Revista Qué

4 Ene 2017 | Conflictos en la opera porteña

El Colón ¿Cultura o Negocio?

La protesta del ballet del teatro puso de manifiesto una situación de irregularidades en el manejo de la mítica sala. La tercerización de servicios, la reducción de tareas para los trabajadores, la persecución gremial y los negociados que se esconden detrás de un ícono de culto. La noche del 16 de diciembre, Cacho Castaña se […]

La protesta del ballet del teatro puso de manifiesto una situación de irregularidades en el manejo de la mítica sala. La tercerización de servicios, la reducción de tareas para los trabajadores, la persecución gremial y los negociados que se esconden detrás de un ícono de culto.

El colon de subasta - Loperfido #117

La noche del 16 de diciembre, Cacho Castaña se presentó en el Teatro Colón. Esa misma jornada, los integrantes del Ballet Estable de la ópera porteña protestaban, en Parque Centenario, luego de la presentación de la obra Giselle. Los bailarines sostenían carteles en alto que contenían una única palabra: ‘BASTA’. El reclamo principal de los trabajadores planteaba el hartazgo por la cancelación de sus funciones y la reprogramación de otras actividades del mítico escenario.

Repartieron volantes que denunciaban: “Basta de los eventos privados que se celebran cada vez con más frecuencia y afectan la disponibilidad de la sala principal del teatro”. El reclamo no es nuevo. Hace años que los trabajadores de la ‘casa’, como llaman al Colón, denuncian una política de sala de alquiler y el sistemático descuido, por parte de las autoridades, de la producción propia.

Guillermo Tejada Arce es segunda trompeta dentro de la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón. Hace treinta años que se desempeña como músico y fue integrante de la Junta Interna del gremio ATE (Asociación Trabajadores del Estado).

Como representante gremial, Guillermo vivió momentos de zozobra junto a otros compañeros cuando, desde la dirección del teatro, en una clara persecución política, se realizaron sumarios por más de 50 millones de pesos contra los miembros de la Junta Interna.

Eso provocó, a su entender, “un miedo muy gran-de entre los trabajadores, una preocupación y una quita del apoyo que teníamos por parte de los compañeros de la casa, que había si-do masivo. La persecución contra la Junta Interna comenzó en la época de (Pedro Pablo) García Caffi -exdirector del teatro-”.

Con respecto al futuro de la prestigiosa sala, Tejada Arce fue contundente: “Nosotros vemos que el Teatro Colón va hacia la privatización. Hace muchos años lo vimos ya, y hoy se está dando. Los conciertos de la Orquesta Filarmónica son cada vez más fuera de la sede que adentro. Se ve en la programación paupérrima para el año que viene, para todos los sectores, tanto para la ópera como para el ballet”.

En cuanto al funcionamiento interno del coliseo, el trompetista manifiesta que “se está llevando a cabo una tercerización al cincuenta por ciento”. Basa su denuncia en que los servicios de limpieza y de seguridad, que antes estaban en manos de trabajadores de la casa, desde la reapertura, en 2010, están tercerizados. Agrega que se perdió el presupuesto para la producción propia, tanto para la ópera como para los conciertos.

Dice también que los grandes solistas, como Martha Argerich y Daniel Barenboim, se presentan con sus propias orquestas y, por ende, no participa ningún cuerpo artístico del Colón. Este y otros empleados coinciden en que la crisis se desencadenó desde la reapertura del teatro, en 2010, e iba apuntando a una tercerización del empleo del sector, como punta de lanza para toda la política cultural de la ciudad.

“Lo mismo que pasa ahora en el país. Tenemos el Teatro San Martín cerrado; los circuitos teatrales, en conflicto; el CCK (Centro Cultural Kirchner), que fue inaugurado, pero no tie-ne cuerpos estables. Ahí está la Orquesta Sinfónica Nacional, que está peleando por un lugar estable en el teatro y no lo tiene. Es increíble. Todo tiene que ver con estas políticas de que no haya más cuerpos estables; o sea, de desarmar, y de un sistema de contratación libre que hace que, cuando te necesitan, te van a llamar y, cuando no, no” amplió el músico.

