Revista Qué

14 May 2015 | La vida de una escritora

Una infancia difícil plasmada en un libro

Jeannette Walls tuvo una infancia difícil: era pobre, cambiaba de lugar de residencia constantemente, y con frecuencia pasaba hambre. Así creció en la zona desértica del suroeste de los Estados Unidos y en las montañas de Virginia Occidental.

walls 3Cavalos Partidos - Jeannette WallsCon el tiempo salió de la pobreza y se mudó a la ciudad de Nueva York, donde se convirtió en una exitosa escritora de columnas de espectáculos. Sus padres también se mudaron allí, sólo que no tenían dónde vivir.

Una noche, cuando se dirigía a una fiesta vestida con ropa elegante, Jeannette vio a su mamá hurgando en un basurero. Agachó la cabeza y le pidió al conductor del taxi que la llevara de vuelta a casa. Dios mío, ¿qué diría la gente si se enterara de esto?, pensó.

“Me sentí aterrada”, cuenta. “Tenía una vida muy buena, un esposo que me amaba, un trabajo excelente, una casa confortable y, a pesar de todo, me sentía un fraude.

Entonces me obsesioné con la idea de escribir sobre esta situación vergonzosa, aunque sabía los riesgos que implicaba”.

A lo largo de 20 años, Jeannette hizo cuatro intentos por empezar a escribir sus memorias, pero como cada vez se sentía más frustrada y temerosa, desechó el manuscrito.

Finalmente, cuando tenía 44 años, publicó “El castillo de cristal”, el cual lleva casi tres años en la lista de éxitos de librería del New York Times, ha vendido más de dos millones de ejemplares, se ha traducido a 23 idiomas y pronto se convertirá en película.

La obra cuenta la historia de la familia Walls, una familia errante durante décadas a lo largo de EE.UU. Los cuatro hermanos aprenden a cuidar de sí mismos, se protegen unos a otros.

Los padres en muchas ocasiones no actúan como tal, el padre es alcohólico y la madre es una pintora que aborrece la responsabilidad de criar a sus hijos.

Finalmente, a base de mucho esfuerzo consiguen salir del círculo infernal en que se convierte la familia para marcharse a Nueva York. Allí tanto Jeannette como sus hermanos, consiguen sus propósitos.

“Una de las lecciones que aprendí al escribir mis memorias es que todos tenemos mucho en común”.

“Solemos pensar que ciertas cosas sólo nos pasan a nosotros y que reducen nuestro valor como personas. Constantemente aliento a la gente, sobre todo a la mayor, para que escriba sobre su vida. Para mí, fue muy revelador y catártico. Aunque no se hubiera vendido un solo ejemplar del libro, habría valido la pena”, dice Jeannette.

 

 

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