Revista Qué

22 Jul 2015 | Lo que dejó el balotaje

Entre la Ciudad y el Waterloo

Larreta sacó 230 mil votos menos que Macri en 2011. Bajó considerablemente el techo del PRO, que casi recibe un golpe de KO. Los gritos de Michetti a Durán Barba. Los cuestionamientos internos y la impensada nebulosa del partido gobernante. Lousteau, ganador sin corona. Y la izquierda, sin autocrítica

Nadie pensó en el Waterloo del PRO. Pero la batalla dejó tantos heridos como un feroz combate. Está claro, no fue el domingo soñado para el macrismo. Ni por asomo lo fue.

Horacio Rodríguez Larreta no abandonó nunca su sonrisa habitual, na-tural o impostada. Lo concreto es que es el único hombre fuerte del partido amarillo que se fue con
una mueca de aprobación. Será el Jefe de gobierno a partir del 10 de diciembre, y tendrá trabajo asegurado. No pueden decir lo mismo los miche-ttistas, que indirectamente quedaron muy golpeados, ni el propio Mauricio, quien volvió a sufrir por los errores no forzados. Y por minimizar lógicas que pueden constituir (o no) la vieja política, las cuales aún perduran en todas las batallas electorales.

Es paradojal lo del PRO, porque sacó más votos que en las generales (860 mil contra 820 mil), pero estuvo a punto de perder. Claro, Lousteau pasó de 485 mil a 806 mil. Es decir, 321 mil más. Fuera de todos los pronósticos.

Precisamente eso es lo que le falló al partido gobernante porteño. Hizo mal todos los cálculos desde marzo a esta parte. Primero, porque Macri eligió al candidato más débil en la Ciudad: Larreta siempre midió menos que Gabriela, quien captaba votos independientes. Y segundo, porque subestimó el armado del rival.

Los cráneos del PRO, recluidos en la mesa de Durán Barba, Marcos Peña, Emilio Monzó y Nicolás Caputo, junto a Horacio y Mauricio minimizaron los efectos de casi todas las elecciones; incluida la del pago chico.

El mismo domingo en Costa Salguero se alzó más de una voz para criticar la euforia previa. “Primero fue un error instalar que Larreta ganaba en primera vuelta, segundo imponer la idea de que Lousteau debía bajarse, y ahora eso de que vencíamos por diez puntos”, vociferó un hombre del macrismo, molesto por la exigua diferencia de tres puntos.

“Si no decíamos que íbamos a ganar por tanto, ahora podríamos festejar con más ganas”, siguió. Está claro, la victoria estuvo lejos de ser un trámite. Incluso, el Waterloo asomó más cerca de lo que casi nadie se imaginaba.

En números, Rodríguez Larreta hizo retroceder al PRO. En 2011 Mauricio había sacado en la segunda vuelta frente a Daniel Filmus 1.090.389. En cuatro años perdió unos 230 mil votos. ¿Gabriela hubiese sacado más?

Esa pregunta flotó durante varias horas en el am-biente de Costa Salgue-ro; que esta vez lució desprovisto de la euforia de otras jornadas. Está claro no había mucho para festejar. Y mucho menos para el reducido grupo de la senadora.

El michettismo quedó muy incómodo. Más, tarde o temprano, una vez sentado en Parque Patricios, Larreta pasará el plumazo en casi todos los cargos de relevancia que responden a la hoy candidata a vicepresidenta. Las horas de Hernán Lombardi, Daniel Chain y probablemente Guillermo Montenegro, están contadas.

“Horacio va a poner a toda su gente”, dijo uno de sus más estrechos colaboradores. Y es lógico. Al michettismo le convenía una victoria holgada porque las esperanzas de ganar la grande en octubre o en el balotaje nacional se iban a incrementar. Hoy está todo en una gran nebulosa.
De hecho, Macri ya decidió tomar prudente distancia de Larreta, a quien puertas adentro le achacan que su falta de carisma fue determinante para esta performance del PRO. “Estuvo debajo de las expectativas”, resumió, lacónico, el mismo dirigente.

