Revista Qué

9 Mar 2016 | Tsunami y transformación

La historia de Claudia Tangarife Castillo

La mañana del 26 de diciembre de 2004 Claudia apuraba a su hijo Danny, de 25 años por entonces, para que se terminara de preparar y así tomar el próximo ferry que salía a recorrer Phuket, en Tailandia, donde habían llegado para vacacionar.

claudia 1 claudia 3} Claudiaclaudia 4Como el joven había salido, se atrasó todo porque costaba levantarse por lo cual, debieron tomarse el barco que seguía. Y eso les salvó la vida…..

Mientras él se cepillaba los dientes, se escuchó una vibración y el rugido como de mil gorilas: era el tsunami.

El mismo devastó las costas de Indonesia, Sri Lanka, India, Tailandia y también el pequeño archipiélago donde ellos se encontraban, Phi Phi, con olas que llegaron a los 30 metros.

En ese momento decidieron salir del Hotel y correr hacia la cima. Se pusieron en camino y, en un momento, el ruido paró y todo quedó en silencio.

Nos miramos. No alcanzábamos a comprender la magnitud de la tragedia y volvimos por las maletas“, cuenta esta mujer colombiana.

Cuando las teníamos con nosotros la escena se volvió a repetir. De nuevo ese rugido como si se tratara de 100 gorilas King Kong y, una vez más, una ola del tamaño de un edificio de cuatro pisos. Otra vez corrimos por la montaña“, aseguró.

Esta vez estaba más cansada. Mi hijo me dijo: “Mami, dame tu maleta”. Ese morral era parte de mí, no se me ocurría soltarlo. Se la dí y seguí corriendo. Cuando llegué a la cima mi hijo no estaba. No había forma de volver a buscarlo dado que había mucha gente“, agregó.

Me agarró una angustia terrible. ¿Cómo es que había vuelto por las maletas? Ahora había perdido a mi hijo por un morral. Finalmente, mi hijo apareció sin las maletas. ‘Perdóname, las tuve que soltar’, me dijo y nos unimos en un abrazo“.

Ya sin noción del tiempo que había transcurrido, una mano familiar se posó sobre su hombro. “Mami aquí estoy”, escuchó y se deshizo en lágrimas en un abrazo interminable.

Dany había salvado su vida tras soltar las valijas que habían vuelto a buscar, y correr rápidamente hacia la montaña.

Pasaron cinco días hasta que pudieron llegar al aeropuerto de Bangkok, capital de Tailandia, para tomar el avión de regreso a su tierra, Colombia.

No había lugares en el mismo avión, por lo que debieron viajar en dos vuelos separados.

Fueron 24 horas eternas hasta que aterrizamos en Bogotá. Sentía pánico: veía el mar y creía que se iba a subir“. Dany llegó 12 horas después.

Después de volver a su casa Claudia sufría de pesadilla bastante seguido, todos los días tenía el mismo sueño. Veía cómo la ola ‘tapaba’ a cientos de personas, y se despertaba tras no poder ayudarlos.

Empecé a preguntarme por qué quede viva y me sentía culpable por eso. Pero, después de tres meses, algo hizo clic en mi mente y comencé a reevaluar mi vida, me prometí que iba a recuperarme. Inicié un viaje interior duro hacia mí misma, y entendí que por algo quedé viva“.

Claudia era una ejecutiva colombiana que no tenía demasiado tiempo para ella misma ni para sus afectos. “Yo era controladora, perfeccionista e impaciente. Hoy soy alegre, humilde, apasionada y estoy en paz“, sostiene.

Pasó los nueve años siguientes trabajando en ella misma; estudió coaching, así como temas humanísticos y espirituales. Hacía todo lo que sentía que la ayudaba a identificar cuáles eran esos obstáculos internos que no le permitían salir adelante.

En la misma semana estuvo en el encuentro de Human Camp y en el de Glue con su historia de superación, donde cuenta que sintió que encontró un propósito para su vida, y que “no se trata de competir, sino de cooperar”.

 

 

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