Revista Qué

22 Ene 2016 | Trás 70 años

Se separaron por la guerra y ahora se reencontraron

Joyce Morris (88) y Norwood Thomas (93) se conocieron a orillas del río Támesis, en Londres, meses antes del histórico desembarque en Normandía, allá por 1944. 

amor 6amor 1amor 3 amor 4 amor 5 La parejita mantuvo un intenso romance, hasta que él tuvo que partir a una de las operaciones militares más arriesgadas de la historia, y aunque ambos se escribían constantemente, el destino quiso que se separaran.

Pero hoy 70 años después el mismo destino vuelve a unirlos.

Al principio tras separarse se mandaron cartas que tardaban meses en llegar a destino, fueron pocas pero confusas, en las cuales los mensajes nunca terminaron de interpretarse, como el otro pretendía.

No eran épocas de comunicaciones sencillas. Los correos demoraban semanas en llegar a destino y quizás eso entorpecía la fluidez del romance, hasta que perdieron el contacto.

No volvieron a saber más nada el uno del otro y siguieron su camino, se casaron y formaron sus respectivas familias.

Joyce permaneció un tiempo más en Londres. Luego se casaría y viajaría a Australia, donde viviría con su familia.

Pero a menudo seguía soñando con ‘Tommy’, con los meses de romance en Inglaterra, los años de guerra y fantaseando sobre cómo habría sido su vida si hubiera hecho caso a una última carta que recibió del paracaidista de la División Aerotransportada 101.

En esa epístola, Norwood le pedía que se mudara con él a los Estados Unidos, e hiciera de su casa ‘su hogar’. Eso la confundió y creyó que el hombre estaba poniendo fin a su relación.

Pasaron los años y con ellos la vida. Los dos enviudaron y las casualidades, el destino, o quién sabe qué los volvió a unir.

Hace algunos meses la anciana mujer estaba junto a su hijo Rob, quien trabajaba en su ordenador y consultaba diversos sitios en internet. Ella le preguntó: “¿Puedes encontrar gente con esa cosa?”.

De inmediato comenzó a escribir las letras que su madre le dictaba lentamente: ‘Norwood Thomas + 101 Aerotransportado’. Google le arrojó como resultado una nota del diario The Virginian Pilot del 18 de octubre de 2010, que daba cuenta de un héroe de guerra que había luchado contra los nazis y estaba cumpliendo sus últimos deseos.

“Tommy” había vuelto a arrojarse por paracaídas. Allí estaba una fotografía actual, y un retrato de la época en que lo conoció.

El contacto no tardaría en llegar a través de un contacto que hizo el periodista que no dudó en rastrear la historia.

Joyce? ¡Dios mío“, dijo él completamente sorprendido cuando le preguntaron por la enfermera londinense que todavía añoraba en su memoria. El encuentro, ahora, no se daría a orillas del Río Támesis, sino a través de una computadora y una conexión vía Skype.

¿Hola?, dijo Thomas emocionado al verla.

¿Tommy?, replicó ella.

Allí, en ese instante, el mundo se hizo agua. A sus 93 años él le confesó que pensó que se había muerto al leer en el periódico que un avión se había estrellado y que una mujer con sus mismas características había perdido la vida.

No, esa no era yo“, respondió con su voz frágil. Con la admisión hecha por parte de Thomas de que seguía pensando en ella, la antigua enfermera londinense también hizo lo mismo.

Ella le recordó lo pícaro que era y él respondió que “podía serlo“. Todos los testigos de esa reunión digital, incluído los dos hijos de Thomas, se rieron. Norwood también le relató lo que solía repetirles a sus hijos durante su vida.

Su madre casi es una inglesa“. Del otro lado de la pantalla Joy se rió, y le dijo que no entendía por qué su última carta la había confundido tanto. “Rompiste mi corazón“, le reprochó sin rencores Thomas.

Dime: ¿puedes verme?, le consultó Thomas en su reunión vía Skype.

No. No puedo ver de forma correcta.

Bueno, te digo: estoy sonriendo.

Apuesto a que sí.

Ahora casi setenta años después, no hay tiempo para perder. Y ambas familias organizaron el reencuentro luego de que decenas de personas donara a Thomas un total de 7.500 dólares, para que pudiera volar a Australia para reencontrarse con Joyce.

La aerolínea también hizo su parte: les confirmó que viajará en primera clase y que podría hacerlo con su hijo Steve, quien lo acompañaría hasta Adelaide.

Cuenta una leyenda que aquellos destinados a conocerse tienen un hilo rojo atado en su dedo meñique que nunca desaparece. Aunque pase el paso tiempo y la distancia corra, siempre está ahí. Y para Thomas y Joyce ese hilo nunca se rompió.

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