El ingeniero ahora dejará de inmiscuirse en el día a día porteño; y esa es una mala noticia para el michettismo. Larreta con más poder es una amenaza real para la dirigencia de la senadora, que ocupa muchas segundas líneas en el organigrama gubernamental. Tampoco quiere tantas fotos en lo inmediato con Horacio.

Balotaje - Elecciones #41_what.qxdAunque también es cierto que hoy Mauricio ya no sabe a quién hacerle caso. Luego del domingo, su gurú ecuatoriano quedó casi herido de muerte en la consi-deración general del PRO.
Michetti le enrostró en Costa Salguero a Peña y al propio Durán Barba que “se siguen equivocando. No aprenden”. Dicen que fue a los gritos. La senadora nunca abrevó en esas mieles. Y encontró la lógica y razona-ble oportunidad para hacérselos saber.

La sensación global que rodea al PRO es la de desconcierto. Después de diciembre Larreta deberá negociar en la Legislatura (no tiene mayoría) pero no cuenta, por ahora, con la for-taleza de Macri. Alumbra algo más débil su gobierno, más allá de que mantenga parte “del equipo”. Algunos ya le recomendaron que precisará a un hombre también muy político para que le maneje el día a día. Su idea de siempre fue colocar en ese cargo a un eficiente técnico, Franco Moccia. “Se lo van a devorar los medios”, le aconsejaron. Aún no está decidido el nombre para ese puesto medular.

 

Piedra en el zapato

Martín Lousteau, el ganador sin corona, se transformó en la impensada piedra en el zapato para el macrismo. Manejará un apreciable bloque de 14 legisladores, con muchos de los cuales el PRO deberá negociar. De lo contrario, el Ejecutivo tendría que “convencer” a los 13 del FpV. Obvio, esto último parece más complejo.

El economista, quien tuvo el innegable apoyo del kirchnerismo en el balotaje, se transformó en pocas semanas en un nuevo prota-gonista de la política argentina. Casi sin quererlo, estuvo a punto de hundir todas las aspiraciones del macrismo, incluso las posibilidades presidenciales del ingeniero. Estuvo así de cerca, a 54.745 votos.

Si bien Recalde dijo que no lo votó, punteros territoriales del peronismo traccionaron, básicamente en el sur, para llevarle adhesiones al hombre de Eco. No es menor el dato de que en todas las comunas de las zonas más postergadas, Lousteau haya ganado. Allí, se sabe, hay voto peronista. El cachetazo al PRO en nueve comunas traerá coletazos a partir de diciembre. Este tampoco es un dato menor.

En los hechos, y aunque implícitamente, la izquierda porteña ayudó a Macri. De los más de 127 mil votos que habían sacado Luis Zamora y Myriam Bregman, se estima que la gran mayoría engrosó el histórico voto en blanco de 89.444 (5%). De tres puntos fue la diferencia entre Larreta y Lousteau. La izquierda no hará autocrítica sobre este punto; todo lo contrario. “Jamás apoyaremos a un candidato patronal”, resumió un dirigente en alusión a Lousteau. Es decir, no hay arrepentimiento. “Hay coherencia”, sintetizó el mismo hombre del FIT.

Sobre el voto en blanco y la escasa participación (69,38% del electorado), el PRO hizo apresurada lectura cuasi insólita. “Nos perjudicó que mucha gente se fue de vacaciones”, dijeron.

La ficticia euforia previa, más los errores no forzados y la subestimación de su rival, pusieron al macrismo al borde de su Waterloo, justo en el año en que aspira a ganar la grande. Son
licencias demasiado peligrosas para un partido que aspira a gobernar el país. Ahora Larreta, sonriente, encarará su nuevo (viejo) gobierno, Lousteau intentará consolidarse como el jefe
de la oposición y Macri irá por un desafío que se le hizo más cuesta arriba de lo que había programado.

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