Revista Qué

27 Sep 2017 | Entrevista a Axel Kicillof

“Lo que está pasando es muy peligroso”

El diputado nacional y exministro de Economía ataca con fuerza las políticas del gobierno de Mauricio Macri y apuesta todas sus fichas al triunfo de Cristina en octubre. Además se refiere a la unidad del peronismo, a la grieta y a la “doble vara” de la corrupción. Acaba de discutir fuerte con el ministro de […]

El diputado nacional y exministro de Economía ataca con fuerza las políticas del gobierno de Mauricio Macri y apuesta todas sus fichas al triunfo de Cristina en octubre. Además se refiere a la unidad del peronismo, a la grieta y a la “doble vara” de la corrupción.

Acaba de discutir fuerte con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, por el presupuesto 2018. De todos modos se muestra tranquilo, aunque, a la vez, inseguro. El diputado nacional y extitular de Economía de Cristina Kirchner, Axel Kicillof, habla de todos los temas sin tapujos, hasta de las causas en su contra y de si se siente o no un sex symbol; pero cada dos o tres minutos necesita cruzar miradas con su asistente de prensa, como buscando aprobación. Así transcurre la extensa charla de La Tecla con el principal responsable de “la pesada herencia”.

-Unidad Ciudadana apostó a la campaña económica y la gente no está votando con el bolsillo, pues las encuestas indican que Cambiemos puede llegar a sacar 40 por ciento a nivel país. ¿Fallaron en ese sentido?
-En 2015, Cambiemos pierde en primera vuelta y gana de manera muy ajustada el balotaje, situación que no mostraban las encuestas. Después de esa elección pasa a tener, según los sondeos, una imagen positiva de más de 60 puntos, la cual hoy se encuentra más cerca de 40, o sea unos 20 puntos abajo. ¿Por qué en poco más de un año, y veinte meses de gestión, el Gobierno perdió esos 20 puntos? Básicamente por las incongruencias entre las promesas realizadas y los resultados obtenidos. Si bien la economía no define el voto absolutamente, tampoco lo definen los medios; hay que convenir que en alguna mixtura entre economía, medios, ideología, tradición y varios aspectos psicológicos más debe estar la decisión del voto.

-La expectativa es una de las grandes jugadas de Macri.
-Desde el Gobierno se ha trabajado mucho para sostener esas promesas electorales de campaña, sólo que posponiéndolas permanentemente, lo que es una novedad en el discurso. En la campaña para 2015 no dijeron que íbamos a estar mejor a partir de 2018 o 2019, era inmediatamente. El giro discursivo tiene que ver con atribuirles las dificultades a presuntos nuevos descubrimientos sobre el estado de Argentina. Recuerdo que siendo ministro ellos sabían más acerca del país que yo, pero resulta que cuando llegaron a ser Gobierno dicen haberse encontrado con la ya famosa pesada herencia, que, en realidad, nunca supieron decir bien de qué se trata. Al principio parecía que era el déficit fiscal, pero después ellos lo ensancharon; así que, la verdad, no sé. La campaña se basa en resaltar que si bien Cambiemos todavía no mostró resultados, ya los va a mostrar. Y en la pasada de medios que hago a la noche veo que la gran mayoría sostiene y acompaña esto; eso de que no hubo resultados económicos se convirtió en “todavía no, pero tal vez viene”.

-Un dirigente opositor, del massismo, más precisamente, decía que este tipo de economía basada en la toma de deuda nunca termina bien, que hay que recordar los finales de Martínez de Hoz, de Alfonsín y de Cavallo. ¿Comparte este concepto?
-Lo está diciendo JP Morgan, lo está diciendo Roberto Lavagna, y hasta Carlos Melconián, que ahora está afuera del Gobierno. Me cuesta citarlo, pero es una cita directa: “Se puede ir todo a la mierda, ojo”. El dice que si no ajustan más el déficit y se siguen endeudando tan fuerte, las cosas no van a andar bien. El nivel de la deuda es monstruoso. Están batiendo todos los récords, de la historia argentina y diría también que mundiales. Si cumplen con el presupuesto, en tres años habrán incrementado la deuda en 100 mil millones de dólares. Teníamos 220 mil millones y pasaremos a tener 325 mil millones, y esto hace que cada vez se paguen más intereses de deuda. Por ende, para reducir el déficit, como se pretende, hay que ajustar en las partidas de salud, educación, vivienda. Incluso se viene un fuerte ajuste en lo que respecta a la obra pública, que dicen que se va a compensar con la ley de financiamiento público – privado, que sería la aún no conocida lluvia de inversiones. En síntesis, lo que está pasando es muy peligroso. Si no estamos hoy al borde del precipicio es por la “pesada herencia”, porque recibieron un país desendeudado. Lamentablemente están dilapidando esa herencia.

