JUEGOS SEXUALES
16/09
Atrevete al BDSM a tu medida
Sin salir a llenarse de látex, cuero y tachas se puede probar cuán placentero puede ser el dolor, la restricción de movimientos o interpretar nuevos roles en la intimidad. Animate a probar.
Broches, cintos, corbatas, bufandas, espátulas, barbijos, hielos, velas, cosas que puede haber en tu casa pueden servirte para iniciarte en el BDSM. La siglas remiten a Bondage, Disciplina, Sumisión y Dominación y son los cuatro elementos que se ponen en juego en este tipo de vínculo sexual.

El primer paso para avanzar en esta opción es sentir curiosidad y permitirse explorar sin miedo al ridículo o la risa; el encuentro sexual no tiene por qué ser un evento solemne
Varias de las prácticas y objetos utilizados en este tipo de fantasía son deformaciones o adaptaciones de instrumentos de tortura real, la diferencia radica en el consenso, confianza, acuerdos de seguridad y negociaciones.



El Bondage viene de una disciplina japonesa nacida para capturar prisioneros y una de sus formas es el shibari; cuando alguien se especializa en este conocimiento también puede aplicar distintos tipos de nudos, de cuerdas, y hasta lograr suspender un cuerpo en el aire. Sin embargo, para comenzar, con un simple laso, pashmina, lo que esté a mano alcanza para atar ambas manos, pies, alguna extremidad a algún mueble, baranda o lo que sirva a ese efecto. Sin perder de vista que es una actividad en la que debe mediar la comodidad y el respeto.

El segundo elemento, la disciplina, implica que cada una de las partes involucradas debe comprometerse a cuidar, respetar y llegar hasta donde se permita. La restricción de movimiento, sobre todo, es una práctica que debe basarse en la confianza.
En cuanto a la sumisión y dominación, se puede asumir como un juego, como personajes que se encuentran en esa situación, en los que está permitido usar otros nombres, jugar con características que modifiquen el lugar que ocupan las personas normalmente, que sea un desafío.

Por último la escala de dolor se puede ir subiendo de a poco, probar con leves golpes usando solo las manos, subir la apuesta con algún elemento tipo látigo, siempre cuidando de no pasar cerca de zonas sensibles como la cara o los genitales y avanzar si resulta placentero; en eso radica la clave de esta práctica.