Revista Qué

9 Nov 2016 | Jian ping yuan

Un chino suelto en la Legislatura

Habla poco y nada en las sesiones, tiene un castellano incipiente y se mantiene alejado de los medios de comunicación. El legislador chino del PRO y su rol político en el Parlamento porteño, donde no pasa desapercibido pese a su escasa participación. “El chino es José Meolans, porque nada”. La definición partió de la boca […]

Habla poco y nada en las sesiones, tiene un castellano incipiente y se mantiene alejado de los medios de comunicación. El legislador chino del PRO y su rol político en el Parlamento porteño, donde no pasa desapercibido pese a su escasa participación.

Nota de tapa QUE #109

“El chino es José Meolans, porque nada”. La definición partió de la boca de un actor frecuente de la escena legislativa porteña que, entre risas, comparó la labor del legislador del PRO, Jian Ping Yuan, con el famoso nadador olímpico argentino. En una extensa indagación de Qué por los pasillos de la Legislatura de la Ciudad, muchos coincidieron en que resulta un gran enigma cómo se las arregló el oriental para aterrizar, en diciembre de 2015, en la bancada del oficialismo. Otros, en cambio, no tie-en dudas: están convencidos de que detrás de su postulación se extiende un amplio caudal de negociados de dudoso entramado y difusa procedencia.

Lo cierto es que, además de su tarea parlamentaria, Yuan irrumpe con fuerza en múltiples direcciones: exporta vinos de alta gama y aceites nacionales al mundo, administra un supermercado en Villa Urquiza y un restaurante de carne en Beijing, al que llamó “El Obelisco”. También importa muñecos de peluche a la Argentina directo de su país y los comercializa en el barrio porteño de Once.

Yuan nació en 1962 en la región china de Fujian, frente a la isla de Taiwán. Está radicado hace más de 30 años en Buenos Aires y, en el ocaso de 2015, se convirtió en el primer legislador chino del país, incluso cuando carece de un manejo fluido del castellano.

Según pudo saber este medio, “Fernando”, como lo llaman sus colegas del recinto, llegó al PRO de la mano de Jorge Garayalde, actual auditor porteño. Dicen que la relación comenzó en el marco de la Expo Shanghai 2010, en la que Yuan era vicepresidente de la Cámara de Producción, Industria y Comercio Chino-Argentina, y Garayalde presidía la comisión de Turismo y Deporte en la Legislatura.

“El chino del PRO”, como le dicen en la esfera política, presentó 32 proyectos (15 propios y 12 de coautoría) desde su asunción. Sólo una de esas iniciativas tuvo conexión con la Ciudad de Buenos Aires: una propuesta de declaración (ya aprobada) para la instalación de una placa de mármol en el Puente de la Mujer (en Puerto Madero), en conmemoración del 150° aniversario de su inauguración.

“Los proyectos de Fernando son todas declaraciones para personalidades destacadas de su país. Después de que se aprueban en el recinto, él hace negocios y firma acuerdos con ellos, y acá adentro no nos enteramos de nada. Es un lobby de Larreta”, señalaron por lo bajo fuentes de la Legislatura.

En otra sintonía, algunos ignoran las causas de su presencia en el cuerpo de Legisladores, y no dudan en disparar con munición gruesa: “La verdad es que no sé por qué está acá. El tipo no habla nunca. Igual, hay otros del PRO que hablan me-nos que él”, arremetió un diputado porteño tras la sesión ordinaria del 3 de octubre pasado. Otro personaje corriente de la actividad parlamentaria fue más elocuente: “El chino es un chiste”, sentenció sin vueltas.

La labor del oriental es seguida de cerca por varios de los actores del recinto, ya acostumbrados a su pasividad en temas de vital importancia. “El PRO lo tiene para levantar la mano, nomás. A eso se reduce su participación”, indicaron.

La realidad es clara y está a la vista todos los jueves: Yuan participa poco y nada de los debates y sólo lanza carcajadas cuando algo le parece gracioso. La prensa lo tiene en jaque constantemente: muy rara vez el hombre de origen asiático brinda entrevistas.

Pero hay un punto clave que podría ayudar a clarificar el mapa y a comprender cuál es el rol de Fernando en la escena parlamentaria: el fuerte lazo diplomático, que proviene de la esfera nacional, con diputados que a menudo viajan a China y desarrollan intercambios de toda clase. “Yuan tiene un rol claro de nexo comercial y político, pero activo. Es decir, no es un peón”, opinó un miembro del entorno político de la Ciudad, y añadió: “Eso se viene expresando en las últimas sesiones”.

Efectivamente, los proyectos que el Legislador presenta desde que emergió en su labor parlamentaria tienen vínculos estrechos con personas de nacionalidad china, como reconocer al Vicegobernador del Gobierno Popular de la Región Autónoma china de Mongolia Interior, Wang Bo, como huésped de honor por su visita al país en el mes de septiembre.

También, Yuan propuso distinguir con idéntico reconocimiento a Liu Qunying, Vicepresidente del comité permanente del congreso popular pro-vincial de Fujian, y a la señora Lin Suqín, Vicealcalde de la ciudad de Putian, provincia de Fujian. Y el repertorio sigue: el más enigmático Legislaor del PRO no vaciló en enviar expedientes para conmemorar el 150º aniversario del nacimiento del Sun Yat-Sen, primer presidente de la República China, y para declarar de interés cultu-ral al Congreso de Gigong.

“Guita e influencia”, sostienen algunos. “Le votan cualquier boludez que propone”, se quejan otros. Las pa-labras van y vienen, de un la-do hacia otro, pero a Jian Ping Yuan parece no importarle. El Legislador sigue firme en su banca, hace oídos sordos a las voces que lo machacan y continúa con su enigmática premisa de figurar en el recinto sin emitir comentarios y sin entrar en de-bates parlamentarios, con su castellano incipiente y mostrando excesiva alergia a todos los flashes y a todos los micrófonos.

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