Revista Qué

28 May 2016 | Centro Cultura Recoleta

La aspiradora artística del PRO

Es uno de los principales lugares para exposiciones, obras y eventos de la Ciudad. Está en uno de los barrios más coquetos y acaudalados del territorio porteño; y para la Auditoría General es un barril sin fondo, en donde el dinero se gasta casi sin ninguna rendición. Se trata del Centro Cultural Recoleta. El cuerpo […]

Es uno de los principales lugares para exposiciones, obras y eventos de la Ciudad. Está en uno de los barrios más coquetos y acaudalados del territorio porteño; y para la Auditoría General es un barril sin fondo, en donde el dinero se gasta casi sin ninguna rendición. Se trata del Centro Cultural Recoleta.

Recoleta
El cuerpo de auditores relevó el período 2014 del espacio, en el que encontró varias irregularidades; entre ellas, la mencionada falta de rendición de fondos, desvíos de dinero -de los que no quedó claro su destino-, falta de control en las contrataciones y alquileres, y licitaciones hechas a medida de unos pocos proveedores.
Del contraste de la información presupuestaria con los datos administrativos y financieros de los regímenes de adquisición de bienes y servicios surgen desvíos entre el destino efectivo del gasto y su imputación presupuestaria, tanto en términos del ordenamiento por apertura programática como por objeto del gasto.
En lo que respecta a los proveedores, para el cuerpo de auditores hubo varias irregularidades que llevaron a que se considere que algunas contrataciones fueron a dedo. Entre ellas:

  1. En el 23,53% de los casos no constan las invitaciones a cotizar extendidas a otras firmas que no fuera la que resultó prestadora del servicio.
  2. En el 76,47% de los casos, el oferente seleccionado impone a la Administración condiciones administrativas tales como: forma de pago, plazo de validez de la oferta y plazo y forma de entrega, entre otros.
  3. En el 82,35% de los casos, la oferta seleccionada no se encontraba firmada por el representante de la empresa.
  4. En el 35,29% de los casos no se acreditan las mínimas garantías y capacidades del proveedor para obligarse con el Estado.
  5. En el 11,76% de los casos, la misma firma prestadora del servicio se encontraba en condiciones de morosidad impositiva ante el G

Pero no sólo eso. También, en el documento se carga contra la falta de documenta-ción. “La inexistencia del instrumento contractual y/o pliegos que regulen la operación elude la formalización de las condiciones técnicas que debe cumplir el bien o el servicio”, sostuvieron los auditores.

Durante 2014, el Centro Cultural Recoleta tuvo un presupuesto de $ 97.620.609, de los cuales sólo dispuso de $ 44.756.405. Sin em-bargo, no erogó la totalidad de ese crédito. Según las planillas de la Contaduría General, sólo
se gastaron $ 36.640.877,96.

El Centro Cultural Recoleta cuenta con dos fuentes de financiamiento: el Tesoro de la Ciudad ($ 41.866.008) y los recursos de afectación específica ($ 2.804.853). De esa cifra, al menos el 10% no tuvo una gestión transparente. “El análisis de las operaciones de referencia revela que el objeto del gasto y las circunstancias que lo originan evidencian la falta de previsibilidad en la gestión y ejecución del gasto”, explicaron los auditores.
La falta de control también quedó de menifiesto en los registros de las cajas chicas del espacio. En el 15% de las rendiciones, las justificaciones expuestas para los comprobantes del gasto exceden los montos fijados como límite; es decir que  gastaron más de lo permitido.
Pero, además, esas facturas no tienen, según la Auditoría, justificación sobre la necesidad de adquirir el bien o servicio contratado.
El Centro Cultural Recoleta no dispone de un sistema estadístico formalizado que permita establecer una relación entre oferta e impacto final
del servicio, estructurando sus datos de modo preestablecido y normalizado. Como consecuencia de ello se ve limitada su capacidad para dar cuenta de su gestión de modo sistémico, y, a su vez, los estamentos de control interno y externo del GCBA se ven impedidos de establecer la debida relación entre productos realizados (intermedios o finales) y la inversión financiera alcanzada en idéntico período.

Por otro lado, los auditores detectaron un desvío entre los asistentes reales a cursos y talleres y la cantidad de pagos realizados por el servicio,
estimando la brecha en 16,54%, lo que indica que no se recaudaron los pagos por los servicios de referencia, en ese porcentaje.

La falta de claridad en los pagos queda expuesta, según denunciaron en el documento, por ejemplo, en la realización de la exposición “BA Photo”, que se llevó a cabo entre el 17 y el 20 de octubre de 2014.“La DGCCR no resguardó con la debida diligencia el recurso a cobrar, por un monto total que asciende a $ 307.608, derivado del arriendo de  los espacios del CCR, bajo convenio tramitado por expediente número 14683062/2014/2014. Asimismo cabe señalar que el reclamo por el saldo impago tomó el debido cauce administrativo a instancias de los hallazgos de auditoría
del presente proyecto”, añadieron. “Se observa que el Centro Cultural Recoleta no cuenta con un sistema estadístico formalizado que permita establecer una relación entre oferta e impacto final del servicio Como consecuencia de ello vio limitada su capacidad para dar cuenta de su gestión”, remataron los encargados de auditar.

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