Revista Qué

8 Sep 2015 | La lucha de una pareja

La historia de Kimberley y David: amor infinito

Desde el día en que nació, los médicos estaban seguros de que Kimberley Marshall moriría pronto. Padecía fibrosis quística, un trastorno genético letal.

davidPara asombro de todos, Kim llegó a tener la fortaleza suficiente para asistir a la escuela primaria. Hasta tomó clases de ballet y formó parte de un equipo femenino de fútbol. Pero la mejoría de Kim era temporal.

Aunque hoy existen tratamientos pulmonares y medicamentos que permiten a los pacientes llevar una vida productiva y sin dolor, la esperanza media de vida entre ellos es de unos 29 años.

David Crenshaw vio por primera vez a Kim en la primavera de 1986, cuando ambos estaban recibiendo tratamiento en el mismo hospital.

Ella tenía 16 años; David tenía 18. Era difícil imaginar que pudiera surgir una atracción entre ellos. Durante dos años David pasó muchas veces por la puerta de Kim, y juntó valor para asomarse y saludarla. Ella lo miraba, le sonreía levemente y volvía a su lectura. El muchacho no se desanimaba.

A finales de 1988 Kim inició una relación intermitente con otro enfermo de fibrosis quística, un joven llamado Steve. “Yo sabía que no iba a durar”, comentó David. “Tenían miedo de comprometerse”. Efectivamente, esa relación amorosa terminó.

En el otoño de 1989, cuando David y Kim se habían marchado de nuevo a casa, él la llamó para invitarla a cenar. Ella rechazó la invitación, pero David no se dio por vencido.

En el caso de David, los padres llegaron a proponerse criarlo como a un muchacho sano pensando que, si se aferraba mucho a la vida, lograría vencer la enfermedad. De hecho, jamás llegó a comportarse como un enfermo, y cuando tuvo que hospitalizarse, tomó la loca costumbre de organizar carreras de sillas de ruedas en pleno hospital.

Seis meses después de su primera cita, los jóvenes anunciaron su compromiso… para consternación de sus familiares, amigos y médicos.

Y el 27 de octubre de 1990, Kimberley Marshall, de 21 años, juró amar para siempre a David Crenshaw, de 23 años.

La pareja vivía de su modesto ingreso por invalidez, en un apartamento de una recámara que parecía más un cuarto de hospital. Estaba atestado de tanques de oxígeno, medicamentos y un refrigerador repleto de botellas con suero fisiológico.

Las tareas domésticas les parecían una labor de titanes. Tardaban un día entero en limpiar el apartamento y lavar la ropa. Al caer la noche, estaban exhaustos. Pero su felicidad rebasaba todas las expectativas.

A principios de 1993 el médico que atendía a David le hizo un reconocimiento que demostró que sus pulmones se endurecían poco a poco debido a la presencia de líquido cicatricial, y los bronquios se le estaban cerrando. No viviría mucho tiempo más.

No se lo contó a Kimberley, pero en cambio en julio de ese mismo año insistió en que celebraran el cumpleaños de ambos tomándose una semana de vacaciones en Florida (él cumplía 26 y ella 24). Sólo una vez se sintieron lo bastante bien para ir a la playa, e incluso en esa ocasión llevaban sus tanques portátiles de oxígeno; pero se sentaron juntos, tomados de la mano.

David ingresó en el hospital el 21 de octubre. Kim permaneció a su lado. Intentó escribir una carta a los funcionarios de Medicare, el programa gubernamental de atención médica, para rogarles que tomaran en cuenta a su esposo para un posible trasplante de pulmón, el último recurso para algunos enfermos de fibrosis quística, pero no pudo terminarla.

Cinco días después, a David se le amorataron los labios y las uñas. Incapaz de hablar, David murió.

No habían transcurrido 24 horas desde el sepelio cuando Kim entró en estado de shock. Una semana después, Dawn la llevó al hospital. Luego de examinarla, el doctor Kramer les dio a los padres un diagnóstico muy poco convencional.

Kim estuvo en semicoma durante dos días. Luego, en la madrugada del 11 de noviembre, recobró la conciencia, abrió los ojos y comenzó a hablar con voz muy baja y serena; sin embargo, nadie entendió sus palabras.

Una enfermera dijo que parecía estar hablando con David. Entonces Kim cerró los ojos y murió. La enterraron junto a su esposo.

 

 

 

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