Revista Qué

22 Jun 2016 | Muerte y trabajo esclavo

Taller clandestino: 13 años de prisión para sus dueños

El Tribunal fijó la pena de 13 años de prisión para Luis Sillerico Condori y Juan Manuel Correa por considerarlos penalmente responsables de los delitos de estrago culposo seguido de muerte y reducción a la servidumbre.

El Tribunal Oral en lo Criminal N° 5 de la Capital condenó este martes a los dos acusados en un juicio oral en el marco de una causa por incendio seguido de muerte en un taller textil, hecho ocurrido el 30 de marzo de 2006, en el inmueble ubicado en Luis Viale 1271, Ciudad de Buenos Aires.

El tribunal –integrado por los jueces Rafael Oliden, Fátima Ruiz López y Adrián Pérez Lance- fijó la pena de 13 años de prisión para Luis Sillerico Condori y Juan Manuel Correa por considerarlos penalmente responsables de los delitos de estrago culposo seguido de muerte y reducción a la servidumbre.

Además, los magistrados ordenaron la inmediata detención de los condenados “por haberse incrementado a su máxima expresión el riesgo de elusión del cumplimiento de la sentencia, toda vez que ninguna caución ni otra medida alternativa luce como suficiente para garantizar el cumplimiento de la pena de trece años que aquí se impone”.

Taller-clandestino

El 30 de marzo de 2006, un cortocircuito desató el incendio en el taller clandestino de Luis Viale 1269, donde además vivían 64 personas, entre ellas 38 menores de edad. Las llamas comenzaron por la tarde, en el primer piso, donde dormían algunos niños, y enseguida se extendieron a la planta baja.

En el fuego, murieron Juana Vilca, de 25 años y embarazada; Wilfredo Quispe Mendoza, de 15; Elías Carbajal Quispe, de 10; Luis y Rodrigo Quispe Carvajal, ambos de 4; y Harry Rodríguez, de 3 años.

En el inmueble había un solo baño con ducha, sin agua caliente; durante el juicio, los testigos recordaron que durante la madrugada se formaban largas colas para poder bañarse. El taller tenía una habilitación del año 2001, pero los testigos afirmaron que nunca fue inspeccionado en los cinco años siguientes. Todos dormían hacinados, en “habitaciones” hechas con telas y tabiques.

Cuando los contrataron, les dijeron que les pagarían entre 70 centavos y 1,20 por cada prenda confeccionada. El compromiso de pago nunca se cumplió. Los que tenían familia recibían 100 pesos por semana y los solteros sólo 50 pesos. Trabajaban desde las 7 de la mañana hasta las 22 o 23, de lunes a sábados.

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