14/07
Las diferencias existentes en la alianza gobernante son maquilladas por las necesidades que acarrea la lucha contra el coronavirus. Pero hay antecedentes y rispideces del presente que vaticinan dificultades en el mediano plazo. El juego de los intendentes
Son los siete meses más duros que le hayan tocado a un Presidente en su arranque, los más duros que tengamos memoria. Con una inflación que no se frena, la obligación de renegociar la deuda, una crisis económica descomunal y, encima, te cae esto de la pandemia. Aun así, no hubo estallidos sociales, no hubo desabastecimiento, y se mostró un Estado capaz de reaccionar rápido en un montón de frentes”. Así describe los primeros siete meses de gobierno del Frente de Todos uno de los hombres más cercanos a Alberto Fernández. Lo mismo podría decir Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, la crisis sanitaria por la llegada del COVID-19 y sus desastrosas consecuencias económicas fueron un analgésico para la tensión política, que ya en marzo comenzaba a notarse en el frente oficialista. El temor al alto costo político que debería pagarse si la situación se saliera de control luego de la cuarentena más extensa del mundo lleva a que casi todos los actores prioricen la prudencia y guarden para más adelante sus simpatías y antipatías. Hay excepciones, claro, y en ellas puede inferirse por dónde podrían provenir los conflictos internos en el mediano plazo.

Nadie es ajeno a que los estilos de Alberto y Cristina Fernández son distintos, y que en esa diferenciación, el gobierno de la provincia de Buenos Aires se ajusta más a las maneras y políticas con las cuales comulga la vicepresidenta. “Cuando todo esto pase, y a medida que se acerquen las elecciones, la tensión va a crecer. En el Gobierno nacional hay mucha mezcla, y eso no va a terminar bien; Cristina quiere meter cada vez más gente y los gobernadores e intendentes le piden a Alberto que mantenga su identidad”, contó un exfuncionario bonaerense ahora alojado en una oficina que pertenece al Estado nacional

Como siempre, el escenario de mayor conflictividad sería la provincia de Buenos Aires, donde juegan un rol central los intendentes, fundamentalmente los de las secciones electorales Primera y Tercera. Precisamente, una de las cosas calmadas por la pandemia fue la relación entre algunos de ellos y el Gobierno provincial, que no había iniciado de la mejor manera. Se quejaban por entonces un grupo de alcaldes de la falta de respuesta desde calle 6 a sus inquietudes y requerimientos. “Te clavan el visto y no te contestan”, habían dicho en febrero a La Tecla un par de alcaldes oficialistas sobre el trato que recibían por parte de Kicillof y sus ministros del ala política.

Ahora, uno de esos intendentes confió que “la situación con la Provincia mejoró mucho; y en eso tuvo que ver el Presidente y, también, la actitud del Gobernador, que está más abierto y más vinculado con nosotros. Cada uno puso una parte para que eso se solucione”. Cierto es que los melones se acomodan con el andar del carro, pero también las necesidades obligan a archivar las desconfianzas y preferencias. En medio de la pandemia, quien saca los pies del plato corre el riesgo de pagar un alto costo, tanto político como económico. La asistencia de Nación y Provincia es imprescindible para sostener las cuentas municipales en medio de una caída recaudatoria abrupta.

“Alberto no es demasiado formal, es muy radial; él habla con casi todos los intendentes de la Primera y de la Tercera, y también tiene un excelente diálogo con referentes de la oposición (ver recuadro)”, contó un hombre con despacho en Balcarce 50. También ratificó que “Juanchi Zabaleta es el que más habla con el Presidente, y ningún otro adquirió esa densidad propia en cuanto a su volumen de juego con la Rosada; (Gabriel) Katopodis cumple doble estándar, en su función de ministro y barón portador sano del Conurbano; y con el resto de ese grupo (Martín Insaurralde y Mariano Cascallares) habla seguido.

