Revista Qué

20 Mar 2016 | TEATRO COLON

Descontrol tras bambalinas

La Auditoría General volvió a publicar un crítico informe sobre la gestión anterior del espacio. Numerosas irregularidades y falta de control en las compras y contrataciones. Sobreprecios, desvío de fondos y diferencias en montos a cobrar para alquilar las salas principales.

Dicen que la historia se repite en un ciclo eterno de causa y efecto. Que, por más que se intente, los hechos se suceden una y otra vez. Este principio, bien podría referirse a la administración del Teatro Colón que, nuevamente, fue puesta en duda por la Auditoría General de la Ciudad. En un crítico informe, aprobado por unanimidad, se pusieron de manifiesto numerosas irregularidades y descontroles en las contrataciones sucedidas en 2013.

Tras bambalinas, el Colón dista de ser uno de los espacios culturales ejemplares alrededor del mundo. Más allá de la excelencia de los artistas que suben a su escenario, quienes manejaron las cuentas del Teatro lejos están de la perfección.

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Y no es la primera vez que sucede. En 2010, la Auditoría ya había revelado un estudio en el que las prácticas administrativas rozaban la ilegalidad.

En ambos períodos auditados, el Colón operaba bajo la dirección ejecutiva de Pedro Pablo García Caffi, quien renunció a su cargo ni bien entrado 2015. El músico y funcionario asumió en 2009 y, durante los seis años que duró su gestión, fue acusado de vaciamiento, manejos poco transparentes y se enfrentó a uno de los conflictos gremiales más duros. Sin embargo, su salida no estuvo signada por escándalo alguno. Según expresó en su carta de despedida, fue por estrictos motivos personales. Quien lo sucedió fue Darío Lopérfido, que además de mantenerse en el cargo hasta el día de hoy, fue nombrado ministro de Cultura del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta.

Tras su salida, nada más se supo de García Caffi. Hasta ahora, que la Auditoría porteña publicó el nuevo informe que vuelve a poner en tela de juicio su administración y la del Ente Autárquico Teatro Colón. El estudio, al que tuvo acceso Qué, concluyó con una serie de observaciones agrupadas en cinco grandes rubros.

El primero de ellos da cuenta de la falta de control en las compras y contrataciones, en las que la comisión directiva del espacio incurrió en incumplimientos respecto de los requisitos de formalidad exigidos por ley. Por ejemplo, falta de inscripción en la AFIP y AGIP de los adjudicatarios, la no emisión de órdenes de compras y pagos, y la nula inscripción de los ofe-rentes en el Registro Informatizado, Unico y Permanente de Proveedores (RIUPP). Pero no sólo eso, en la actuación que tramitó la adquisición de “Artículos varios de Zapatería”, la Auditoría detectó “una variación entre el presupuesto oficial y el efectivamente adjudicado del orden de +550,65%, con un desvío promedio de 329,31% en los precios por renglón adjudicado”.

Por otra parte, el uso de las Cajas Chicas también tuvo sus observaciones. Y fueron varias. Una de ellas hizo hincapié en los gastos correspondientes a servicios de conexión a internet (cuyo prestador fue IPLAN-NSS SA), y a emergencias médicas y ambulancias, para la atención del público en las funciones y visitas guiadas, para lo que fue contratada la firma Grupo Paramedic. Para la Auditoría, “la naturaleza, carácter recurrente e importancia del servicio requiere, de modo ineludible, que su adquisición se tramite bajo la operatoria de licitación pública”.

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Polémicas

La ejecución de obras de infraestructura destinadas al Teatro Colón, que en 2013 alcanzaron la suma de $ 2.880.277,63, tuvo sus puntos salientes y polémicos. Específicamente, se pusieron bajo la lupa los “Trabajos de Mejora de Conford (sic) confitería del Pasaje de los Carruajes”, para el que se destinó 250.541 pesos, que excedió el monto presupuestado, previsto en 240 mil pesos. Asimismo, se realizó observación sobre la obra “Refuncionamiento de baños, pasaje de los carruajes” cotizada en $ 299.975 y adjudicada a Dragonair SA. Al respecto, los auditores señalaron que en la documentación relativa surgió la registración del gasto por la adquisición de un baño portátil por $ 100.190,43, que no se encuentra incluido en el presupuesto de origen y tampoco en existencia dentro del patrimonio del Teatro.

Por otra parte, los valores divergentes percibidos por los alquileres de salas del Colón, fueron uno de los puntos que mayor polémica desató. Mientras que a la Fundación Mozarteum se estimó un valor de arriendo de $ 150 mil pesos diarios por la utilización de la Sala Principal, a Telefe se le cobró $ 100 mil y a la Asociación Festivales Musicales, $ 500 mil. En tanto, a la productora Artear -perteneciente al Grupo Clarín- el valor convenido fue de $ 0, por lo que las autoridades adujeron un convenio de patrocinio. Asimismo, la Auditoría resaltó la falta de documento que precise los costos en los que La Nación SA incurrió en el uso de la mencionada Sala.

El informe de la Auditoría no hizo más que rectificar las observaciones de 2010 y reiteró las sucesivas irregularidades incurridas por la anterior gestión del Teatro Colón, cuyo Ente Autárquico continúa en las mismas manos y al que se lo acusó de apartarse “expresamente del régimen rector que regula la adquisición de bienes y servicios”.

Desde sobreprecios en la compra de zapatos, la improvisación con baños químicos y los escandalosos alquileres de salas para eventos privados -a los que nada se les cobró si se trataba de empresas “amigas”-, el Teatro Colón, bajo la gestión de García Caffi, estuvo flojo de papeles, tanto en 2010, con motivo de su total remodelación, como en 2013. La historia se repitió, a pesar de las denuncias e informes de la Auditoría General de la Ciudad. La salida del ex director ejecutivo no fue por la puerta grande y con “gran alegría” como él mismo definió. Tras bambalinas, la falta de control fue casi total.

LEA LA NOTA COMPLETA EN LA EDICION IMPRESA N° 75 DE QUÉ.

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