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24 Jul 2013 | El Papa en Río

Aclamado por los fieles, el papa “Francisco” celebró la misa en Aparecida

Cumplió su deseo de visitar el santuario de Aparecida, la Virgen patrona de Brasil, donde exhortó a los fieles a “mantener la esperanza” y pidió ayudar a los jóvenes a ser “protagonistas de la construcción de un mundo mejor”.

Seguido y aclamado por una multitud de fieles, su visita a Aparecida significó también un renovado impulso al documento que la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe (Celam) elaboró en esta ciudad en 2007, que contiene orientaciones sobre el futuro de la iglesia en el continente, y del que Jorge Bergoglio fue su principal redactor.

En una vibrante homilía ante un templo colmado de peregrinos, el papa argentino exhortó a “mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría” y pidió ayudar a los jóvenes a ser “protagonistas de la construcción de un mundo mejor”, ya que “son un motor poderoso para la sociedad”.

“Hoy he querido venir aquí para pedir a María, nuestra Madre, por el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y poner a sus pies la vida del pueblo latinoamericano”, señaló el papa Jorge Bergoglio, en la primera misa pública desde que llegó a Brasil, su primer viaje internacional.

Al terminar la misa, el papa dirigió un mensaje en castellano para la multitud que se congregó en los alrededores del templo, en el que prometió volver a Aparecida en 2017 -cuando se cumplan 300 años de la aparición de la imagen a unos pescadores- y bendijo a los fieles con una réplica que le regalaron y que llevó tiernamente en sus brazos al salir del santuario.

“Vengo a llamar a la puerta de la casa de María para que nos ayude a todos nosotros -pastores, padres y educadores- a transmitir a nuestros jóvenes los valores que los hagan artífices de una una nación y un mundo más justo, solidario y fraterno”, dijo en la homilía.

Para lograr ese objetivo, el papa latinoamericano remarcó “tres sencillas actitudes: mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría”.

Al iniciar su sermón, hizo especial mención a la reunión del Celam, recordó que se trató de “un gran momento de la Iglesia” y que su documento final “nació de la urdimbre entre el trabajo de los pastores y la fe sencilla de los peregrinos”.

En cuanto a los jóvenes -los protagonistas de esta semana en el marco de la JMJ-, Francisco pidió ayudarlos a “ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor” y destacó que “son un motor poderoso para la iglesia y la sociedad”.

“Ellos necesitan que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo”, dijo y entre esos valores mencionó “la espiritualidad, generosidad, solidaridad, perseverancia, fraternidad y alegría”.

“Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe les digo con fuerza: Dios camina a su lado y en ningún momento los abandona”, resaltó y alertó sobre “tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios, como el dinero, el éxito, el poder, el placer”.

Al inicio de la celebración, el presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, Raymundo Damasceno Assis, le entregó al papa una réplica de la Virgen de Aparecida y recordó que, según la tradición, el color negro de la imagen “fue causado por el lodo del río” donde fue encontrada en el siglo XVIII.

Eso “fue interpretado como una referencia a los sufrimientos de los pobres y excluidos, especialmente del pueblo negro a lo largo de la historia del Brasil”, explicó el cardenal.

La pequeña imagen de la virgen morena permaneció durante toda la misa sobre el altar y, al salir, el papa Francisco la cargó abrazándola entre sus brazos, mientras los fieles se acercaban a saludarlo fervorosamente.

Francisco había llegado a la ciudad de Aparecida desde Río de Janeiro en un avión de la Fuerza Aérea y luego un tramo en helicóptero, y al llegar hizo un trayecto en el “papamóvil”, donde fue recibido por una multitud que pasó muchas horas sin dormir, lluvia y bajas temperaturas para saludarlo.

Como en sus apariciones públicas en el Vaticano, el pontífice pidió detener el vehículo en varias oportunidades para besar y abrazar a niños y enfermos.

Acompañado por el obispo local y unos 60 sacerdotes, la visita papal comenzó con una oración personal ante la Virgen, donde se lo observó visiblemente emocionado. “En tus manos coloco mi vida”, rezó ante la imagen y entregó ofrendas florales.

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