El jefe de Estado, además, suele dedicar minutos a las llamadas de jefes comunales del interior, como Alejandro Dichiara (Monte Hermoso), Germán Lago (Alberti), Walter Torchio (Carlos Casares) y Alfredo Zavatarelli (el sucesor de Alexis Guerrera en General Pinto). El vínculo con ellos viene de la época en la que Alberto fue el jefe de campaña de Florencio Randazzo, en las elecciones de medio término de 2017.

Por su parte, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, mantiene contactos de cierta periodicidad con los alcaldes de Tigre, Pilar y Navarro, que incluso se hace más cotidiana con el de Lomas de Zamora. “Son los que más se contactan, pero se habla con todos, sobre todo en el marco de esta coyuntura”, aclaró un funcionario cercano a Cafiero. Con los demás referentes del PJ hay una relación fluida pero no tan dinámica, y lo mismo ocurre con quienes abiertamente juegan el partido con la camiseta de Cristina Fernández grabada en la piel.

Tanto en Olivos como en el Instituto Patria se esfuerzan en mostrar que las diferencias entre el primer mandatario y la expresidenta son más especulaciones mediáticas que situaciones reales. Pero esa tensión existe, y se ha hecho visible desde el primer momento con los nombramientos en cargos estratégicos en los cuales desembarcó el kirchnerismo duro. Durante la cuarentena, la salida de Alejandro Vanoli de la Anses volvió a poner en la primera plana esa cuestión, con el nombramiento de la camporista, y hasta entonces ministra bonaerense, Fernanda Raverta.

Para minimizar la cuestión, cerca de Alberto dicen que Raverta siempre fue candidata para el cargo, incluso antes de las asunciones en diciembre; pero tampoco dejan de reconocer que tras la salida de Vanoli, un candidato firme de la Casa Rosada era el propio Zabaleta, tanto por su cercanía con el Presidente como por su experiencia en el tema.

Quien rompió el molde de la convivencia pacífica durante el período de aislamiento social, y en más de una oportunidad, fue el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni. Sus intervenciones van más allá de incomodar en la Rosada al afirmar que la conductora es Cristina o al reclamar a viva voz en un canal de aire un mayor apoyo de su par nacional, Sabina Frederic. Berni sabe que después del período de aislamiento, el tema de la seguridad, sobre todo en el Conurbano, se pondrá más difícil y se colará en la agenda política. No sólo se ataja, le pasa la pelota a Nación y, como corolario, deja sentada una de las bases en las cuales puede apoyarse una probable nueva tirantez entre la Provincia y el Gobierno central.

“Sin la pandemia de por medio, lo de Berni era un escándalo, se hubiera armado un lío bárbaro”, reconocieron en ámbitos nacionales, donde saben bien que el ministro juega de memoria con Cristina. Esa mecha se encendió porque el responsable de la Seguridad bonaerense reaccionó ante un acuerdo entre Frederic y la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, para el desembarco de fuerzas federales en ese distrito, sin que le hayan informado a él sobre las tratativas. En los reclamos dejó demostrado que lo que quiere es más poder de operatividad y asistencia en la compra de equipamiento. Kicillof, tampoco es ajeno a esa petición, porque la inseguridad, siempre, les pega en la línea de flotación a los gobernadores.

Berni, además, se cruzó con algunos intendentes y hasta mandó mensajes encriptados hacia el interior del propio gabinete bonaerense. Entre los alcaldes, a la pelea distrital histórica con Osvaldo Cáffaro en Zárate le sumó un cruce con Zabaleta, quien salió en defensa del Gobierno nacional. En rigor, detrás de lo visible se escondía una molestia del jefe comunal porque en la zona norte del Conurbano, incluso en su municipio, aparecieron pintadas con el nombre del ministro, cuyas aspiraciones políticas, nunca quedaron archivadas.

En el entorno de Zabaleta aseguran que el capítulo está cerrado, y que la intención del intendente al responder fue “que todo el mundo ponga la cabeza donde hay que ponerla, porque no hay margen para otra cosa, y todos debemos concentrarnos en nuestra tarea, dejando las diferencias para otro momento”. Como fuere, lo sucedido en torno a los reclamos del responsable del Ministerio de Seguridad provincial no hace más que anticipar un probable escenario donde los intereses políticos de la variopinta coalición gobernante podrían chocar con la fuerza de dos trenes de frente. Por ahora, las exigencias que requiere la crisis sanitaria mantienen en sus vías a casi todos los protagonistas.



