Revista Qué

4 Oct 2016 | La dura historia de Noemí Corso

Fue mamá tras pelear contra cáncer de útero

El 15 de diciembre de 2015 es la fecha que Noemí Corso no se olvidará nunca más. Ese día en la Maternidad Sarda, Noemí con 27 años se enteró que tenía cáncer de cuello de útero en el cuarto mes de gestación de su embarazo. 

noemi“Yo creía que estaba sólo de un mes porque seguí menstruando; pero cuando vi la ecografía la beba ya estaba formadita, se movía, y decidí que quería que viviera a toda costa”, contó Noemí quien vive con Indira, su beba de casi siete meses, su marido Gastón y Keyla, su otra hija de 11 años.

Indira nación el 7 de marzo a las 9.35 horas por cesárea y pesó casi tres kilos. Ese mismo día a Noemí le hicieron una cirugía radical oncológica que duró alrededor de nueve horas, donde el equipo de  tocoginecología del Hospital Penna le extirpó el útero, el cuello del útero, los ganglios de la zona y un ovario.

Noemí tenía cáncer en el cuello del útero, una patología que se da 1,2 veces cada 10.000 mujeres embarazadas. Mientras cursaba su embarazo tuvo que someterse a quimioterapias que poco a poco iba dejando sus consecuencias.

Después de la primera sesión empezó a caerse el pelo. Me veía cada vez más fea, más rara, así que decidí pelarme del todo y andaba con pañuelo. Ahora ya volvió a crecer“, sostuvo.

Augusto Guerrero, uno de los médico involucrados en la operación afirma que “Afortunadamente, diagnosticar un cáncer de cuello de útero durante el embarazo no es lo más frecuente. Cuando ocurre, el tratamiento depende del estadio de la enfermedad, de la edad gestacional del feto, y de la decisión de la paciente“.

Y agregó: “Cuando una mujer es diagnosticada con cáncer de cuello de útero y no está embarazada, se le aplica quimioterapia y rayos. Pero cuando está embarazada no puede hacer radioterapia porque los rayos matan al bebé. Se hace una quimioterapia con dos drogas que, en el caso de Noemí, hizo que un tumor de 8 centímetros se redujera a la mitad”.

Según Castro, este tratamiento “no implica, en líneas generales, ni riesgos ni secuelas para el bebé”.

Noemí por su parte también colaboró mucho para que así sea, e hizo tres sesiones antes de la cesárea: “Estaba tres o cuatro horas cada vez, me acompañaban Gastón o mi mamá“, recuerda.

Una vez que nació la bebe, los médicos decidieron darle un mes de descanso para amamantar a su hija, y luego empezó de nuevo el tratamiento para prevenir que el cáncer volviera.

Así fue que hizo seis sesiones más de quimioterapia, 25 de radioterapia, y, en La Plata, cinco de braquiterapia, que es una aplicación muy localizada de rayos en la zona en la que había estado el cuello uterino.

Mi marido me dice ‘Ya está, gorda, te salvaste’, y faltan cuatro años para el alta; pero por ahora sólo tengo que hacerme controles porque la enfermedad ya no está más en mi cuerpo“, contó.

Lo único que me importa es que las nenas tengan lo que necesitan, ya no me hago problemas por cosas chiquitas, sólo pienso en salir adelante“, concluyó.

 

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