Revista Qué

1 Oct 2015 | Por unanimidad

Regularizan los Centros Culturales de la Ciudad

La Legislatura aprobó el trámite completo para la plena vigencia de la Ley de Centros Culturales, sancionada el año pasado y convalidada luego en audiencia pública. Se aprobó su ingreso como “figura” en el Código de Planeamiento Urbano. Con esto se busca poner fin a las constantes clausuras que sufren responsables de este tipo de lugares.

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó este jueves la incorporación al Código de Planeamiento Urbano de los Centros Culturales, una figura hasta ahora no contemplado que viene a evitar las clausuras que distintas entidades de este tipo sufrían con frecuencia.

Luego de otorgar media sanción por unanimidad en diciembre del año pasado y de realizarse la audiencia pública correspondiente el pasado 21 de abril, los diputados porteños aprobaron de esta manera la completa implementación de la Ley

La norma aprobada hoy define los Centros Culturales como es espacio no convencional, experimental o multifuncional en el que se realizan manifestaciones artísticas de cualquier tipología, espectáculos, festivales, bailes, instalaciones y muestras entre otras expresiones.

La aprobación de la ley, luego de haber pasado por la Comisión de Planeamiento Urbano es resultado de un trabajo conjunto de legisladores de diferentes espacios que coincidieron en la necesidad de esta herramienta y en el texto definitivo, que se discutió hasta última hora.

En efecto, el autor de la iniciativa original Pablo Ferreyra (Seamos Libres – FpV) junto a la coautora Lorena Pokoik coincidieron en un trabajo conjunto con el diputado Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica – ECO) y las macristas Gabriela Seijo y Karina Spalla, titular de la Comisión de Planeamiento Urbano.

“Los Centros Culturales funcionan como espacios de interacción comunitaria. En ellos se brindan talleres artísticos, se crean medios de comunicación, se desarrollan espacios de educación popular, y se les brinda espacio a distintos artistas o colectivos artísticos para mostrar su arte. La finalidad no es el lucro, ni la mera difusión de expresiones artísticas, sino la participación de los vecinos como protagonistas en la producción de cultura popular”, sostienen los fundamentos.

La iniciativa de complementariedad aprobada este jueves es autoría de la Defensoría del Pueblo, y pasó por Audiencia Pública el 21 de abril de 2015 cumpliéndose así lo establecido por los artículos 89º y 90º de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En diálogo con Qué, la legisladora del Frente para la Victoria, Lorena Pokoik resaltó que la norma viene a llenar un “vacío legal” y le pone fin a las clausuras realizadas por la Agencia Gubernamental de Control (AGC), que había protagonizado distintos conflictos al respecto.

“Es una norma participativa que promueve la cultura y considera como sujetos de derecho a los centros de culturales. Promueve la pluralidad y aporta al crecimiento de la democratización cultural”, afirmó.

Legislatura porteñaAsimismo, subrayó que la norma crea el Registro de Centros Culturales para dar cuenta de la realidad de distintas entidades barriales que desarrollan “una labor comunitaria muy importante, que debe ser reconocida”. Un relevamiento no oficial da cuenta que existen más de 150 centros culturales de la Ciudad.

Por su parte, Pablo Ferreyra fijó en la sesión los próximos pasos a dar tras la vigencia plena de la Ley de Centros Culturales como una ley de fomento de la infraestructura de este lugares, de reconocimiento a la actividad de los artistas callejeros y de recuperación de los cines barriales.

“A partir de la sanción de esta ley, los centros culturales porteños que no pertenecen al circuito oficial pueden inscribirse en el registro de usos culturales y obtener la habilitación para salir de la clandestinidad a la que estaban condenados por la regulación vigente”, destacó el titular del monobloque Seamos Libres.

Al proyecto original se le incorporó una modificación que ajusta de forma más acabada la regulación a la realidad de los espacios más pequeños. En el cuadro de usos, se introdujeron categorizaciones en relación al impacto ambiental que permite a los centros culturales más chicos, que son los más vulnerables y en general los que funcionan de forma autogestiva, evitarse trámites engorrosos y onerosos correspondientes a estudios de impacto ambiental. Los centros culturales medianos deberán realizar un estudio de impacto ambiental para definir su categoría y los más grandes estarán categorizados “con relevante efecto” y deberán ajustarse a las regulaciones que esto requiere.

Los Centros Culturales fueron clasificados en cuatro categorías según su capacidad de asistentes: el “Clase A” podrá recibir hasta 150 personas; el “Clase B” de 151 a 300 personas, no pudiendo ser la superficie de piso mayor a 500 metros cuadrados; “Clase C” desde 301 hasta 500 personas, no pudiendo ser la superficie de piso mayor a 1000 metros cuadrados y “Clase D” aquellos que superen las 500 personas con una superficie de piso mayor a 1000 metros cuadrados.

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