Revista Qué

14 Sep 2017 | CLAUSURAS A ESPACIOS CULTURALES

Que siga la milonga

La dura realidad que atraviesa el entramado milonguero en la Ciudad pareciera no tener límites. Es que el número de espacios clausurados por la Agencia Gubernamental de Control (AGC) sigue en alza: según números oficiales, asciende a 386 en los últimos 30 meses. La embestida, que lleva varios años, pero que se ha intensificado en […]

La dura realidad que atraviesa el entramado milonguero en la Ciudad pareciera no tener límites. Es que el número de espacios clausurados por la Agencia Gubernamental de Control (AGC) sigue en alza: según números oficiales, asciende a 386 en los últimos 30 meses.

La embestida, que lleva varios años, pero que se ha intensificado en los últimos tiempos, pone en jaque continuo a una actividad cultural bien característica de la Ciudad. “Hay una persecución sistemática de la AGC hacia los espacios culturales. Las clausuras se dan sin razones justificables. Son arbitrarias, burocráticas y por motivos subsanables. Sucede que la lista de requisitos para mantener una milonga es inacabable”, relató Dolores Giménez, integrante del colectivo El Tango no se clausura.

Niv Sardi, también miembro del mencionado colectivo, agregó que “el Gobierno está abusando de la ley porque ésta dice muy claramente que las clausuras preventivas son contra riesgo de vida o por causas judiciales. Y esto nunca pasa en los lugares que clausuran.”

La raíz del conflicto es de larga data. Ya en 2005, los primeros sacudones llegaron con la tragedia de República Cromañon, que derivó en la prohibición neta de los encuentros culturales de la Ciudad. El asunto se estabilizó en septiembre de 2016, con el decreto 878, que en cierto modo normalizó la actividad, con algunas restricciones.

“Las milongas son parte de la identidad de la Ciudad, generan puestos de trabajo y promueven el turismo. Por eso, tenemos que exigir que el Gobierno garantice su existencia y funcionamiento en lugar de perseguirlas. Las milongas son populares o no son milongas”, manifestó Andrea Conde, legisladora porteña del Frente para la Victoria y autora de la ley de Fomento a las Milongas. Y agregó: “Es un sector que está en una situación crítica desde hace mucho tiempo. Las milongas no son sólo lugares donde se baila tango; hay muchos puestos de trabajo en juego: involucran al turismo, a la industria del calzado y la vestimenta, escuelas y clases de baile, orquestas típicas, músicos y bailarines, fotógrafos, diseñadores, editores de videos, libros y revistas especializadas”, Sardi sostuvo que no hay un común denominador en el tema de las clausuras: “Absolutamente todas las milongas fueron clausuradas. La verdad es que no vemos un patrón.” Y prosiguió: “Lo que sí notamos es una persecución de los espacios culturales”.

“La milonga es un hecho social que implica una suerte de contra-to no comercial, sino un convenio de acuerdo entre los organizadores y los que van a la milonga. Si vos clausurás, la gente se va a otras milongas. Ese entramado social que vos construís, se destruye”, finalizó Dolores Giménez.

LA NOTA COMPLETA, EN LA EDICIÓN #153 DE REVISTA QUÉ

  • Maria Valeria Chinnici

    #ElTangoNoSeClausura

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