Revista Qué

22 Jun 2016 | CLUBES DE BARRIO

El partido más difícil

La fuerte embestida de los tarifazos afecta al grueso de las instituciones sociales y deportivas de los barrios porteños. Aumentos irrisorios en las boletas de electricidad, agua y gas hacen cuesta arriba la subsistencia. A este ritmo, ¿qué pasará con los clubes de la Ciudad? En una situación casi idéntica a la de los años […]

La fuerte embestida de los tarifazos afecta al grueso de las instituciones sociales y deportivas de los barrios porteños. Aumentos irrisorios en las boletas de electricidad, agua y gas hacen cuesta arriba la subsistencia. A este ritmo, ¿qué pasará con los clubes de la Ciudad?

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En una situación casi idéntica a la de los años 90, se sumerge hoy la realidad de los clubes sociales de barrio de la Ciudad, que lidian con aumentos tarifarios muy lejanos para las arcas que manejan. “Esto me hace acordar a la película Luna de Avellaneda, donde el mercado se termina quedando con el club”, dijo a este medio Cristian Font, referente de la Unión Nacional de Clubes de Barrio (UNCB). En el recordado film de Juan José Campanella, protagonizado por Ricardo Darín en 2004, una humilde institución social no puede hacer frente a los elevados costos que la época exige, por lo que los socios, en asamblea extraordinaria, deciden venderlo para la construcción de un Casino.

La analogía cabe perfectamente. La batalla librada por los clubes de barrio 20 años atrás no se aleja mucho de la realidad actual: aumentos tarifarios exorbitantes, cese de actividades y consecuente desafiliación de socios. Hay espacios de la Ciudad que hoy pagan 35 mil pesos de electricidad, cuando hace algunos meses abonaban sólo un cuarto de ese monto.

Tal es el caso, por ejemplo, del Círculo de Villa Devoto (Comuna 11), que sufrió aumentos de gas, agua y luz de hasta un 500 por ciento. En sus instalaciones, se practican infinidad de deportes, entre los que se destacan el fútbol y el patín. Con 73 años de antigüedad, nutre al barrio de actividades sanas, y a diario resulta un refugio importante para los chicos. El club cuenta con cerca de 700 socios, aunque muchos se están borrando ante la interrupción de algunas actividades. “Cuesta mucho mantenerlo. En las asambleas que hicimos con otros clubes nos dimos cuenta de que estamos todos igual”, comentaron desde la Comisión Directiva.

En la Comuna 7 (Flores y Parque Chacabuco), en tanto, la realidad de las instituciones sociales deportivas no escapa a la regla actual. Un claro ejemplo es el Club Gimnasio Chacabuco, que cuenta con 800 socios y al que asisten cerca de dos mil personas para desarrollar actividades. Las boletas de electricidad y gas vinieron con aumentos de hasta el 500 %, montos descomunales que obligaron a las autoridades de la entidad situada en calle Miró a suspender el encargo de indumentaria para los equipos de futsal, el deporte que allí más se practica. “Tuvimos que cancelar todo porque la plata ahora se nos va en impuestos”, se lamentaron desde las oficinas de la entidad. También recurrieron al Área de Deportes de la Ciudad, donde recibieron asesoramiento acerca de los trámites a realizar para aplicar dentro de la tarifa social. Pero ese salvavidas está en stand by. Acaso por eso, el mandamás de la Defensoría del Pueblo porteño, Alejandro Amor, presentó el pasado 2 de junio un recurso de amparo para eximir a las instituciones sociales del pago del aumento de las tarifas. “Mucho se habla de la tarifa social, pero nunca llega. Estamos esperando a ver qué pasa con ese tema”, indicaron desde la Junta Comunal. Lo que solicita Amor es una medida cautelar inmediata que le baje el pulgar al recorte de subsidios resuelto por el Ministerio de Energía. “Los clubes son asociaciones civiles sin fines de lucro, que no sólo contribuyen a la práctica del deporte y a la recreación, sino que además cumplen una trascendente función social, de compromiso con los barrios y con sus vecinos”, argumenta el documento.

