Revista Qué

15 Abr 2015 | Salvando vidas en Manila

Una mujer deja todo para ayudar a los niños

Jane Walker de 32 años, ejecutiva de la cadena de prensa Británica Reed, estaba de vacaciones en Filipinas cuando al tomar un taxi que la llevaba al histórico barrio español de Manila, miró incrédula las precarias viviendas que flanqueaban la calle. ¡¿Quién puede vivir allí?!, se preguntó. 

manilajaneAsombrada decidió bajar allí, a pesar de la advertencia del taxista de que era un barrio peligroso, y camino por las calles mareada de un hedor acre que le irritaba la garganta.

En ese momento se topo con una montaña de basura de 25 hectáreas, uno de los vertederos de Manila. La causa de la fetidez eran excrementos humanos expuestos al sol en bolsas de plástico.

Decenas de chicos descalzos removían la basura en busca de desechos de plástico y metal. Cerca de allí, familias que se ganaban la vida vendiendo los desechos tendían la ropa junto a chozas de cartón, y recalentaban sobras de comida rápida.

Luego llegó luego a un cementerio con los muertos apilados en ataúdes de hormigón. En una casa de asbesto abierta alcanzó a ver a una mujer llamada Juliette Figuerio rodeada de niños, quién le enseñaba a los niños a leer.

Quisiera ayudarlos, pensó Jane, pero el tamaño del problema… A Juliette se le iluminó el rostro con una ancha sonrisa. Ya no puedo retractarme, se dijo Jane.

Era julio de 1996, y a los pocos días Jane regresó a casa, en Gloucester, y se puso a recaudar fondos por todos los medios: pidió donaciones a empresas, saltó en paracaídas, se afeitó la cabeza. Contenta con su labor altruista, le costó readaptarse a las exigencias y tensiones de su trabajo.

En septiembre del mismo año le ofrecieron un puesto directivo en Mirror Group, pero ella pensaba que si lo aceptaba no podría recaudar fondos, así que decidió renunciar y se volcó a recaudar fondos.

Estaba recién casada y pensaba que su esposo, Chris, y ella no pasarían estrecheces. En mayo de 1998 dio a luz a un niño, Josh. Chris, que sufría una depresión, no pudo adaptarse al cambio y la abandonó.

De un día para otro Jane se vio en la condición de madre soltera sin trabajo.

Lejos de rendirse, consiguió tres trabajos contables que hacía en casa, y a fines de 1998 había juntado el equivalente de 8.350 dólares para construir un centro de lectoescritura y una guardería en el cementerio. Se inscribieron 60 chicos.

Durante cuatro años envió 470 dólares mensuales (aunque no alcanzaban) para mantener el edificio, adquirir equipo y dar algo de comida a los niños. “Los niños tienen hambre”, le decía Juliette. “Deben comer más que sándwiches. Y están infestados de lombrices”.

Para recaudar más, Jane fundó el Fondo Comunitario de Filipinas (PCF por sus siglas en inglés).

El diario Gloucestershire Citizen publicó una nota sobre su labor, y ella recibió un alud de invitaciones para dar charlas en escuelas e iglesias.

Las donaciones ascendieron a 49.000 dólares en un año. En Manila preguntó a los líderes de la comunidad a qué querían destinar el dinero.

Como necesitaban una escuela, Jane mandó reformar un almacén abandonado.

Jane admitió primero a los chicos huérfanos o abandonados de entre cinco y 16 años, y luego a los hijos de padres solteros o los que no podían trabajar.

A los pequeños se les daban comidas saludables y vitaminas, y al final del primer año casi todos alcanzaron la medida y el peso adecuados.

Como se volvió imposible dirigir el proyecto de lejos, en julio de 2006 Jane se mudó a Filipinas e inscribió a Josh en la escuela.

Su hermana Andrea dejó su trabajo y hoy dirige la oficina británica del PCF: pide donaciones a empresas y coordina un programa de niños.

Jane dirige la escuela, que ya tiene 60 empleados y 850 alumnos. El primer edificio se usa sólo como guardería. Ella supervisa todo, desde el arreglo de los ventiladores hasta la coordinación de un grupo de padres para hacer uniformes escolares.

Habla a menudo con los niños para animarlos. Algunos le dicen que se sienten culpables de ser ellos, y no sus hermanos los que reciben instrucción.

Jane también dirige un programa en la que los niños juegan al fútbol en una cancha profesional.

Para que todos los niños puedan estudiar Jane hará otra escuela convirtiendo 86 contenedores en aulas. Además, abrió una clínica y un centro de formación para padres. “¡Quisiera haber empezado 20 años antes para tener más energía!”, dice.

Jill Beckingham, esposa del embajador británico en Filipinas y benefactora del PCF, dice: “Jane no se rinde. Gracias a ella, los niños más pobres de Manila tienen un futuro y la esperanza de sacar a su familia de la miseria”.

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