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30 Dic 2014 | Para visitar

La ciudadela antigua de Jerusalén

Jerusalén es un destino turístico internacional de primer orden durante todo el año, pero también es una urbe con otros atractivos para aquellos turistas que buscan algo más que los lugares santos.

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Entre sus monumentos y milenarias piedras, Jerusalén conserva la herencia de los distintos pueblos que la gobernaron o dejaron su huella a lo largo de sus 3.000 años de vida.

Basta caminar por las encantadoras callejuelas de su casco antiguo de día o de noche para experimentar una vivencia casi mística, si se es religioso, o tener la sensación de que la historia se ha detenido varios siglos atrás, en un plano más terrenal.

Y es que la ciudadela antigua, un territorio de apenas un kilómetro cuadrado y amurallado, alberga los principales santuarios para las tres religiones monoteístas más importantes, lo que convierte a la urbe en un lugar único en el mundo.

El Santo Sepulcro para los cristianos, el Muro de las Lamentaciones para los judíos, o la Explanada de las Mezquitas para los musulmanes, son sólo los ejemplos más emblemáticos y casi visita obligada para cualquier turista que se precie de querer conocer Jerusalén.

El Muro de las Lamentaciones es el lugar más sagrado para el judaísmo y es uno de los pocos e impresionantes vestigios de la fortificación que circundaba el Segundo Templo de Jerusalén levantado por el rey Herodes.

Justo sobre esta imponente pared se emplaza la Explanada, un amplio recinto que alberga la Cúpula de la Roca (690), reconocible por su dorado domo, y la mezquita de Al-Aksa, que fue construida por la Dinastía de los Omeyas y finalizada en el 710.

La mezquita es la tercera más importante en la jerarquía del Islam, mientras que el santuario aledaño alberga una piedra venerada por los musulmanes que creen que desde allí Mahoma subió a los cielos.

El Santo Sepulcro, también conocido como Basílica de la Resurrección, es uno de los centros de peregrinación cristiana más importantes del mundo desde el siglo IV, y fue construido por el emperador romano Constantino en el 326 sobre el lugar donde su madre, Elena, había encontrado el “Calvario de Cristo”.

Estos monumentos religiosos están protegidos por las bellas murallas de piedra blanca, casi cinco kilómetros de defensas de dos metros y medio de ancho y doce de alto coronadas por 34 torres de vigilancia. Esta fortaleza está horadada por ocho huecos, puertas que a lo largo de los siglos han permitido a los peregrinos acercarse a sus dioses.

Cuenta la leyenda que una noche, el sultán Suleimán el Magnífico (que gobernó el imperio Otomano en el siglo XVI d.C.) tuvo una pesadilla en la que era atacado por varios leones que trataban de devorarle.

Al despertarse, debatió con sus asesores el origen del mal sueño, y uno de ellos interpretó que las bestias le atacaban porque no había protegido suficientemente la ciudad santa. El sultán tuvo entonces claro lo que tenía que hacer y ordenó construir la muralla que a día de hoy envuelve la ciudad vieja.

“Partes de la muralla son anteriores a Suleimán, cuyos constructores utilizaron muros levantados por los cruzados, romanos o hasmoneos, entre otros”, explicó la guía turística israelí Rajel Cohen, del Museo de la Torre de David, que añadió que “Jerusalén es una ciudad construida capa a capa”.

Suleimán construyó sus murallas siguiendo aproximadamente el recorrido de las que levantaron los romanos en el siglo I a.C., que tenían sólo cuatro puertas de acceso orientadas hacia cada uno de los puntos cardinales. Amplió el número de puertas y ahora la muralla cuenta con ocho aberturas, aunque una de ellas permanece sellada. Hasta el año 1887, todas se cerraban al caer el sol y no volvían a abrirse hasta el siguiente amanecer.

El más grandioso de los pasos a la mágica ciudad empedrada es, sin duda alguna, la Puerta de Damasco, que data de 1537. Está en la cara norte, mirando hacia la ciudad palestina de Nablus y, más allá a la capital siria, Damasco.

Su nombre árabe, Bab Al Hamoud, significa “la puerta de la columna”, en referencia a un monolito romano de la victoria que en el pasado se levantaba en la plaza exterior, dominada por dos majestuosas torres.

La más controvertida de todas las puertas es, precisamente, la que permanece sellada, la Puerta Dorada, a la que muchos se refieren como la ‘Puerta de la Vida Eterna’ o ‘Puerta de la Misericordia’, situada en la pared este de la ciudadela, mirando hacia el lugar por donde sale el sol.

De acuerdo con la tradición judía, ésta será la puerta a través de la cual el Mesías entrará en Jerusalén cuando regrese.

El acceso es el más antiguo: data del siglo VII, del primer periodo islámico de Jerusalén, pero permanece sellada desde 1541. Según el Ministerio de Exteriores israelí, “los árabes sellaron la puerta hace siglos para impedir la entrada del Mesías”, pero hay diversas teorías.

Actualmente en internet se pueden encontrar varias promociones que en materia de alojamiento se ofrecen en Jerusalén. Una de ellas es de la City Center Jerusalem, ubicado en la calle King George St Nº 17.

El precio diario de la habitación, con desayuno incluido, es de 710 pesos argentinos por persona en base doble. El complejo está a 15 minutos a pie de la ciudad vieja, y cuenta con cocina para que el visitante puede prepararse su comida.

Otra promoción es la de YMCA Three Arches Hotel (tres estrellas) situado en la calle 26 King David Street Nº 26. Su tarifa diaria por persona, en base doble, es de 1.026 pesos argentinos e incluye el desayuno. Está a 10 minutos caminando de la ciudadela antigua, y en el corazón de la ciudad moderna.

Por su parte, el costo de un pasaje aéreo de ida y vuelta por persona entre Jerusalén y Buenos Aires arranca desde 19.760 pesos argentinos, en un vuelo con dos escalas.

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