Revista Qué

16 Nov 2015 | Peligro en la jaula

Sobrevivió a leones: la historia de Lauren

El 1° de julio de 2013 la joven Lauren Fagen de 18 años, que había llegado como voluntaria de Fauna Silvestre Moholoholo, en el noreste de Sudáfrica hacía dos semanas para pasar tiempo con los animales a los que amaba desde que era chica. 

lauren 1En el centro de Moholoholo, Lauren se maravilló al ver tanto animales salvajes desde guepardos, leopardos, rinocerontes, hipopótamos, hienas y leones, y enseguida se adaptó a sus tareas cotidianas y cada mañana le daba el desayuno a las criaturas.

Aquella mañana del 1º de julio, después de terminar la primera ronda de provisión de alimento, se dirigió a la clínica, donde unos 20 voluntarios se habían reunido para recibir instrucciones sobre las tareas que habrían de hacer por la tarde. El coordinador Jan Last anunció a los jóvenes que debían limpiar las jaulas de alimentación de los grandes felinos.

Lauren alzó la mano al instante cuando preguntaron quién quería ir a la jaula de los leones, enseguida tomó un trapo, un balde y se dirigió a la jaula de leones.

El reglamento del centro estipula que los voluntarios deben firmar un documento en el que reconocen que trabajarán con animales peligrosos, y los coordinadores les advierten de no acercarse a las jaulas sin supervisión.

Las dos puertas de las jaulas están completamente selladas y permite de esta manera al personal alimentar a los animales sin tener contacto directo con ellos. La comida se coloca dentro de la jaula,  y una vez que el trabajador sale por la puerta que da al exterior, la otra puerta se abre para dar a los animales acceso al alimento.

Por su parte los animales estaban en otro habitáculos contiguos y sus jaulas de alimentación estaban conectados por un pasillo. En un momento se puso en cuclillas para facilitarse la tarea, cuando levantó la mirada, lo que vio le cortó el aliento: del otro lado de la malla de alambre, a menos de un metro de ella, un león llamado Duma restregaba su cuerpo contra la valla.

 En ese momento se acercó otra voluntaria que le dijo si necesitaba ayuda y ésta le dijo que no, entonces siguió trapeando mientras Mariana, su compañera se alejaba.

Sola de nuevo, Lauren recuerda haber notado con alarma que Duma se había movido. En vez de estar echado detrás de la malla de alambre, se encontraba detrás de la puerta de la jaula, hecha con barrotes de metal espaciados en intervalos de varios centímetros. Mientras Lauren lo observaba, Duma deslizó las patas delanteras a través de los barrotes y las apoyó en el suelo; luego extendió las garras y clavó la mirada en la joven.

Sintiendo una punzada de temor en el vientre, Lauren retrocedió dos pasos y se dio vuelta para seguir trapeando. De repente, recuerda, se sintió arrojada con violencia hacia atrás. ‘¿Qué me pasó?’, se dijo. ‘¿Tropecé?’.

En unos instantes se dio cuenta de lo que acababa de ocurrir: Duma la había alcanzado a través de los barrotes y, extendiendo las garras, le había sujetado la pierna derecha y tirado con fuerza de ella hasta meterla en la jaula más allá de la rodilla.

En el momento en que era atacada vio como sus compañeros intentaban ayudarla, entre ellos, Jan Last, el coordinador de voluntarios del centro, y junto a él estaba Natalie Bennett, una enfermera veterinaria de 24 años, quien procedía de Surrey, Inglaterra.

Cuando se acercaron corriendo, Jan y Natalie se horrorizaron: del otro lado de los barrotes, una leona llamada Tree, atraída por el alboroto, se había unido a Duma en el ataque, y le estaba mordiendo la pierna izquierda a Lauren mientras el macho le hacía pedazos la derecha. Jan sujetó a la joven por las axilas y tiró de ella con fuerza, pero no logró sacarla.

Al cabo de lo que pareció una eternidad, finalmente los felinos soltaron a Lauren, como consecuencia la joven sufrió cerca de diez heridas superficiales en las piernas.

Aturdida, Lauren levantó las manos y miró el anillo que llevaba en el dedo índice: estaba teñido de rojo. ‘¿Es mi sangre?’, se preguntó, y entonces se puso a gritar.

Enseguida llegó un socorrista mientras esperaban la ambulancia, y le pusieron analgésicos y llevaron camino a la ambulancia.

Casi una hora después se toparon con la ambulancia, que trasladó a la joven a un hospital de Nelspruit, la ciudad más cercana que contaba con equipo para atender lesiones graves. Al cabo de dos horas, el efecto de los analgésicos ya le había pasado a Lauren, que gritaba de dolor con la espalda arqueada. Un equipo de camilleros la llevó a la sala de urgencias, donde una enfermera se apresuró a administrar un anestésico.

Horas después, cuando despertó, Lauren supo que tenía rota la tibia derecha, destrozados los ligamentos de la rodilla izquierda y lacerados los tendones rotulianos.

Al decir del médico a cargo, tenía ‘desgarrados’ los músculos del interior del muslo derecho. Era afortunada de estar viva. Si el rescate hubiera llevado más tiempo, los leones seguramente le habrían perforado una arteria principal.

Pasarían tres días hasta que la madre llegará a Sudáfrica y cuidara a su hija que estaba internada. Le llevó varias semanas recobrar fuerzas a la joven para emprender el viaje de regreso a su casa.

Brian Jones, fundador del centro, comunicó a su vez que suelen advertir a los voluntarios sobre el riesgo que corren al trabajar cerca de los animales, y sugirió que es la joven que tiene culpa en esto.

Lauren Fagen posteriormente presentó una demanda contra el propietario del Centro Moholoholo quien, por consejo de su abogado rechazó varias de las solicitudes de entrevistas de los medios. El caso aún no se ha remitido a la justicia para que se inicie el juicio.

 

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