Revista Qué

8 Jul 2015 | Horacio vs. Martin

Calculadora en mano

Por suerte para Larreta, la política no es muy amiga de la aritmética. Pero igual, hace números. Su
militancia será por el voto en blanco. Lousteau precisa unos 360 mil de los casi 400 mil que sacó Recalde. Por qué sin quererlo, la izquierda puede ayudar al PRO. El rol de Carrió y Sanz. Los interrogantes.

Primera consideración: Larreta pensó que iba a sacar más votos y que iba a orillar la vara del 50% y así forzar a Lousteau a bajarse, al igual que hizo Cavallo frente a Ibarra en 2000. La estimación no fue precisa. El jefe de Gabinete se fue el domingo del búnker de Costa Salguero con la calculadora en la mano. Estuvo a más de 100 mil votos de alcanzar la suma mágica de 920 mil que precisaba para eludir la segunda vuelta.

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Segunda consideración: Lousteau quedó mejor parado de lo que se preveía. Sacó alrededor de 130 mil votos más que en las PASO y se consolidó en el segundo lugar. Los 345 mil de Michetti de las Primarias no fueron en masa a Larreta; un porcentaje importante emigró hacia ECO.

Tercera consideración: Larreta no es Macri. Estuvo dos puntos por debajo del ingeniero si se lo compara con la última elección general (2011). Y no logró captar el voto indepen-diente que excede al importantísimo núcleo duro que tiene el PRO en CABA.

Dicho todo esto, ahora se abren muchos interrogantes. La batalla del 19 de julio no está resuelta en la previa. Si la política fuera una ciencia exacta, parangonada con la aritmética, a Rodríguez Larreta no le cerrarían los números. Por suerte para el PRO, constituye otra rama del conocimiento.

Los dos grandes interrogantes de esta hora, a los cuales nadie puede dar una respuesta precisa, es dónde irán los votos de Recalde (sacó seis puntos menos que Filmus en 2011, pero mejoró su performance con relación a las PASO) y los de la izquierda.

Sin dudas, en el juego aritmético, quien más tiene para ganar es Lousteau por una razón esencial: tiene el techo o el límite más lejos. ¿Pueden ir votos de Recalde a Lousteau? Sin dudas, sí. El tema es cuántos. Si el peronismo aglutinado que sumó casi 400 mil votos el domingo último hace un éxodo total para decapitar al PRO, y apoya al economista, Larreta puede estar muy complicado.
Entre Lousteau y el titular de Aerolíneas sumaron 853 mil votos contra unos 819 mil del candidato del PRO. Es decir, 34 mil de diferencia. También se podría asegurar que si aun no todos los votos de Recalde emigran a Lousteau, éste último puede ganar.

El gran desafío de Larreta es romper esta lógica matemática y apostar a que el electorado que no lo acompañó, opte por la abstención. Es decir, por votar en blanco. Esto lo beneficiaría. Quiebra cualquier lógica política asegurar que gente de Recalde vaya con Horacio. Ergo: precisa que los que sabe que no lo van a votar, no lo voten a Lousteau. Ese es el quid de la cuestión.

Visto desde otra óptica tampoco le será fácil a Lousteau ir por la positiva. Es decir, demostrarle al electorado de Recalde que sus propuestas son mejores. Sin dudas, el atajo es afianzar la lógica o el mensaje de que “si me votan a mí, pierde Macri”. Dicho en otras palabras, nacionalizar la campaña. Porque si pierde Macri en la Ciudad, sería casi un hecho que pierda frente a Scioli.

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Igual es un intríngulis difícil para el economista que supo abrevar en el kirchnerismo. Se sabe: sus socios políticos (Sanz y Carrió) son aliados de Macri en la general. Si opta por nacionalizar o por el voto contra Larreta, puede perjudicar al ingeniero. ¿Le importará?

