Revista Qué

17 Abr 2017 | Emocionante historia de amor

Se reencontraron 64 años después y se casaron

Es verdad que para el amor no hay edad, y tiene caminos que nunca se saben adónde llevan, sino quién diría que 64 años después del primer flechazo de amor, Joyce Kevorkian y Jim Bowman, que se conocieron en el secundario, volvieran a apostar al amor.

  Ambos se conocieron y se enamoraron por la década del 50, cuando eran apenas unos adolescentes y transitaban juntos el secundario, pero esa relación no trascendió más allá del último año, porque ambos eligieron distintas Universidades, por lo cual sus destinos tomaron rumbos diferentes.

Cada uno, con unas parejas que se encontraron en el camino, se casaron y tuvieron hijos. Ambos fueron muy felices en sus matrimonios y la luz de aquel amor juvenil se apagó, pero por increíble que parezca Joyce y Jim enviudaron y 64 años después del amor se volvieron a reencontrar.

Los caminos del amor son extraños. Hablaron del pasado. Y del presente. Se dieron cuenta de que todavía les gustaban las mismas cosas. Y que aquella luz que creían apagada, en realidad siempre estuvo encendida, aunque ellos no se hubieran dado cuenta.

Jim dijo que “ella es más hermosa“, 64 años después. No dudó un instante. Habían pasado mucho tiempo separados. La llamó por teléfono y le propuso matrimonio.

No era un gran pedido de mano, pero es lo que le salió del alma. Lo hizo con miedo. Un rechazo a esa edad es tan doloroso como a los 17.

A Joyce le encantó: “Cuando eramos adolescentes, él era muy divertido, considerado y agradable. No quedan caballeros así. Mi marido era uno y estaba muy felizmente casada. Ha sido muy agradable encontrar a Jim, el mismo chico considerado del que me enamoré en el secundario“.

El pasado 1º de abril los enamorados se dieron el ‘sí quiero’, 64 años después de haber acudido a su graduación de preparatoria. “Pensamos que ese día era perfecto para que dos enamorados se casaran“, añadió Joyce.

La nieta de la mujer fue quién documentó la historia en las redes sociales, hecho que generó no emoción al verlos, sino la fe de volver a creer en el amor.

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