-En marzo dijo que “al Gobierno le resulta muy funcional que esta elección se discuta en términos de si gana o pierde Cristina”…
-Tiene que ver con lo que dijo Cristina en las últimas entrevistas. Ella manifestó que no se quería presentar, entonces uno debería evaluar el porqué. También señaló que no tenía problemas en correrse, siempre y cuando algún otro candidato lograra unir al peronismo. Voy a ser más claro: cuando llegó la hora del armado de las listas, muchísimos intendentes de la Provincia empezaron a hacer encuestas y se encontraron con que si la boleta tenía a Cristina, la gente también iba a votar por ellos. Uno de los problemas que tenemos es que todos podemos querer una cosa o querer otra, pero lo que importa es lo que quiere el electorado. Si la gente quiere votar a Cristina y no aparece otro dirigente que pueda sumar tanto entusiasmo del electorado, termina primando esta cuestión. Quedó claro: Cristina es la dirigente que más votos juntó en las PASO. Por ahí escucho decir a algunos analistas que hablan de Cristina como un obstáculo. ¿Cómo puede ser un obstáculo una dirigente que tiene tres millones de votos?

-Se siente parte de ese peronismo joven: Urtubey, Menéndez en Merlo, Insaurralde. ¿Kicillof es parte de la renovación?
-Todos estos dirigentes tienen más o menos mi edad, todos estamos militando en el peronismo. Pero lo que creo que hoy hace falta definir, rediscutir y presentarle a la sociedad es un proyecto que sea distinto al que presenta Macri, si no parece que es todo lo mismo. No pasa por “todo lo que hace Macri está mal y todo lo que hicimos nosotros estuvo bien”, ni es tampoco la simplificación comunicacional mediática de que Macri es el neoliberalismo y nosotros somos lo otro. Hay que trabajarlo mucho más. En ese sentido estamos trabajando en volver mejores, con una idea de presentar una alternativa muy clara. Hay que definir muy bien el proyecto, y eso nos va a permitir ver mejor. Después, la palabra “peronismo” es muy compleja, han aparecido históricamente expresiones muy diversas. Sí me siento parte de un proyecto nacional, popular y democrático. Queremos presentar a la sociedad una alternativa al neoliberalismo que sea muy clara y le permita forjar también una esperanza, enamorarse de eso, militarlo.

-¿Qué siente cuando Miguel Pichetto le dice a CFK que no sea parte del bloque peronista, o cuando Juan Carlos Schmid le pide que se corra?
-Me tranquiliza que son discusiones de estudios de televisión, o de bar, o de pasillos del Congreso. En la provincia de Buenos Aires, donde supuestamente nadie la quería, la gente la terminó eligiendo. A la vista está que Cristina es quien mejor representaba a millones de bonaerenses. Yo no estoy enojado con los dirigentes; los dirigentes pueden creer una cosa, pero el límite está determinado por lo que la sociedad demanda. Me parece bien que los dirigentes tengan aspiraciones, pero es un escollo cuando ponen eso por encima del proyecto. Cristina lo planteó: ella no quiere ser un obstáculo; juntémonos entre todos y definámoslo. Pero quien termina de definir, cómo, cuándo y con quién, es el pueblo; en este caso, de la Provincia.

-¿Cómo lo trata la grieta en la calle?
-Rarísima vez recibo mala onda en la calle; puede pasar, pero es muy extraño, y camino por todos lados. Hay un trabajo muy fuerte del Gobierno para generar odio hacia algunos dirigentes, pero no les va muy bien. Por otra parte tengo que decir que es sabido que el kirchnerismo es muy intenso, y me hacen sentir un gran cariño.

-Las chicas K también son muy intensas, y lo tienen como una especie de sex symbol. ¿Se siente un sex symbol?
-No, no (risas). Observo y siento todo ese cariño, pero cada tanto me veo a algún espejo. En ese punto digo: “Bueno, me parece que es otra cosa”. Hay gente que es muy fanática, no es una cuestión de género. En nuestro proyecto hay una intensidad que tiene que ver con transformar el país y, además, sufrir la persecución por tratar de hacerlo. Lo vivo en carne propia.

-¿Se siente un perseguido? 
-Voy a ir juicio oral por la causa dólar futuro. Todavía no escuché a ningún entendido de la cuestión financiera o jurídica que diga que eso es un delito, y voy a ir a juicio oral. Eso, en mi diccionario se llama persecución política. Para nuestra tradición política, que ha sufrido casos de persecución muchísimo más graves, forma parte de ese entusiasmo que tiene que ver con el deseo de transformar el país.

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