Revista Qué

3 Nov 2016 | Conmovedora historia

Niño sobrevive tras 110 minutos sin pulso

La tarde del 11 de marzo de 2015, Gardell Martin de a penas 2 años, junto a sus dos pequeños hermanos, de Gary 11 y de Greg 7 años, salen a andar en bicicleta al jardín, luego de que el autobús de la escuela los dejara en su casa. 

gardell 1 gardell 2Doyle y Rose tienen en total ocho hijos, el más pequeño es Gardell. El padre de la familia es camionero, por lo cual vive viajando, así que todos en la casa ayudan a Rose, y se cuidan entre los hermanos.

De repente Greg cruza la puerta llorando, “No encuentro a Gardell“, le dice a su madre. “Estaba conmigo!“.  Rose y sus dos hijas mayores, Gloria y Grace, corren hacia afuera, llamando a Gardell. Miran en los dos galpones, pero piensan en la rabiosa corriente.

Rose llama a emergencias, y las chicas, a su padre. Los gritos desesperados de la familia hacen eco, mientras madre e hijos se baten por las orillas del arroyo, amenazados por la velocidad del agua helada.

Randall Beachel está lavando los platos en la cocina de su casa cuando mira distraídamente por la ventana, y ve a Grace y Gary Martin corriendo al lado de la corriente, en su propiedad.

Algo pasa. Grace está descalza, sin abrigo. Gritan. “¿Qué pasa?“, pregunta a Gary. “¡No encontramos a mi hermano pequeño!“. El corazón de Randall se encoge.

Randall encontró al pequeño a casi 400 metros de distancia, enredado en una rama de árbol y con agua brotando a su alrededor, enseguida se tiró y lo saco.

Minutos después llegó una ambulancia, enseguida le tomaron el pulso y se dieron cuenta que algo andaba mal, lo llevaron rápidamente a la ambulancia donde comenzaron con los primeros trabajos de resucitación cardiopulmonar.

La misma continuó durante 101 minutos ininterrumpida en la ambulancia, en un hospital comunitario, a bordo de un helicóptero ambulancia y, finalmente, en la sala de emergencias del Hospital Janet Weis, el ala pediátrica del Centro Médico Geisinger, donde un equipo de aproximadamente 30 médicos y enfermeras, actuó rápidamente para salvar la vida del pequeño.

La temperatura corporal de Gardell era de 25 grados cuando ingresó al Hospital, 11 menos de lo normal. En este caso, la profunda hipotermia del niño actuó a favor, disminuyendo drásticamente su metabolismo y proporcionando a sus órganos “cierto grado de protección contra un paro cardíaco“, dijo el doctor Maffei.

Son más de las 20 y Gardell sigue sin responder. Sin pulso, sin respiración y con un pH bajo: el niño está muerto.

Sin embargo, el Doctor insiste en hacerle el control del pulso una vez más. Por eso, colocan las yemas de sus dedos contra la arteria femoral de Gardell. Para su sorpresa, hay un pulso.

Su colega, el Doctor Rich Lambert comprueba la arteria braquial, ahí hay un pulso fuerte. Emocionados, permanecen en el quirófano, monitoreando el pulso de Gardell durante más de una hora, para luego transferirlo a cuidados intensivos pediátricos.

Maffei camina hacia la sala de espera para encontrarse con Rose. “Gardell está vivo“, dice. Pero había que esperar cómo evolucionaba, ya que, había estado más de una hora sin oxígeno en el cerebro.

Al día siguiente, son las primeras horas de la mañana cuando Doyle Martin ha vuelto de la ruta- Él y Rose se sientan en la cama de Gardell.

Gardell, dice Doyle, como siempre que llega a casa, he vuelto de trabajar para jugar contigo. ¿Quieres jugar?“. Y ante el eterno asombro de todos, el niño abre los ojos y mira a su padre. El mismo niño que, ocho horas antes, estaba muerto.

Gardell permanece en el hospital dos días más, con un sedante suave. Se ha mantenido a 32 grados para evitar que su tejido cerebral se hinche. Comienza a abrir los ojos con más frecuencia, obviamente consciente de su entorno. Se le retira el tubo de respiración.

Al cuarto día un domingo, Gardell vuelve a casa. A la semana siguiente, juega con sus hermanos. “Nunca sabrá lo que pasó“, dice Rose.

Rose señala que el pulso regresó justo en el momento en que el grupo de la iglesia local se reunió para rezar por él. “La hipotermia ofrece cierta protección contra los efectos perjudiciales de la reducción del flujo sanguíneo y de una caída de oxígeno“, dice Maffei.

El frío intenso detuvo el corazón de Gardell, pero también salvó su cerebro, sobrevivió por lo menos durante una hora y 41 minutos. Pero ninguno de los involucrados en el rescate había visto un caso tan extremo.

Randall, el vecino que lo sacó del agua, a veces mira hacia la casa de sus vecinos y ríe al ver al niño jugar con sus hermanos. Para él también es muy sencillo. “Es realmente un milagro“, dice.

 

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