Revista Qué

29 Abr 2015 | el análisis de las PASO

Euforia y balotaje

Es muy difícil que Larreta zafe de la segunda vuelta. Hizo una elección por arriba de las expectativas. Le ganó a Michetti en toda la Ciudad. Pero los 47% del PRO no le alcanzan para eludir el 19 de julio. El nuevo rol de Gabriela. Lousteau, un rival incómodo. El papelón de Massa y la izquierda que siempre respira

Los casi 520 mil votos de Horacio hablan por sí solos. Sacó mayor luz de la que hubiese imaginado el pronosticador más avezado sobre Gabriela: una diferencia supe-rior a los 170 mil sufragios. Y 192 mil por encima de Martín Lousteau. Fenómeno. Una victoria inobjetable, contundente y determinante para el PRO, no sólo en la Ciudad, sino posiblemente también a nivel nacional.

voto por partidoLa pregunta del millón es si semejante ventana entre uno y otro le alcanzará al “Pelado” Larreta para evitar la segunda vuelta, luego de la general del 5 de julio. Ya per se, el 47% de los votos generales del PRO el domingo último es insuficiente para eludir el balotaje.

Michetti juntó 345 mil votos. Vistos así solos son un montón, pero no le alcanzaron para ganar, pero sí para mantener una cuota clave de poder y hasta poder negociar en estos días cruciales de cara a las generales.

Gabriela fue maltratada por la mesa chica del PRO, hasta casi expulsarla fácticamente del partido. Ella así lo sintió. Hoy Macri, aun más ganador que nunca, debe también negociar con ella.

Nadie puede determinar hoy con certidumbre cuántos de esos 345 mil votos son del PRO puro, que irán directamente a Larreta, cuántos independientes que pueden migrar de acuerdo al humor coyuntural, o cuántos propios de la senadora.

Indudablemente en el voto a Michetti, que es el gran tema a analizar de estas horas, hay un componente del “voto contra Mauricio”, con más perfil radical, progresista y acaso más cercano en lo ideológico al economista Lousteau que al ingeniero Macri.

¿Y entonces por qué votaron al PRO? Simple, para que no ganara Larreta. De hecho, Massa apostó a este escenario. Le facilitó fiscales a Gabriela, junto a un sector del peronismo. Obvio, todo mal le salió al tigrense.

El tema es dónde irán esos votos, que por pocos que sean, son relevantes para que Larreta supere el 50 por ciento que exige la Constitución porteña de 1995.

Horacio, quien supo capitalizar el abrazo determinante que le dio el Jefe de gobierno en la campaña, precisará más de los votos que sacó el PRO: alrededor de 865 mil. La cifra mágica bordea los 920 mil para vencer en la primera vuelta; algo inédito hasta ahora. Ni Ibarra, ni Macri lo lograron.

Especulaciones

voto jefe de gobiernoEstá claro, la política como ciencia social que es, tiene poco de matemática. A veces si dos candidatos se suman, los votos restan; o cuando dos se separan, uno de ellos crece. Pero Larreta no sólo precisa de todos los que acompañaron a Michetti, sino unos 60 mil más. ¿De dónde los sacará?

De las fuerzas que quedaron afuera del 1,5 del piso de las PASO es difícil que pueda rascar mucho el PRO, salvo de los insignificantes 0,5% de Ivo Cutzarida. O del hiriente (para Massa) 0,89% que obtuvo el economista Guillermo Nielsen. Entre los dos, sumaron 26 mil votos.

Los espacios de izquierda que mirarán las generales por tele difícilmente apoyen a Larreta. Casi imposible. Son los casos de Lozano, MST, Gustavo Vera (Bien Común), la centroizquierda de Surgen (Abrevaya le ganó por poco a Tumini) o el MAS.

Mucho menos quienes votaron en el FpV a Gabriela Cerutti, Aníbal Ibarra o Carlos Heller (hizo un papelón, con 7,8 dentro de la interna). Salvo catástrofe, todo eso irá para Mariano Recalde o, quizás a alguna otra expresión de la izquierda, como Myriam Bregman (FIT) o Luis Zamora (Autodeterminación y Libertad). Pero jamás con Larreta.

Por si quedan dudas, Nielsen leyó luego del porrazo tremebundo que los votos de Massa fueron hacia Michetti. No es simple determinar hoy cuántos son.

Así las cosas, parece muy difícil que el actual Jefe de gobierno, quien sigue de merecido festejo, pueda vencer en primera vuelta. Está claro, nadie lo logró hasta ahora. Pero constituye un tema a negociar.

Mimar a Gabriela

El consultor Rosendo Fraga ya recomendó que “traten bien a Gabriela”. Michetti se bajó del escenario cuando empezó el jolgorio principal del PRO y el baile de Macri. Hasta último momento dudó en sacarse la foto con los vencedores. Ella fue la gran de-rrotada del partido, pero a su vez quien hoy se transformó en una piedra en el zapato.

