Revista Qué

18 Sep 2014 | Está a 28 km de Lisboa, y ya forma parte de Patrimonio de la Humanidad

Sintra: el mundo de los palacios

 Es una pequeña localidad Portuguesa a 30 km del oeste  de Lisboa, entre tierras prístinas de castillos que se alzan en lo alto de las colinas deseaba que el tiempo se detuviera. Un lugar asombroso, lleno de valles escarpados, frondosos bosques y arquitectura milenaria. El verdor envuelve cada centímetro de superficie, desde el musgo que cubre la piedra […]

castillo_sintra Es una pequeña localidad Portuguesa a 30 km del oeste  de Lisboa, entre tierras prístinas de castillos que se alzan en lo alto de las colinas deseaba que el tiempo se detuviera. Un lugar asombroso, lleno de valles escarpados, frondosos bosques y arquitectura milenaria. El verdor envuelve cada centímetro de superficie, desde el musgo que cubre la piedra hasta las fibrosas vides que rodean los árboles. La exuberancia lo abraza a uno en una suerte de mundo místico.

Un lugar increíble, que el sólo hecho de caminarlo a pie, te lleva a para por un puñado de esculturas y estatuas ornamentales, todas parte de reminiscencias de un proyecto de arte público en un vasto jardín privado (las obras cambian todos los años). Los castillos de los alrededores brillan en la oscuridad, iluminados por reflectores de colores.

La ciudad se caracteriza por sus palacios tapizados en verdes, como así también el Castelo dos Mouros, del siglo VIII, un remanente del dominio árabe y la estructura más antigua en la zona. Es, por sobre todas las cosas, una fortaleza militar: austero, uniformemente gris en todos sus muros de granito y piedra caliza, pensado para no ser invadido.

El Palacio Nacional da Pena, antigua residencia veraniega de la familia real portuguesa, es un mezcla de colores alegres y torres (angostas y cilíndricas), que crean un ambiente de Alicia en el país de las maravillas, que los aficionados a la arquitectura atribuirían al Romanticismo del siglo XIX. En la época de las selfies, tres lugares de reunión competían por su popularidad: una gárgola graciosamente abominable que sobresalía en lo alto de la entrada principal, las vistas imponentes de la montaña tomadas a través de arcos ojivales y los vitrales de la capilla. Sus salones exteriores estaban pintados de blanco y amoblados con piezas de época, y el cielo raso cubierto con mosaicos festivos; los más llamativos eran los azulejos que describían escenas históricas.

Sintra sigue siendo la joya entre las regiones portuguesas, pero dos emprendimientos importantes ampliaron sus atractivos para el turista. El año último se inauguraron varios hoteles, entre los que se destaca el Sintra Boutique Hotel, de 18 habitaciones, en el centro del pueblo, que mejoró la oferta de alojamiento en un lugar donde era imposible conseguir una habitación en temporada alta. Y 2012 vio el regreso de un servicio de tranvía de 45 minutos durante el verano (2 euros cada tramo) de Sintra a Praia das Macas, una localidad balnearia en ciernes, con acantilados pronunciados que dan a las playas de arena blanca de la costa occidental portuguesa.

 

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