Lo cierto es que en la Comuna 7, un puñado de instituciones (cerca de 30) perjudicadas por los aumentos, recurrieron a la Dirección de Clubes de la Defensoría del Pueblo para obtener ayuda. La misma podría venir desde la Junta Comunal, donde, según comentó Alejandro Caracciolo, comunero de ECO, se trabaja para evitar el cierre de los clubes. “Son espacios que deben ser salvados. No podemos permanecer ajenos a esta situación”, sostuvo en diálgo con Qué, y afirmó que trabaja en conjunto con los comuneros del Frente para la Victoria, Felisa Marinaro y Eusebio Wanca. ¿La premisa? Lograr la reglamentación de la Ley de Clubes de Barrio 27.098, sancionada en diciembre del 2014.
En ese marco, desde diversos sectores políticos y sociales, y ante la evidente problemática que sacude a las instituciones barriales, solicitan al Poder Ejecutivo la reglamentación de esa norma, como así también la de la Ley 27.218 de Régimen tarifario para entidades de bien público, que tiene como objeto aplicar a las fundaciones y asociaciones sin fines de lucro una tarifa social para los servicios de electricidad, gas natural, agua potable, desagües cloacales y telefonía.

En Palermo (Comuna 14), el Club Estrella Maldonado tiene cerca de 1.500 socios que utilizan las instalaciones día a día y se enrolan en diversas disciplinas: fútbol, vóley, patín, básquet, entre otras. La embestida del 500 por ciento en las facturas “fue un golpe duro que nos arruinó”, comentó a Qué el secretario de la institución, Carlos Gargiulo, quien agregó: “nos estamos ajustando. La plata que teníamos para mejoras en el club, la tuvimos que usar para pagar los impuestos”. El tarifazo es real: en cuestión de meses, boletas de 2 mil pesos mutaron en otras mucho más caudalosas, que rozan los 15 mil, lo que desemboca el tener que echar por tierra algunas iniciativas. “Queríamos pintar varios sectores, organizar viajes para los chicos, mejorar las instalaciones, pero ahora no podemos. Todo se hace muy cuesta arriba”, completó Gargiulo.

En el medio, la semana pasada el Gobierno nacional oficializó un subsidio del 40 % a la tarifa de luz a clubes de barrio, a través de la resolución 599/2016, publicada en el Boletín Oficial. Pero la disconformidad no tardó en llegar: “sentimos vergüenza por los anuncios del presidente Macri, y tenemos bronca por la pérdida de tiempo con el secretario Carlos Mac Allister, quien claramente no está a la altura que requiere la situación”, expresaron desde la UNCB.

En el organismo tildaron de demagógica la medida, al interpretarla como un intento por “tratar de frenar el descontento general que provoca esta dura realidad a la que nos han llevado por las medidas económicas que sólo benefician a los que más tienen”, publicaron en un comunicado.

La cuestión pasa por dos vías: qué hay de las tarifas de agua y gas y cuál será el destino de los clubes que no están habilitados en los registros para beneficiarse de la disposición, ya que la misma alcanza a las 4.500 instituciones incluidas en el Registro Nacional de Clubes que tengan entre 50 y 2.000 socios. De ese total, sólo 800 tienen los documentos en regla.

En Capital Federal, hay 171 clubes inscriptos en el RUID (Registro Único de Instituciones Deportivas). ¿Los demás? Bien, gracias: no cuentan con la documentación necesaria. “Con las trabas que ponen los organismos de control, resulta imposible que los espacios más chicos puedan acceder a los registros. La medida beneficia solamente a un diez por ciento de los clubes de la Ciudad”, declaró Font, y finalizó: “El panorama es negro”.

 

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