Revista Qué

10 Ago 2015 | Superación

Contra el dolor: la historia de Analía Gurri

Analía Gurri superó una dura historia familiar de muerte y dolor, como la de su hermano y su padre. Pudo poner el dolor en palabras gracias a la terapia, en el libro ‘Historias del Corazón: chicos que le ganaron a la vida’. 

analia“A los 11 años me enteré que mi hermano Gustavo (con quien éramos muy compinches y me llevaba 10 años) tenía HIV. Por aquel entonces ésta enfermedad prácticamente no tenía cura. No había medicación, sólo algunos comprimidos para regular las defensas de los pacientes que en ese momento no tenían una buena perspectiva”.

“Lentamente, Gustavo fue entrando en una depresión de la que le costó un largo tiempo salir. A partir de ese momento yo pasé a ser su sostén. Fui testigo de varios intentos que tuvo por quitarse la vida”.

“Una vez lo encontré queriéndose tirar del balcón, lo agarré de una pierna, empecé a llorar, a  gritar y a suplicarle que no me dejara sola. Él solo me gritaba que se quería morir, pero yo insistía en que no me podía quedar sola porque no tenía a nadie más que a él. Mi hermano se puso a llorar y no habló más. Por suerte, pude evitar esa tragedia. Pero desde ese momento, se perdió mi infancia”.

“Sin poder controlar su cuerpo y su mente, él reaccionaba involuntariamente con violencia. Si bien sus golpes me dolían, yo trataba de aguantar la situación. Me iba a mi habitación, metía la cabeza debajo de la almohada y me ponía a rezar para que la noche terminara lo más rápido posible”.

“Una tarde mi papá se encontraba sentado en el sillón del living cuando, de repente, sintió que no pudo contener la orina. En el mismo momento se quejó de que le dolía fuertemente el pecho. Mi mamá llamó a la ambulancia y cuando estaba ingresando el médico, él se murió de un infarto en mis brazos”, se refirió Analía.

Mi hermano murió cuando tenía 32 años. Sentí mucha bronca, mucho odio por lo que había sufrido él desde tan joven. Y me volví a sentir sola, triste y desprotegida”. 

“Al poco tiempo hice terapia y me permitió abrir la puerta para confesar todas las emociones por las que estaba atravesando por aquellos días. También me ayudó a pensar en la posibilidad de darle un sentido a mi vida. Y sentí que pese a que aún era una adolescente era tiempo de empezar a pensar en la posibilidad de tener un hijo, formar mi familia”. 

“A los 17 me puse de novia, y a los pocos meses quedé embarazada. Alan (15) llegó para brindarme ese amor incondicional que tanto buscaba. Al poco tiempo me separé de su papá, estuve sola un tiempo y años después volví a apostar por el amor. Y fruto de esa historia nació Nahuel (9), un hermanito buscado para acompañar en sus travesuras a Alan”.

“Creo que si no hubiera tenido a mis hijos quizás hubiera caído en una depresión y no sé si tal vez en las drogas o en un suicidio. Mis hijos son mis dos pilares, son todo para mí”.

Analía se recibió de Profesora de Instructora en musculación, y desde hace unos años trabaja en un gimnasio, donde sostiene que prioriza mucho la relación con sus alumnos por su historia de vida.

Sueño con tener mi propio gimnasio en Boedo pensado más en un lugar para la mujer, con un sector de estética más la clásica parte de complemento”, concluye Analía.

 

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