RECURSOS DE NACION A PROVINCIA
La banca económica de Alberto que le da un respiro al Gobernador

Alberto Fernández conoce las rencillas internas, pero las esquiva; por el momento prefiere soslayar los cruces entre Sergio Berni y Sabina Frederic y surfea la tensa relación entre el mandatario bonaerense, Axel Kicillof, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Sabe que mientras dure el efecto coronavirus, nada de eso estallaría de modo tal que pudiera afectar a su propia gobernabilidad.

Será una cuestión para resolver el día después. Pero sí puede desestabilizar su zona de confort si en medio del aislamiento obligatorio se desata una crisis social que desborde a los intendentes del siempre candente Conurbano.

Por eso, Nación presta singular atención a las vicisitudes económicas de la Provincia, y la asiste económicamente, como para que tampoco haya quejas ni excusas “Hemos jugado bien bancando a Axel con la guita”, fue la escueta, coloquial y contundente respuesta que brindó a La Tecla un vocero de la Casa Rosada al ser consultado por cómo estaban las relaciones entre ambos ejecutivos, sobre todo después de los cruces en materia de Seguridad.

Y los datos confirman que sí, que Alberto viene jugando bien con Kicillof en la asignación de fondos. De enero a junio, la Provincia fue asistida por el Estado nacional con más de 91.000 millones de pesos por transferencias discrecionales, que no son coparticipables con los municipios. Es decir que Axel Kicillof, en el primer semestre de su gobierno, recibió por parte de Alberto Fernández una ayuda extra de aproximadamente 20.000 millones de pesos más de los que María Eugenia Vidal tuvo por parte de Mauricio Macri durante todo 2019.

Es cierto que de esta manera, Nación compensa a la Provincia por la caída de la coparticipación derivada de una menor recaudación de impuestos por la pandemia, pero de los datos económicos surge que de los giros discrecionales realizados por el Estado central a las provincias (unos 188.000 millones de pesos), casi el 50 por ciento vino para Buenos Aires.

NTENDENTES – PROVINCIA
La compensación económica que mantiene las aguas en calma

“La caída de la coparticipación fue del 22 por ciento para los intendentes, pero el Gobernador, con la distribución que les dio, les garantizó la coparticipación y un poco más de lo que perdían, que sirvió para compensar también la reducción en el cobro de tasas. La verdad es que Kicillof, a través del ministro de Finanzas, Pablo López, les ha dado mucha guita a los intendentes”, dijo a La Tecla un legislador de Juntos por el Cambio, conocedor de los números provinciales.

El parlamentario sostuvo que, además, el mandatario provincial permitió que “hacia dentro de las coaliciones distribuyan esa plata por el método que ellos consideraran”. Es decir, los espacios políticos pudieron decidir la manera del reparto, con lo cual, los intendentes “tuvieron mucho juego”, por lo que no se escuchan quejas al respecto, ni siquiera de parte de los alcaldes opositores.

El Gobierno provincial giró a las intendencias 10.300 millones de pesos entre marzo y mayo. De ese monto, 3.300 millones (mediante diferentes programas) se repartieron por el Código Unico de Distribución (CUD), que se utiliza para la coparticipación; aunque de ellos, 2.000 millones se entregaron en concepto de préstamos para asistir urgencias financieras. También por préstamos se dieron otros 3.000 millones de pesos, requeridos por aquellos municipios que vieron caer abruptamente su recaudación y no les alcanzaba para afrontar las obligaciones salariales. Mientras que los 4.000 millones restantes fueron girados a través de Adelantos del Tesoro Provincial (ATP).