El PRO, ni Macri ni Larreta, hoy puede darse el lujo (o el gusto) de dejarla afuera de todo, ni de maltratarla. No sólo porque la precisan en la campaña para la Ciudad, sino también en la Nación. Es una figura fundante del PRO y no puede permitir que pegue un portazo. Si lo hace, podría horadar al partido. Hasta Durán Barba y Marcos Peña lo saben.

Aun derrotada, la figura de Michetti no sólo es importante para Horacio en la Ciudad, ya sea para una primera o segunda vuelta, sino básicamente para la campaña presidencial de Macri. Y eso es lo que más le importa al PRO. Hoy la mesa chica descuenta que ganará la Ciudad, aún en el balotaje, pero en la grande nacional no hay tantas certezas. No se pueden dar el lujo de morder ningún sapo. Hoy Gabriela puede hacerlos sudar. Ella, y ellos lo saben.

Rival incomodo

Si bien son horas de ruidosos festejos, puertas adentro existe otro potencial inconveniente: cómo diferenciarse de Lousteau, un profesional canchero, sin corbata, despeinado y pintón. Es decir, un tipo bien del PRO. Para colmo, sacó más votos de los que se esperaba y tratará de arrimar aún más el bochín el 5 de julio. El economista quedó a tan sólo 20 mil sufragios de Gabriela. Es un golazo en términos electorales.

Al gobierno porteño le convenía la figura de Graciela Ocaña, pero básicamente la de Recalde. Eso era el blanco/negro o la otra cara de la moneda. Con el titular de Aerolíneas Argentinas la polarización hubiese sido más clara, evidente y palmaria. Con Lousteau hay más puntos comunicantes que de desunión. No sólo se percibe en la imagen, sino también los hechos. Michetti le tenía preparado al ex ministro de la 125 la cartera de Hacienda si ella ganaba. ¿Ahora, lo matará a críticas?

Muy difícil. Es un dirigente incómodo para el PRO, más allá de la ventaja evidente que le lleva en los números. Encima, hasta Tinelli le mandó un elíptico apoyo al clon del brasileño Guga.

Con este escenario, es prácticamente improbable que salgan eyectados del Gabinete los michettistas puros como Hernán Lombardi, Guillermo Montenegro o Gustavo Chain. Aunque la grieta es fuerte, no habrá pase de facturas. No le conviene a nadie; excepto que Michetti quiera mover y romper luego el avispero. Difícil.

Recalde, el cuarto, cargó con el karma de La Cámpora, que no puede ganar elecciones, pero también es cierto que cualquier candidato del gobierno no iba a dar el batacazo en la Ciudad. Ningún peronista de pura cepa lo dio hasta ahora. El FpV retrocedió unos casilleros más en un distrito históricamente adverso, y constituye otra incógnita de cara a las generales. ¿Votos del peronismo irán con Lousteau para hacerle fuerza a Larreta? ¿Migrarán en pos del voto útil para que no gane el oficialismo? Recalde precisará sí o sí polarizar aun más con el macrismo para desplazar a Eco. Parece una mi-sión muy compleja: en las PASO quedaron a más de 100 mil votos de diferencia entre Martín y Mariano. Son muchos para recortar en tan pocos días.

Posición adelantada

Quien quedó claramente en off side fue Massa. Su candidato no sólo que naufragó, sino que sucedió algo peor: un peronista que aspira a la presidencia demostró una asombrosa incapacidad para armar en un distrito clave. Enseña siempre un maestro del PJ: “Puede fallar cualquier cosa, pero jamás el armado”. El tigrense quedó con la curva hacia abajo en todas las tendencias de cara a las PASO de octubre. Nielsen, un caballero, no le pasó facturas. Pero está claro que lo dejaron solo. No lo acompañó ningún dirigente de peso del Frente Renovador. Su estrepitosa derrota era cantada. No se escucharon autocríticas puertas afuera.

Como contrapartida, quien festejó fue el inoxidable Luis Zamora, quien sin hacer prácticamente ni un centímetro de publicidad, con la campaña más austera de la que se tenga registro, superó el piso y se metió entre los cinco que llegarán a la final. Allí también estará Bregman, del FTI, la coalición del Partido Obrero y el PTS, que se constituyó en la fuerza de izquierda más votada, incluso muy por encima del MST-Nueva Izquierda, que hizo un papel por debajo de las expectativas.

Algo parecido sucedió con la exótica apuesta de los hermanos Rodríguez Saá con Ivo Cutzarida, quien ratificó una lógica bien sabida en política: no siempre una presentación fugaz y mediática con un tema puntual (en este caso la inseguridad) da resultados en las urnas. Igual, está claro: nadie esperaba mucho más del actor que tuvo su segundo tiempo de fama con una retórica de mano dura.

En definitiva, las PASO dejaron al PRO más triunfante de lo previsible, a la figura de Larreta en primerísimo nivel, a Lousteau como un rival incómodo, a Michetti como la mujer a mimar; y con la sensación en el ambiente de que la segunda vuelta será inevitable el 19 de julio.

LEA LA NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA Nº 29 DE QUÉ.

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