Revista Qué

23 Jun 2017 | Honrar la vida

En silla de ruedas, esquiará en las Olimpiadas

Enrique Plantey sufrió un accidente a los 11 años, donde perdió a su papá y su hermano, siendo el único sobreviviente, y le cambió la vida drásticamente. 

Enrique Plantey (34) estaba con su hermano Nicolás y su papá en un viaje de Neuquén capital al campo.

Cuenta que se encontraron con una familia amiga y frenaron en la banquina para conversar. “Pasó una camioneta, se le levantó el capó, maniobró mal para ese lado y nos pisó“, relató Enrique en una entrevista con LA NACIÓN.

Enrique que sufrió una lesión medular despertó cuatro días después, y se enteró que su papá y su hermano menor habían muerto.

El accidente lo dejó en cama por cinco meses y la necesidad de moverse en silla de ruedas. “La primera vez que vi la silla de ruedas fue con ganas de subirme, realmente. Quería salir de la cama, era una diversión para mi“.

Hoy, muchos años después de aquel día en que Enrique dejó la cama para sentarse en la silla de ruedas, se prepara para competir en los Juegos Paralímpicos de Invierno, que se llevarán a cabo en Corea el año que viene.

Es parte del equipo argentino de esquí adaptado y, en su categoría, tiene las mejores marcas del país y de Sudamérica.

Enrique recuerda que pudo salir adelante, luego de un viaje a Cuba que hizo con su mamá.

Allí se sumergió en una terapia de recuperación física muy intensa, en la que el foco estaba en trabajar con el cuerpo acompañado, constantemente, de un kinesiólogo.

Durante cuatro meses, entrenó ocho horas todos los días menos los domingos, y así logró ‘conocerse’.

Luego se dio cuenta que tenía chances de ser bueno en esquí adaptado cuando hizo un Work and Travel a Estados Unidos.

Allí tuvo la posibilidad de entrenarse en un contexto totalmente distinto, favorable para un incipiente deportista. “Me di cuenta que tenía aptitudes, que me gustaba y mucho la velocidad“, dice.

Yo escuchaba… que sí, que no… hasta que un día surgió la chance de probarme en la Selección argentina. Cuando volví a casa me convencí de que esto era lo mío. Yo en ese momento estaba con el remo, pero quedó atrás porque el esquí siempre me gustó“, agregó.

Unos años después, viajó con sus amigos de la capital neuquina a San Martín de los Andes. Ellos esquiaban, y él los esperaba en la confitería del centro de esquí.

Se me acercó la jefa del equipo argentino de esquí adaptado y me invitó a participar de una clínica“, recuerda.

Ese fue su primer contacto con el mono-esquí, un dispositivo con un sólo esquí, y dos bastones en las manos que también terminan en esquíes.

“La silla pesa 15 kilos aproximadamente. Están avaladas, uno no puede correr con cualquiera. Más peso, más velocidad. El control que le hacen antes de una competencia o Juego Olímpico es intenso. Si le hiciste modificaciones, tenés que detallarlo. Revisan los amortiguadores, de qué están hechos”, sostuvo Enrique.

Viajé a Estados Unidos a la clasificación médica: evaluaron la lesión medular que tengo para ver en qué categoría estoy“, explica.

Desde ese entonces, es parte del equipo argentino de esquí adaptado, que compone junto a otros dos compañeros.

Lo apoya la provincia de Neuquén y, con una beca mensual de 11 mil pesos, el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo.

Viajó a los Juegos Paralímpicos de Sochi: “Sabía que no iba a ganar, pero tampoco fui a pasear. Cualquier cosa que pasara iba a estar bien“, cuenta.

Pero para Corea espera más: “Estoy más enfocado en los resultados, quisiera estar entre los ocho primeros, y llevarme un diploma“, apuesta.

 

 

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