Revista Qué

29 Sep 2014 | Para el consumo

Llegan las vidrieras que hablan

A los carteles publicitarios con movimientos, ahora se suman las vidrieras interactivas. Las mismas interactúan  con los potenciales consumidores, ofrecen productos para cada público, y se espera en un futuro poder comprar por medio de ellas. Se trata de tecnología que, aplicada a los vidrios de los locales, se activa cuando alguien se para a mirar […]

vidrierasA los carteles publicitarios con movimientos, ahora se suman las vidrieras interactivas. Las mismas interactúan  con los potenciales consumidores, ofrecen productos para cada público, y se espera en un futuro poder comprar por medio de ellas. Se trata de tecnología que, aplicada a los vidrios de los locales, se activa cuando alguien se para a mirar un producto, cuyo carteles toman formas corpóreas y sorprenden con sus movimientos.

Mariano Jeger, director creativo de la agencia R/GA Buenos Aires, explica que permiten al público vivir una experiencia interactiva con un producto, conocerlo y conectarse con él en un paso anterior a lo habitual, cuando el consumidor está adentro de la tienda. Por su parte, Fabricio Costa Alisedo, socio fundador de Moldeo Interactive, que se dedica al desarrollo de aplicaciones interactivas en el ámbito artístico, industrial y comercial, sostiene: “Los dispositivos más avanzados permiten la captación del movimiento del público a distancia, sin necesidad del contacto directo con la vidriera. Suelen proponer técnicas de visualización de contenidos para mostrar una marca y sus productos de forma innovador”.

Para los comerciantes la principal ventaja es poder mostrar las cualidades de un producto, sin necesidad de que el cliente ingrese al local, y para los consumidores poder conectarse con un producto vivenciando una experiencia distinta. Pero además de ser innovadoras y destacarse del resto, esta tecnología permite tener mediciones sobre cómo reacciona el público, a través de una cámara o dispositivos adecuados.

“Cuando los chicos se acercaban a la vidriera que desarrollamos para los botines Nike Hypervenom pudimos ver cómo disfrutaban y se entretenían mientras conocían más sobre este producto”, asegura Jeger. Quién también aclara que el costo varía según la duración de la campaña. No cuesta lo mismo un evento de un fin de semana que una campaña de tres meses en uno o varios locales.

“Lo más valioso es el proceso creativo, es decir, el tiempo que nuestros equipos trabajan con el cliente para entender la necesidad, y elaborar las ideas que respondan a la misma. Ese proceso creativo, que incluye todo un área tecnológica también, es lo más costoso y, a la vez, lo más valioso,  ya que es el alma de ese hardware que por sí solo no hace mucho”, destaca.

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