Revista Qué

17 Dic 2014 | Increíble historia

Después de 30 años, comprueba su inocencia

Raymond Towler de Cleveland fue enviado a la cárcel en 1981 por violar sexualmente a una niña de 11 años. Siempre dijo ser inocente pero nadie le creyó, nadie, hasta que una prueba de ADN comprobó su inocencia.

libertadAl ser dejado en libertad casi 30 años después de ser encarcelado injustamente, lo único que pidió fue pizza y una cerveza.

La historia comienza hace más de 30 años atrás, cuando dos primos, Josh, de 12 años, y Kate (no son sus nombres reales) de 11, se fueron en bicicleta a la Reserva Rocky River de Cleveland a un día de campo. Mientras caminaban, un hombre salió de entre los árboles y les preguntó si podrían ayudarlo con un venado con una pata rota que había encontrado en el bosque.

Josh lo siguió al bosque. Kate titubeó, y después corrió a reunirse con ellos. Después de que caminaron 46 metros fuera del sendero ciclista, la policía los mediría después, el hombre se dio vuelta y sacó un revólver de la campera que llevaba bajo el brazo y les ordenó que se acuesten.

 Sin soltar el arma, el hombre agredió sexualmente a Kate. Cuando el hombre se fue, Josh, aterrorizado, salió corriendo del bosque. Encontró a un guardaparques, que llevó a Kate al hospital y pidió por radio a otros guardias que rastrearan la zona.

No encontraron pistas del individuo. Trece días después, el agente de la policía Frank Ferrini detuvo un auto Monte Carlo verde metálico, modelo 1970, después de que pasó una señal de alto. El conductor era un hombre negro de 23 años, con barba, y se llamaba Raymond Daniel Towler.

 Mientras Ferrini llenaba el formulario de la multa, revisó el identikit del violador de Kate, hecho a partir de la descripción de Josh. Le preguntó a Towler si podría ir a sacarse unas fotografías. Respondió cortésmente a las preguntas del guardia y accedió a sacarse las fotos. No tenía por qué no hacerlo.

Cuando salió de la sala donde le sacaron las fotos, vio su nombre escrito en un tablero junto a la palabra sospechoso. No sabía qué quería decir eso, pero se fue de allí bastante nervioso. Tres meses después, el 9 de septiembre de 1981, lo enjuiciaron por violar a Kate.

Los argumentos del fiscal dependían de la palabra y la memoria de Kate y Josh, así como de dos testigos que habían visto a un hombre negro en el parque aquel día. Towler fue esposado y sacado de la corte para empezar a cumplir su sentencia de cadena perpetua. 

Pero la llave de su libertad no estaba perdida. Estaba impresa en la tela de la ropa de Kate, que permanecería en un estante de la sala de pruebas durante casi tres décadas.

En los primeros años de encarcelamiento, Towler presentó apelaciones y acciones judiciales. Acudió al gobernador para solicitar la conmutación, escribió cartas a la junta de libertad condicional, pero nunca dejó que su esperanza flaqueara cuando las apelaciones se le negaron repetidamente.

 Su buena conducta rindió frutos: le bajaron el nivel de seguridad a “medio” y tuvo más libertades. Ahora podía pasar su tiempo libre pintando, tocando la guitarra y el teclado, y estudiando. Obtuvo dos diplomas, en Arte y Negocios.

Después de su quinto año en Marion, Towler reunió por primera vez los requisitos necesarios para solicitar la libertad condicional. Con su impecable historial, se permitió soñar la esperanza de que lo liberarían. La junta no sólo lo rechazó, sino que lo declaró sin derecho a solicitar su libertad por otros 15 años.

En 1992, Barry Scheck y Peter Neufeld crearon el Proyecto Inocencia como clínica jurídica en la Universidad Yeshiva de Nueva York. Su misión era aplicar el campo de los análisis del ADN, que avanzaba rápidamente, a posibles casos de condenas injustas.

Towler presentó todos sus documentos, y un juez aprobó su solicitud y le nombró un abogado defensor llamado John Parker. Este, que buscaba a alguien con mayor pericia, llamó a Mark Godsey, profesor de Derecho Penal en la Universidad de Cincinnati y director fundador del Proyecto Inocencia de Ohio (OIP, por sus siglas en inglés).

En septiembre de 2004, él y Parker hicieron arreglos para que la ropa interior de Kate, las raspaduras de uñas y los dos cabellos se enviaran a un laboratorio de ADN en Nueva Orleans.

No se encontraron rastros de semen ni de ADN masculino en la ropa interior, y los sobres que contenían el material de las uñas y los cabellos estaban vacíos. Que las pruebas hayan desaparecido por accidente, sabotaje u otra causa sigue siendo un misterio, pero para Towler el resultado era el mismo: acababa de perder otra batalla.

Finalmente los técnicos de un laboratorio de Cincinnati hicieron gratuitamente las pruebas de la ropa interior de Kate, y encontraron semen en la tela y ADN de un varón que no era Raymond Towler. Las pruebas se retrasaron hasta abril de 2010, y Towler recibió la noticia en la prisión Grafton.

Era el 5 de mayo de 2010, y después de 28 años, 7 meses y 19 días tras los barrotes, Raymond Daniel Towler, de 52 años, descendió los escalones de la corte y salió al aire fresco de un mundo libre.

A Towler le ha costado trabajo adaptarse. Un ejecutivo de Medical Mutual of Ohio, en Cleveland,  le ofreció un trabajo como repartidor de correo en una de las oficinas de la empresa.

En mayo de 2011, Towler recibió dinero compensatorio del estadocuyos actuarios habían determinado que el valor de un año de libertad es de 47.000 dólares. Se le debían más de 1,3 millón de dólares —también pudo haber interpuesto una demanda por salarios caídos— y en realidad recibió considerablemente más, aunque no quiere decir cuánto.

A nadie le importa, pero también le parecen absurdas las preguntas de cuánto le “ganó” al estado: ninguna cantidad es una compensación justa.

A este hombre apacible le duele recordar algunas de las cosas que pasaron. “Pero, créeme, no son más importantes que las cosas que me esperan”, dice sonriendo.

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