Revista Qué

6 Ene 2015 | Vivir para contarlo...

La historia de Michael Holmes

Con cerca de 8.000 saltos en su haber, Michael Holmes, un instructor de paracaidismo, vivió uno de sus peores momento el 13 de diciembre de 2006, en el vuelo que iba a cambiar su vida para siempre.

holmes 1 “Se suponía que filmaría a un grupo de paracaidistas sobre Taupo, a unos 240 kilómetros al sur de Auckland. Saltamos del avión a 5.000 metros y caíamos a unos 1.300, pero cuando desplegué mi paracaídas principal, no se abrió como debía”, explicó Holmes.

Los amigos vieron con horror cómo los paracaídas principal y de reserva, fallaron y cayó a tierra cerca del mar.

“Seguí intentando desesperadamente soltar el casquete principal, pero, a poco más de 300 metros, tenía que tomar una decisión. Tenía unos ochos segundos antes de tocar tierra. Así que corrí el riesgo, desplegué el de reserva y los paracaídas se envolvieron entre sí. Hasta ese punto sólo pensaba ‘tengo que resolverlo’. Entonces me di cuenta, ‘Oh, estoy muerto'”.

Y agregó: “De hecho la cámara de mi casco me captó diciendo exactamente esas palabras. Después decidí que debía dejarle a la gente un último mensaje, así que, con la tierra cada vez más cerca, sólo alcancé a decir ‘Adiós’.

Sus amigos estaban seguros de que estaba muerto, pero fue encontrado entre los arbustos, vivo, con su cámara de casco que seguía rodando.

Cámara que grabó la agonía del instructor mientras descubría que sus dos paracaídas fallaban, y que por lo tanto iba a morir. Pero la suerte le salvó la vida a este británico residente en Nueva Zelanda desde hace años. Unos matorrales en medio de un descampado amortiguaron el golpe e hicieron que el joven quedase sólo con un tobillo roto y un pulmón perforado.

“No recuerdo haber golpeado el suelo: perdí el conocimiento unos cuantos segundos. Después pude oír a mi colega John preguntándome si me encontraba bien. Recobraba y perdía el sentido, pero lo único que podía pensar era ‘algo falló’, ‘¿fue mi culpa”. Pero lo que acababa de ocurrir, que sobreviviera, no lo registraba”, explica Holmes.

“Sólo hasta el día siguiente, postrado en el hospital, empecé a pensar en palabras como ‘milagro’. Había caído casi cinco kilómetros, y todo lo que tenía era un tobillo roto, tres costillas rotas, un pulmón perforado, algunas contusiones y muchos rasguños del arbusto de moras sobre el que había aterrizado. Hay quienes dicen que el arbusto me salvó, otros que cómo pensé que iba a morir, mi cuerpo se relajó. No soy creyente, pero supongo que sea lo sea que esté al mando decidió que no era mi hora”.

En entrenador de caída libre asegura que su profesión le apasiona, y que quiere pasar el resto de su vida dando clases y viajando por todo el mundo para asistir a las distintas competiciones.

Tras el suceso, ocurrido sobre el Lago Taupo, el instructor estuvo en observación durante 11 días en el Hospital Waitako.

Después de haber sentido el frío de la muerte inminente, Holmes sigue confiando en los sistemas de seguridad de los paracaídas e insiste en que la mayoría de los accidente de deben a errores humanos propios de los aprendices.

“He repasado mil veces mentalmente el accidente. había una posibilidad entre un millón de que ocurriese, y ahora estoy preparado para seguir con mi vida con la seguridad de que esto sólo pasa una vez”, concluyó Holmes, que agradece poder estar vivo para contarlo.

La historia de Michael aparece en la serie Indestructibles, que se presenta en el canal del National Geographic.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los amigos vieron con horror como los paracaídas principal y de reserva, fallaron y cayó a tierra cerca del mar.

 

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