Revista Qué

16 Dic 2014 | El FpV en la Ciudad

La Cámpora sigue desinflándose

La agrupación ultrakirchnerista tiene 11 comuneros, de los cuales sólo tres tienen presencia visible. Los militantes trabajan en barrios y villas de la Ciudad, a través de 24 unidades básicas. Responden al poder nacional. Juan Cabandié y Paula Penacca prácticamente no aparecen como referentes.

La Cámpora se divide en tres brazos en la Ciudad de Buenos Aires: los comuneros, los militantes de las unidades básicas y los legisladores que, sólo en apariencia, aparecen como referentes.

De las quince comunas, la agrupación ultrakirchnerista tiene representantes en once de ellas. De esos once -elegidos en 2011-, apenas tres tienen presencia visible en los barrios: Camila Rodríguez, en la Comuna 15; Carlos Gullo, en la 7, y Pablo Maldonado, en la 12.

CamporaRodríguez es joven, su templanza no deja margen de dudas y es la más activa. Cuatro comuneros de Proyecto Sur comentaron que ella es la encargada de llevar ayuda a las villas. Uno de los lugares que más frecuenta es La Carbonilla, donde, en mayo de este año, envió a soldados del Ejército a que hicieran las cloacas.

Si bien cada comuna tiene un presupuesto asignado, éste es controlado por el PRO, bajo la órbita de Eduardo Machiavelli. Los representantes comunales de La Cámpora no dependen de la administración macrista. Ellos se manejan en base a lo que les asigne el Gobierno nacional. Periódicamente, Rodríguez manda bolsas de alimentos y distribuye planes sociales y asignaciones en las villas.

A diferencia de los Jóvenes PRO, los militantes de La Cámpora meten las manos en el barro, desmalezan veredas y pintan muros.
Para saber dónde están los militantes de la agrupación hay que adentrarse en los barrios de Capital: en los alrededores de Parque Chacabuco, la estación Federico Lacroze o de Constitución.

Campora2Gullo montó una unidad básica a pocas cuadras del centro comunal 7, en una tranquila zona del bajo Flores, en la intersección de las calles Bacacay y Bogotá. La bandera celeste y blanca con los rostros de Cristina y Néstor Kirchner está pintada en la fachada exterior. Dentro, dos ancianos leen Tiempo Argentino y, cada tanto, conversan. Allí, dos jóvenes informan sobre la atención jurídica y los talleres a los vecinos de la zona.

Uno de ellos es una morocha alta, que responde no saber quiénes son los comuneros de la agrupación porque sólo conoce a uno de ellos: el hijo del legislador Dante Gullo, un histórico del peronismo. La situación se repite en el resto de los barrios.

La cuestión radica en que los militantes de las unidades básicas responden a los referentes a nivel nacional. Tienen una estructura armada, se manejan con el poder central. Cuando hay un plenario, el referente barrial de cada zona es el encargado de organizar la convocatoria a través de las redes sociales y con panfletos que distribuyen en los barrios. Ahí termina su trabajo. El día, la hora y el lugar lo deciden los fundadores de la agrupación: Eduardo “Wado” de Pedro, Andrés Larroque o Máximo Kirchner.

Con este trabajo activo de los militantes en la mayoría de los barrios de la Ciudad cabe preguntarse por qué los porteños no les responden en votos. “Ellos concentran su trabajo en las villas. En esos lugares no todos pueden votar; muchos son indocumentados”, comenta Martín Iommi, de la Comuna 6 de Caballito, conocedor de los trabajos en las distintas comunas.

Al Frente para la Victoria no le fue mal en las elecciones. Es uno de los partidos más fuertes en la Ciudad, aunque no es suficiente para ganarle al PRO.

Campora3La tercera cabeza visible en las comunas se llama Pablo Ortiz Maldonado. Se ganó un lugar en la Comuna 12, de la mano de Juan Cabandié. Juntos inauguraron el Centro Cultural Alicia y Damián Cabandié. Es conocido como “OM” entre los militantes; tiene 32 años, pero con sólo 14 comenzó a participar en el Centro de Estudiantes de su colegio, Nicolás Avellaneda. En 2008, se sumó a La Cámpora, donde actualmente es el responsable de la secretaría de Cultura de esa agrupación en la Ciudad.

Los legisladores Juan Cabandié y Paula Penacca comenzaron como los referentes de la agrupación en la Ciudad. Al primero, muchos lo criticaron por su falta de oratoria, por tener un discurso repetitivo; otros lo apoyaron por ser el nieto 77 y uno de los elegidos por Abuelas de Plaza de Mayo. Nada de eso sirvió. Sus enfrentamientos esporádicos con Larroque tampoco lo ayudaron.

Penacca también salió del órgano de los camporistas. Aparece recurrentemente para reclamar por el cierre de Centros Culturales, realiza sentadas y posa para la foto junto a los militantes. Su función no pasa de allí. Su voz prácticamente no se escucha en la Legislatura.
La agrupación ultrakirchnerista realizó un acto en septiembre de este año. El líder de La Cámpora salió a escena y dio un discurso ante miles de militantes que coparon el territorio porteño, llegados desde distintos puntos del país. Allí se demostró que la fuerza de la agrupación no está en la Ciudad.

En noviembre, se realizó un plenario en el barrio de Núñez. Estuvieron presentes Juan Cabandié, Paula Penacca, comuneros y representantes de La Cámpora.

Sin un líder claro, el kirchnerismo en la Ciudad arrastra una parte de los votos conseguidos a nivel nacional. Los camporitas se identifican con la media baja de la sociedad. Llevan sus unidades básicas hasta las villas, un sector relegado por la gestión de Mauricio Macri. En los asentamientos y villas viven, aproximadamente, 300 mil personas según el último censo.

El despliegue territorial y de gestión de los comuneros, los legisladores porteños y los militantes de La Cámpora parecen ajustarse a lo que los líderes de la agrupación ordenen desde Nación. Por ahora, no tienen decisión propia.

PARA LEER MÁS DE ESTA NOTA CONSULTE LA REVISTA QUÉ N° 10.

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