Revista Qué

19 Ago 2015 | Morir para dar vida

Le salvó la vida a su padre

Patti Szuber de 22 años, era la menor de los seis hijos, de Jeanne y Chester Szuber, y una de los dos que aún vivían con ella y su marido.

patti 1 pattiPara Chester su mayor felicidad era su numerosa y unida familia: Jeanne, sus cuatro hijos y sus dos hijas. Aunque nunca había señalado a ninguno de ellos como favorito, todos sabían que Patti era su adoración.

La familia Szuber vivía en Berkley, un suburbio de la ciudad de Detroit. Su casa, situada en la arbolada calle Phillips, era una de las decenas de pequeñas y bien cuidadas viviendas de un barrio donde las familias se conocían desde hacía varias generaciones. Jeanne se crió a una cuadra de distancia de su hogar de casada.

Los esposos vivieron muy felices al principio, pero también con una seria preocupación: algo andaba mal con el corazón de Chester. De 1,83 metro de estatura y 73 kilos de peso, había jugado en un equipo de béisbol, pero cuando cumplió 32 años todo empezó a cambiar.

Un día en que salió a trotar, su corazón enloqueció. “Me latía rápidamente y con violencia”, recuerda, “como si quisiera salir del pecho”. Los médicos discreparon en cuanto a la causa de la arritmia, pero los angustiosos episodios persistieron.

Finalmente, luego de una semana de intenso dolor, Chester se sometió a una serie de pruebas especializadas y recibió un diagnóstico sombrío: había sufrido un infarto. Un médico le explicó que, debido a una aterosclerosis avanzada, tenía obstruidas las arterias del corazón.

Era la madrugada del 18 de agosto de 1994, cuando sonó el teléfono en la casa de los Szuber para avisarle que su pequeña hija Patti había sufrido un accidente en una sinuosa ruta en el parque nacional Great Smoky Mountains, y que había sufrido una grave lesión en la cabeza a causa del choque.

Unas horas después de haber recibido el llamado del hospital, la familia Szuber y un grupo de parientes y amigos partió a Knoxville para estar al lado de Patti. Chester y Jeanne relataron una y otra vez los sucesos que habían culminado en esa pesadilla.

Como última diversión antes de regresar a la rutina de estudiante, Patti se fue de campamento con Todd a las montañas Great Smoky.

En el segundo día, se toparon en el camino con una animada taberna llena de música y jóvenes de la localidad; luego, con los amigos que hicieron allí, se marcharon a una fiesta que había en un sitio cercano.

“Nos divertimos mucho bailando y bebiendo cerveza”, recuerda Todd. “Pero como Patti y yo habíamos acordado que uno de los dos tenía que manejar, dejé de beber una hora y media antes de irnos”.

El choque ocurrió a las 2:20 de la madrugada en una curva cerrada, cerca del pueblo de Pigeon Forge. Iban a unos 30 kilómetros por hora por encima del límite de velocidad.

De pronto, Todd perdió el control del volante, y se estrelló contra una saliente rocosa. Ninguno de los dos jóvenes llevaba puesto el cinturón de seguridad.

Cuando el auto se detuvo, Patti, que salió disparada con violencia, yacía de espaldas sobre el suelo, inconsciente. Todd sufrió heridas y contusiones múltiples, pero ninguna de ellas grave.

Cuando Todd fue al Hospital , en un pasillo se encontró cara a cara con los esposos Szuber. En ese momento no supo qué era mejor, si desaparecer o quedarse y enfrentar la furia de Chester. “Tan pronto como me vieron, Jeanne me envolvió entre sus brazos y me dijo que me quería”.

A continuación, Chester se acercó a él, lo abrazó con afecto y le dijo que sabía que no era capaz de hacerle daño a Patti deliberadamente. El joven se puso a llorar.

Chester y Jeanne entraron en el cuarto para darle a su hija el último adiós. Los médicos les dijeron que el cerebro de Patti estaba tan dañado, que no había esperanza de que sobreviviera.

Una vez que los doctores declararon la muerte cerebral de la joven y que Chester entregó los formularios de donación firmados, Susan Fredenberg, enfermera de los Servicios de Donación de Tennessee, le hizo una sugerencia al padre, que el corazón de Patti podría ser para él. Se lo podrían trasplantar.

Chester se quedó helado. Se sentía agobiado por el problema inmediato de arreglar el funeral y el traslado del cuerpo de Patti a Michigan, con el resto de la familia. Ni remotamente se le había ocurrido la idea del trasplante. Si aceptaba, cada latido del corazón le recordaría la pérdida de su hija. Entonces pensó que habría sido mejor que hubiera muerto él.

Cuando el doctor Altshuler entró en el  quirófano, el pecho de Chester ya estaba abierto y conectado al aparato que iba a suplir la función cardiopulmonar durante la operación.

Haciendo caso omiso de su cansancio, el cirujano se apresuró a extraer el deteriorado corazón de Chester y luego empezó a trasplantar el de Patti en su lugar. Cuando terminó, quitó las pinzas de sujeción y envió la sangre de Chester del aparato al corazón nuevo. Es en ese momento preciso cuando se sabe si el órgano trasplantado funcionará o no.

El corazón de Patti volvió a la vida y empezó a bombear sangre por el cuerpo de su padre. A diferencia de un corazón sometido a cirugía correctiva, que puede tardar meses en funcionar con plena potencia, un corazón sano trasplantado casi siempre funciona a toda su potencia desde el principio.

Han pasado muchos años desde que el corazón de Patti infundió nueva vida a su padre. Chester pronto tuvo la energía suficiente para actividades que la enfermedad le impedía hacer, como cazar caribúes. Y su negocio siguió prosperando.

El vivero de los Szuber está a cargo de su hijo Bob, quien no se percató de lo valioso que había sido el regalo de Patti a su padre hasta el final de un largo día de verano en que vio a Chester trabajando como no lo había hecho en años.

Chester piensa en su hija todo el tiempo, como si estuviera siempre a su lado. Se mantiene en estrecho contacto con su médico y acata sus recomendaciones. “No solo me cuido a mí mismo”, explica. “También estoy cuidando a Patti”.

Cuando no está ocupado en el vivero, el señor Szuber viaja por el país para contar la historia de los regalos de vida que su hija dio, y para exhortar a la gente a comprender la importancia de seguir su ejemplo. “Patti se fue”, dice Jeanne, “pero no está muerta. Sigue viviendo en muchas otras personas”, concluyó.

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