Revista Qué

8 Oct 2014 | Conflicto entre vecinos

Discordia por el muro que separa la Illia y la Villa 31

La iniciativa del Gobierno de la Ciudad sigue generando polémica. Para un lado, el muro es antivandálico; para el otro, discriminación. Los vecinos de la Villa 31 y los que viven al otro lado de la autopista Illia siguen en conflicto por el muro que se está construyendo, con la finalidad de combatir la creciente […]

La iniciativa del Gobierno de la Ciudad sigue generando polémica. Para un lado, el muro es antivandálico; para el otro, discriminación.

Los vecinos de la Villa 31 y los que viven al otro lado de la autopista Illia siguen en conflicto por el muro que se está construyendo, con la finalidad de combatir la creciente inseguridad y los actos de vandalismo en la Ciudad.

La iniciativa que el Gobierno de la Ciudad, por medio de Autopistas Urbanas (Ausa), comenzó a llevar a cabo a fines de septiembre al disponer un nuevo muro y enrejado, sobre la autopista Illia separando así, con mayor claridad, esa traza de la Villa 31 que, hacia lo ancho y lo alto, sigue generando conflictos.

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De esta forma, volvió también la polémica, recordando tantos muros y tantas rejas, como la decisión de Gustavo Posse cuando quiso disponer en 2009 un muro -un muro literal- en el límite de su San Isidro y los vecinos de San Fernando -de ellos quería separarse- se lo tiraron a patadas.

Pero la situación en la Villa 31, actualmente con 40 mil habitantes y edificios de hasta siete pisos, es bien distinta. Hace siete años se había construido un muro que la separaba de la autopista y, sobre él, un alambrado, mucho más bajo del que se está emplazando ahora, con más de dos metros de altura, sobre una base de hormigón y metal de 65 centímetros.

La vieja estructura se fue desgastando y permitió, lo que es peor para el GCBA, el serpenteo indiscriminado de la villa. Así, mucha gente tenía la costumbre de cruzar la autopista como si fuera una calle más. Nenes jugando a centímetros de los autos, ropa volando del alambre perimetral hacia los carriles, humo, mucho humo por la basura quemada que dificulta la visión de los conductores, son algunas de las situaciones que se daban -¿se dan?- a diario en el lugar.

Muchos automovilistas venían denunciando que eran asaltados por habitantes de la villa y estos dicen lo de siempre: que no todos son delincuentes en el barrio. De esa forma, entre el pedido de seguridad de los ajenos y el reclamo para terminar con la estigmatización del villero, aflora otro grito: el de los vecinos de la villa que claman por su propia seguridad. Esto es, con el muro ganan todos.

“Esto está absolutamente consensuado con los vecinos, en asamblea. Es más, son los mismos vecinos los que están trabajando en el armado del muro y el alambrado. Muchos chicos murieron por cruzar la autopista para ir a comprar droga del otro lado, y otros apedreaban a los autos para robar. Así vamos a estar más tranquilos. Solo le falta el jardincito y ya está. A fin de mes se termina.”, cuenta Teófilo “Jony” Tapia, uno de los habitantes históricos de la villa, desde su barrio San Martín, pegado al viejo correo.

Sin embargo, Angélica Banzer, delegada y presidenta de la ONG Mujeres Trabajando por un Futuro, disiente. Con Jony y con muchos vecinos. Cree que el cerco discrimina, que hay mejores cosas para hacer por la comunidad. “Nosotros estamos tratando de ser un barrio con todas las letras, vamos por la radicación y urbanización. Pero con esto del muro, ¿qué pretenden? Que digan la verdad. ¿Quieren separar pobres de ricos? ¿O quieren demostrar a los turistas que en la Argentina no hay pobreza? Veremos cuánto dura ese muro. Si el Muro de Berlín se vino abajo me pregunto qué pasará con el de nuestro barrio”, advirtió en diálogo con el portal Noticias Urbanas, de la Ciudad.

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