Revista Qué

12 Dic 2014 | Conmovedor!!

Una bella historia de amor

Corría el año de 1984 y Roberto iba caminando por la calle cuando vió en el suelo una billetera. La recogió y revisó su contenido en busca de algún indicio para devolverla, y encontró una carta escrita en 1924.

hannah 2La remitente llamada Hannah, le comunicaba al destinatario, Michael , que su madre le había prohibido volver a verlo, por lo que debían terminar su relación, pero que sin embargo lo amaría siempre

Figuraba una dirección en el sobre por lo que Roberto decidió llamar a la compañía de teléfonos intentando conseguir un número telefónico. Tras varias indagaciones logró llegar hasta Hannah, que a la sazón vivía en un asilo de ancianos.

Tras conversar con el director del asilo y confirmar la información, Roberto se dirigió a visitarla. Subimos al tercer piso del edificio. En la sala, la enfermera le presentó a Hannah. Era dulce, cabello plateado, con una cálida sonrisa y un brillo en sus ojos.

Al instante que miró el sobre azul pastel con la pequeña flor al lado izquierdo, hizo un profundo suspiro y dijo, “joven, esta carta fue el último contacto que tuve con Michael”. Miro a lo lejos por un momento, con un profundo pensamiento y luego dijo suavemente, “lo amé muchísimo. Pero yo tenía solamente 16 años en ese momento y mi madre sentía que yo era demasiado joven. Oh, era tan guapo. Se parecía a Sean Connery, el actor”.

“Michael Goldstein era una persona maravillosa. Si usted lo encontrara, dígale que pienso en él frecuentemente. Y, dígale que aún lo amo. Usted sabe, nunca me casé. Creo que nadie nunca igualó a Michael…”, dijo ella conteniendo las lágrimas.

Roberto le agradeció y se despidió. A la salida el vigilante le preguntó si había logrado averiguar algo, y le contó toda su conversación. Al ver la billetera el vigilante se quedó helado y dijo que él conocía al dueño de la billetera, que pertenecía al señor Goldstein que vivía en el octavo piso, y solía salir de paseo.

Al volver donde el director y contarle sus averiguaciones, el director lo condujo dónde él, quien agradeció mucho el que le devolvieran su billetera. Roberto le mencionó la carta y su mirada se nubló, recordaba a Hannah como si aún estuvieran juntos, y él tampoco se había casado.

El director y Robert condujeron al señor Goldstein hasta donde estaba Hannah en el tercer piso y al verse y reconocerse, ambos se abrazaron y lloraron de emoción. Tomaron asiento, se dieron la mano y hablaron sin parar por horas. Roberto se despidió.

A las tres semanas Robert recibió una llamada del director invitándolo a la boda de Michael y Hannah, quienes luego de 60 años cerraron una gran historia de amor. Fue una boda preciosa; todas las personas de la residencia de ancianos asistieron a la celebración.

El hogar les dio una habitación para los dos, una novia de 76 años y un novio de 78.

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