Según el consultor Raúl Aragón, “los votos de Recalde irán en un 40% a Lousteau, 10% a Larreta, y el otro 50% se divide entre indecisos y en blanco”. “Hay 10 puntos que son K duros. Y no creo que Cristina vaya a decir públicamente a quién votar”, le dijo a Qué.

Queda el otro interrogante madre, qué sucederá con los 127 mil votos de la Izquierda (Zamora 71 mil, Bregman 56 mil). La mujer del FIT ya llamó a votar en blanco, lo que en los hechos beneficia a Larreta, mientras que el hombre de Autodeterminación y Libertad habló de darles “libertad de acción” a sus votantes.

Aragón estima que “de los votos de la centroizquierda, el 50% van a Lousteau, el otro 50% es un voto ideológico: no va a ningún lado. Es decir, que es en blanco, en ausencia de un voto de izquierda”.

El tema es que los votos no son de los candidatos, sino de los votantes. Ya está demostrado que dentro del cuarto oscuro, con BUE o sistema tradicional, cada cual decide a su manera. No obstante ello, es utópico pensar que los más de 7 puntos que sacó la Izquierda vayan a Larreta. Y también de que huyan a Lousteau para que no gane el PRO. La izquierda dura tiene su identidad y no la entregará masivamente para apoyar a alguien que no digiere. El jefe de Gabinete también hará todo lo posible para que estos 127 mil sufragios vayan a parar al tacho del voto en blanco, el cual se considera no positivo o queda fuera de la elección en un balotaje.

Aunque mirará el 19 de julio por tele, lo de Zamora es asombroso: sin hacer campaña, llenó más de una cancha de Boca con sus votantes. No pegó ni medio cartel, y le ganó al aparato más respetable con el que cuenta el FIT. Probablemente, Zamora sea uno de los pocos hombres referenciales que tiene la izquierda.

Marcos Peña, Durán Barba y Augusto Rodríguez Larreta hacen elucubraciones de todo tipo por estas horas. Creen que van a ganar, pero la sensación de que no será fácil flota en el ambiente.
El domingo el PRO dio otra muestra cabal de su poderío: ganó en las 15 comunas, incluso en la compleja 6 (Caballito), donde en las PASO se había impuesto la lista de comuneros de ECO. Es decir, el oficialismo manejará todos los barrios. Y Rodríguez Larreta también se impuso en todas, aunque en algunas con menos margen como la 5 (Boedo y Almagro) o la 15 (Chacarita). Arrasó en la 2 (Recoleta), la 13 (Belgrano), la 14 (Palermo) y la 1 (Retiro), entre otras.

La estrategia central del PRO de ahora en más será potenciar los anuncios de obras menores, las fotos con famosos y mostrar el manejo de la gestión del día a día. No mucho más que ello. Apostarán al error ajeno, es decir, que Lousteau se quede sin nafta en estas dos semanas, o que ejercer una fuerte presión a nivel nacional para que Sanz y Carrió lo convenzan de bajarlo. Esto último no va a suceder.

El ex ministro no va a tirar a la basura más de 450 mil votos, y menos abandonar un camino que puede darle la oportunidad de acorralar al partido omnipresente de la capital argentina. Tampoco Carrió se lo puede pedir con mucha seriedad; menos Sanz. De hecho, no lo hará.

Lousteau fue determinante: “Si me bajo, ¿qué le digo a los votantes? Vamos a estar en el balotaje”. Y Lilita aseguró que “la decisión es de Martín. Yo no interfiero”. El cara a cara del 19 de julio presenta un último interrogante. El tema de que no haya tracción trasera (sin legisladores ni comuneros), ¿puede favorecer a Lousteau? Es un cara a cara.

Y por lo tanto, cualquier cosa puede pasar, aunque la matemática dice que podría ganar el hombre de Eco, la lógica política indica que Larreta debería imponerse. Además, quedan en juego dos hechos centrales: el futuro del PRO como partido y la carrera presidencial de Macri. Es mucho más que una simple elección lo que se juega el partido del ingeniero en el balotaje.

LA NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA N° 39 DE REVISTA QUÉ.

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