Revista Qué

25 Ago 2014 | Masaje erótico

Un estímulo para excitar

Los masajes son un complemento para estimular la vida sexual de la pareja. En momentos en que el ritmo de vida veloz dispersa y hace que le prestemos menos atención tanto a las personas como a las cosas cotidianas, es bueno dedicarle tiempo a la intimidad. Para ello, los masajes eróticos son un buen comienzo […]

Los masajes son un complemento para estimular la vida sexual de la pareja.
En momentos en que el ritmo de vida veloz dispersa y hace que le prestemos menos atención tanto a las personas como a las cosas cotidianas, es bueno dedicarle tiempo a la intimidad.
Para ello, los masajes eróticos son un buen comienzo para revincularse con la pareja a través del contacto cuerpo a cuerpo, tomarse el tiempo necesario para acariciar, recorrer e incitar físicamente, también como un ejercicio con el fin de experimentar cosas nuevas.
La manera de realizarlo es fundamental, debe haber especial dedicación en las zonas erógenas, y buscar despertar la excitación aumentando los niveles hormonales mediante un preámbulo ideal que sorprenda y descontrole al otro.
El masaje permite una intimidad más plena en la pareja, ayuda a conocerse y saber cuáles son las zonas más excitantes del compañero, abre el camino a nuevas experiencias, lo que permite creatividad a la relación sexual.
El hecho de ser acariciado por el otro sin llegar a la penetración inmediatamente, posibilita el estímulo tanto mental como emocional y hormonal, y aumenta el deseo en la intimidad. Es decir, calentar los motores de tu pareja para que el encuentro sexual sea candente, excitante, divertido y a la vez renovador.
Es recomendable utilizar aceites o cremas aromáticas que acompañen la práctica ya que determinadas fragancias también estimulan mentalmente a la hora del sexo.
masaje erótico 3
Esta práctica tiene beneficios como mejorar la irrigación sanguínea a la zona masajeada, lo que ayuda a que la piel y otras partes del cuerpo sean más receptivas a los estímulos. Estimula zonas erógenas ideales para concebir luego, un orgasmo o varios.
Por ello, tener en cuenta que hay que recorrer todo el cuerpo de la pareja, empezar por las zonas tradicionales, como espalda, hombros y omóplatos, pasar por glúteos y quedarse allí un buen tiempo, realizando movimientos circulares con toda la palma, y jugando con el dedo índice o mayor en el centro de la zona, seguir bajando hacia las piernas hasta llegar a los pies.
Luego dar vuelta suavemente a la pareja, pedirle que cierre sus ojos y tratar de no hablar, que la comunicación sea a través de las manos y los dedos. Una vez que esté boca arriba, comenzar por la cara, la frente, los pómulos, el cuello, bajar a los brazos, recorrerlos hacia arriba y hacia abajo, seguir por el pecho hasta llegar al estómago, realizar movimientos circulares allí.
Es recomendable ir bajando hacia la zona genital sin llegar a ella, jugar con el otro como un guiño, amagar por unos minutos hasta llegar sorpresivamente y lograr el clímax para que el compañero sexual se vuelva loco. No olvidar utilizar por momentos uno o dos dedos, por momentos la mano completa, dependiendo la zona que se recorra y la reacción del compañero. Una vez en los genitales, poner mucho empeño. Suavemente, de manera sutil para que el otro que estaba relajado disfrutando de ese estímulo, se sorprenda y se excite a la vez. Esta práctica no sólo aporta a la sexualidad algo nuevo y diferente sino que también provoca que durante la penetración todas las sensaciones, incluido el orgasmo que perciba el cuerpo se multipliquen.

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