Las voces críticas se remontan a la creación del Ente Autárquico Teatro Colón por medio de la ley 2.855 (en 2008), y sitúan allí el inicio del conflicto. Sostienen que la ley la propuso el oficialismo porteño con el discurso de “modernizar”, y no cumplió.

ATE se opuso desde el comienzo, por-que observaron presuntas irregularidades que contenía la ley, como la tercerización de servicios y la discrecionalidad en las contrataciones y representaciones artísticas. Todo esto, amparado en que la norma brinda la potestad de contratar o de ofrecer servicios sin dar cuentas al Ejecutivo. La ley establece libertad en cuanto a las responsabilidades del Gobierno, y establece un vínculo muy directo con el sector privado. Eso es notorio en los espectáculos que brindan artistas que no son de la casa y que tampoco tienen que ver para lo que fue diseñado un teatro de ópera, ballet y de conciertos.

El denunciante Tejada Arce resalta que, por el contrario, la contratación de artistas locales y extranjeros ajenos a la ópera porteña redunda en la poca participación de los organismos estables del teatro (Ballet, Coro Estable, Orquesta Estable y Orquesta Filarmónica).

Revista Qué se comunicó con la Jefatura de Prensa del Colón para obtener algún tipo de información sobre el re-ciente conflicto. Al ser consultados acerca de la situación de los trabajadores y respecto de la “cesión” de la sala a artistas no programados, la respuesta fue que “no hay nadie (autoridades) con quien dialogar hasta el fin del receso anual del teatro”, el 1° de febrero del 2017.

Lopérfido, director sin concurso

Los trabajadores del Teatro Colón denunciaron irregularidades en la designación del actual director artístico. Según la Ley de Autarquía del Colón, en el artículo 14, inciso G, una función del/a Director/a General es designar a los directores de área. Los directores artísticos y esceno-técnicos, por su parte, son seleccionados por concurso público y abierto, en la forma que lo determine la reglamentación, y duran cuatro años en sus cargos.

Por lo tanto, el exsecretario de Cultura de la Nación de Fernando de la Rúa, y exministro de la misma cartera en CABA, no cumpliría con los re-quisitos establecidos por la Ley 2.855.

Denuncia de persecución gremial 

Trabajadores denunciaron la connivencia entre la Dirección del Colón, el Ejecutivo de la Ciudad y SUTECBA (gremio de la Ciudad) para amedrentar y desplazar a la Junta Interna de ATE-Teatro Colón. En el año 2010, diez gremialistas fueron sumariados, sancionados y, uno de ellos, despedido. Patricia Pérez, violinista, fue cesanteada, y le descontaron un 50 por ciento de su salario. Falleció en 2011 a causa de una enfermedad autoinmune. Luego de su partida, sus compañeros resolvieron homenajearla, denominando a la Junta Interna ATE – Teatro Colón con el nombre de “Patricia Pérez”.

Avelino, “el elegido”

Avelino Tamargo, exlegislador porteño del PRO, promovió los shows de “Los Elegidos” y “Las Elegidas” que, en los últimos años, les permitieron actuar en el Colón a artistas populares como el ‘Chaqueño’ Palavecino, Valeria Lynch, Patricia Sosa, ‘Palito’ Ortega y Karina ‘La Princesita’, entre otros. Las “veladas populares” causaron controversias dentro del PRO, ya que las entradas no eran nada baratas: los organizadores cobran hasta seis mil pesos por un palco.

Tamargo se ha dedicado, en los últimos años, a la organización de eventos culturales y deportivos con fondos de la Ciudad. Maneja la empresa Sinergya, en la que supo ser socio de Marcelo Fígoli y Diego Finkelstein, del Fénix Entertainment Group, que dejaron de participar en el 2013, más Cristina Filandro (exsecretaria de Tamargo en la Legislatura porteña). El Teatro Colón ha sido, para el exlegislador oficialista, un espacio fértil para la presentación de espectáculos de índole privada.

LEA LA NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA Nº 117 DE QUÉ

 

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