciencia“, finaliza emocionada quien pertenece a un grupo de ayuda que se llama Amigo invisible.

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