Revista Qué

22 Nov 2015 | Ciudad, provincia, Nación

La suma del poder

El PRO puede manejar dos de las economías más importantes del país y la caja federal. A diferencia de todos sus antecesores, Macri no tiene contrafiguras internas. En otras palabras, nadie le hace sombra dentro de su partido. Un inédito paquete político de la democracia recuperada.

Hasta el encantador liderazgo de Raúl Alfonsín en los primeros años mozos del renovado radicalismo de los ‘80 tuvo contrafiguras internas. El poder de la joven Coordinadora o la mirada conservadora de un joven abogado cordobés, Fernando de la Rúa, se alzaban como voces un tanto disonantes. La UCR de aquel entonces, más allá del resultado final y de la salida anticipada del poder, gozaba de diferentes cuadros con trayectoria.

El peronismo y sus propias decisiones político-económicas fueron la gran piedra en el zapato de Alfonsín, pero siempre tuvo dentro de su partido una contracorriente interna.

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El PJ es especialista en generar opositores por dentro del partido. La renovación fulgurante del peronismo hacia fines de esa misma década encontró un impensado escollo en el interior del país, y del mismo movimiento: el riojano Carlos Menem, quien a caballo de su carisma se quedaría con las recordadas internas del ‘89 frente al bonaerense Antonio Cafiero.

Menem también tuvo sus contrafiguras internas, sobre todo con el avance de Eduardo Duhalde, primero desde la vicepresidencia y luego desde Buenos Aires, su territorio. Aquí, en el principal estado parte argentino el riojano había apadrinado al matancero Alberto Pierri, un ultra del menemismo.

“¿Cómo no íbamos a perder con el candidato que llevamos?”, dijo sarcástico Menem cuando el peronismo perdió en 1999 ante la Alianza. Se sabe: ese candidato era su enemigo interno, Duhalde.

La historia más reciente es harto conocida. Al lomense le surgió como rival quien había sido su apadrinado, Néstor Kirchner, y algo similar pasaría años más tarde con Sergio Massa.

Es decir, los dos grandes partidos en la historia de la democracia recuperada tuvieron esta particularidad: figuras y contrafiguras dentro del mismo espacio.

Hoy el PRO parece constituir una gran excepción a este principio, y a su vez un experimento con resultado aún abierto, al menos a nivel país. Mauricio Macri no tiene ningún rival interno, no existe dentro de la expresión amarilla corriente que observe al ingeniero. Sí conviven michettistas con la-rretistas y, seguramente en unas semanas, vidalistas. Pero el candidato a Presidente no tiene nadie que le haga “sombra”. ¿Será Vidal en un futuro? Es astrología pura.

INFO

Concretamente, el PRO (sin adentrarse en el mundo de Cambiemos, con radicales y lilitos) está ante la posibilidad de manejar una caja que supere los 1.550.000 millones, si se suman los presupuestos del go-bierno federal, provincial y porteño. Es un “paquete” que incluye hasta refe-rentes en los directorios de las principales empresas del país.

Quizás por esto el PRO habla de “grandes cambios”, pero básicamente en el sistema electoral (BUE, sólo dos períodos para los intendentes bonaerenses, entre otras cuestiones) y en el Estatuto docente.

Si bien deberá negociar casi todo en el Congreso y en la Legislatura bonaerense, esta nueva estructura partidaria tendrá bajo su paraguas estructuras viscerales, desde la Anses hasta el Banco Provincia. Es una tan legítima como monstruosa suma de poder, que no tiene antecedentes en la historia reciente del país, del ‘83 hasta acá.

¿Por qué? Simple, por lo antes expuesto. Vidal será ladera de Mauricio (en caso de ganar el balotaje) y no el contrapeso que fue Duhalde para Menem. Ni Scioli formó parte del riñón puro del kirchnerismo. Pero María Eugenia es PRO de paladar negro, al igual que Rodríguez Larreta desde CABA.

Si bien siempre existen divergencias, los “tres son un equipo”, como dicen en el partido. Todos surgieron desde el mismo lugar, y no tienen los antecedentes de cohabitación en el gobierno que aún perduran con Gabriela Michetti.

Otra sería la situación si la actual candidata a gobernadora estuviese en lugar de Vidal. Se sabe: ni hoy se lleva bien con Horacio, aunque están en el mismo barco.

Larreta quedó algo eclipsado luego del resultado del 25. Siempre fue la mano derecha de Macri, pero el triunfazo de Vidal en Buenos Aires, lo corrió de ese lugar. “Hoy María Eugenia es Coca Cola”, dijo un hombre amarillo, como para describir la fórmula del éxito.

Lo positivo para Larreta es que podrá armar su gobierno con mayor tranqui-lidad para poner gente de confianza, y sin tantas presiones de otros hombres del PRO. Además, tiene la ventaja de que en CABA la lógica de Cambiemos no juega: radicales y lilitos lo miran por tevé, están afuera.

“Quienes vayan a trabajar a la Provincia serán nuestros héroes”, les dijo Mauricio a un grupo de equipos técnicos en los últimos días, mientras casi que descontaba una victoria en el balotaje.

El resultado del 22 será clave. Si gana Macri, él les dio a entender a todos que lo “mejor” irá a la Nación. Es decir, gran parte del actual gobierno porteño. “Hay que darse ese mensaje”, sintetizaron a su alrededor.

En este escenario, llamó “héroes” a los que deban secundar a Vidal en la complejísima labor de gobernar el principal estado parte argentino, incluso con una Legislatura atomizada, y que no le será afín.

Como sea, si Macri se queda con la grande, el PRO se enfrentará a una situación sin antecedentes: que un mismo partido gobierne los puntos centrales del país sin contrafiguras internas. ¿Será un riesgo? ¿O el cambio? Se verá.

NOTA PUBLICADA EN LA EDICION IMPRESA N° 58 DE QUÉ.

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