Revista Qué

9 Oct 2017 | Para ayudar a su marido

La empleada doméstica que ahora es abogada

Alba Susana Changala tiene 9 hijos, y hasta hace poco trabajaba limpiando casas, pero hace una semanas es oficialmente la doctora Changala, ya que se recibió de abogada en la Universidad de José C. Paz para ayudar a su marido preso. 

Fueron 5 años en los que estudiaba de 3 a 6 de la mañana, el único momento del día en el que no tenía que cumplir con otras obligaciones“, comienza su relato.

En 2016, en el último día de clases decidió que estaba lista para ejercer su profesión, y dejó su trabajo anterior. Para sus hijos es un orgullo y un ejemplo porque Susana terminó la carrera con todas las materias con un promedio de 9.50.

Uno de los grandes motores que la llevaron a elegir el Derecho fue la condena que recibió su marido, que aún tiene por delante dos años más en la cárcel.

Alba asegura que la causa por la que fue detenido es injusta, y ella lucha por defenderlo.

Junto a sus hijos, vive en el barrio Frino de José C Paz. Para la flamante abogada, su barrio ‘es uno de los más picantes de la zona’.

Hasta que su marido fue detenido, Alba era ama de casa. La situación la obligó a repensar cómo haría para poder vivir, mantener a sus hijos y, fundamentalmente, demostrar que su marido es inocente.

Quería ayudar a mi esposo”Quería ayudar a mi esposo, necesitaba respuestas y para poder obtenerlas era fundamental tener el título“, afirma Changala.

Como la facultad queda cerca de mi casa me fue fácil asistir a clase. Los profesores nos prestaban los libros porque con mis compañeros, también trabajadores, no teníamos plata para comprarlos“, relata Alba para describir el esfuerzo de los últimos años.

Alba no puede olvidar el primer día que fue a clases: “Todos los del turno noche estábamos en la misma: trabajábamos e íbamos a estudiar. Uno de mis compañeros trabajaba en una panadería y llegaba siempre con los zapatos llenos de harina; otro, que se sentaba atrás mío, era albañil. Ahora los veo de traje y me emociona“.

Cuando mi esposo estaba en la Unidad 1 de Olmos o en la cárcel de Sierra Chica, no llevé a mis hijos a visitarlo. No los hice pasar por eso. Hasta le tenía que llevar comida. Era una cola de 200 personas para entrar con mercadería. Requisas espantosas, una vez me quisieron desnudar adelante de 3 o 4 personas más para hacer más rápida la fila. O tuve que dormir en la vereda para llegar a entrar, si vas tarde no entrás. Capaz que estás 5 horas haciendo cola para ver media hora a tu familiar“, detalla.

Nosotras somos inocentes, pero nos tratan como culpables, nos sentimos muy maltratadas. Ahora que mi marido está en una unidad mejor en Olmos, sus hijas van de vez en cuando a ver a su papá. Porque hay sistemas más tecnológicos y menos abusivos. Un detector de metales (como el que usan los patovicas en los boliches). Antes, había mujeres que salían descompuestas de las revisaciones“, agregó.

Ni bien terminó de estudiar comprobó que tener el título marcaba la diferencia. “Hacía meses venía peleando para que me habilitaran el cobro de la jubilación de mi marido, pero era inútil. Un día pude argumentar por qué nos correspondía, era nuestro derecho. Me presenté en la Anses como ‘la doctora Alba’ y el trámite se destrabó“.

Lo había intentado tres veces sin éxito. Pero esta vez, su derecho era el mismo pero ella sabía cómo defenderlo. “Ahora me respetan y me miran desde otro lugar“, concluyó Alba.

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