En cuanto a los préstamos, es dable consignar que el Ejecutivo envió a la Legislatura un proyecto de endeudamiento en el que, en el primer artículo, determina la extensión del plazo para la devolución del dinero de 18 meses (en principio era de 12). Este fue un pedido de Juntos por el Cambio. No obstante, algunos sectores, como Cambio Federal, pugnan por que ese dinero no sea devuelto por los distritos a la Provincia.
Por otra parte, el Gobierno nacional anunció la disposición de 20.000 millones para obras de infraestructura en el Conurbano. Con estos anuncios, los giros ya dispuestos y los previstos, los intendentes permanecen tranquilos en cuanto a las finanzas, y eso es un paliativo importante a la hora de evitar cruces políticos.



ALBERTO Y LA OPOSICION
Cómodo con los referentes locales de Juntos por el Cambio

La excelente relación de Alberto Fernández con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que provoca celos y enojos en las alas más duras tanto del Frente de Todos como de Juntos por el Cambio, tiene una correlación en la provincia de Buenos Aires. “Hay un muy bien diálogo personal con Jorge Macri, (Diego) Valenzuela y (Néstor) Grindetti”, ratificó a La Tecla una fuente de la Casa Rosada.

En efecto, el Presidente se siente muy cómodo en el trabajo que debió entablar con los intendentes de la oposición a raíz de la llegada del COVID-19. Del otro lado, los jefes comunales de Vicente López, Tres de Febrero y Lanús correspondieron sin críticas harteras y una militancia en favor de dejar la grieta de lado mientras dure la pandemia.

En rigor, los dirigentes del PRO con responsabilidades institucionales lograron una simbiosis impensada con el oficialismo nacional. Si desde la oposición se escucharon algunos cuestionamientos, llegaron más bien por el lado de los radicales.

Con Provincia, la cosa no es demasiado diferente, y organizativamente se ha sostenido un trabajo mancomunado. Sin embargo existieron algunos roces, sobre todo, con Jorge Macri. En calle 6 no ocultaron el enojo cuando el mandamás de Vicente López criticó al Gobernador, principalmente después de los cuestionamientos que Kicillof le hizo a la gestión de María Eugenia Vidal. También lo trató de personalista, al afirmar que “toma todas las decisiones él, sin consultar a los intendentes”. Le respondió la ministra de Gobierno, Teresa García, quien, en Twitter, le escribió: “Intendente, ud. recibió mucho apoyo financiero, mucha ayuda en insumos sanitarios. Y su municipio es uno de los que más actividades habilitadas tiene. ¿Le parece prudente seguir envenenando y confundiendo con sus opiniones?”. Cruces de ese tenor no hubo con funcionarios nacionales.

LOS LEGISLADORES RECLAMAN MAS JUEGO
Una de cal y una de arena en la negociación política

La compensación económica que la administración bonaerense giró a los municipios para mantener calmos a los 135 intendentes es una maniobra política destacada hasta por los referentes de la oposición. Sin embargo, la estrategia de Axel Kicillof dejó afuera de ese juego a una pata importante, que ahora necesita. “El error del Gobierno es no sentar a la misma mesa a los legisladores y a los intendentes, para sacarle el mismo compromiso a la Legislatura. El arregla con los intendentes, pero no tiene efecto en la Legislatura”, reflexionó una de las espadas más importantes de Juntos por el Cambio en el Parlamento provincial. Incluso en el principal frente opositor existe una subterránea puja interna por esta situación. El Gobernador debió retirar parte de la Ley Omnibus enviada en mayo porque no pasaba por el filtro opositor el pedido de endeudamiento. Ahora envió un nuevo proyecto para solicitar autorización para endeudarse por 500 millones de dólares y 20.000 millones de pesos, además de pedir una ampliación de 8.000 millones de pesos en el monto de emisión de Letras de Tesorería. Esto abre un nuevo período de negociaciones con la pata legislativa de Juntos por el Cambio. No pocos coinciden en que si eso se hubiera puesto sobre la mesa en el mismo momento que los intendentes reclamaban la ayuda financiera para paliar sus finanzas, el tema estaría resuelto.