Revista Qué

24 Jun 2015 | Análisis

¿Macri se queda sin nafta?

Un sector de la mesa chica del PRO cometió peligrosos errores de cálculo: subestimó a Santa Fe, se cerró en sí mismo y esmeriló al interlocutor para cooptar dirigentes de otras fuerzas. Luego, lo pagó en el cierre de listas. Macri creció mucho, pero se frenó. Las posibles causas.

Las modas son un suceso, un boom, y pasajeras. Jamás persisten o perduran. Por eso son eso: modas. Los estrategas del macrismo saben esto mejor que nadie. Y di-señaron un plan de acción para eludir cualquier fenómeno pasatista, e instalar la noción de algo perdurable, duradero y con sustento. ¿Lo lograron?

Ese interrogante es la gran cuestión del momento. Mauricio, que intentará transformarse en el primer ingeniero en llegar al sillón de Rivadavia, procuró romper la lógica de la política clásica para cimentar su campaña. Nada de actos, nada de proselitismo tradicional, pocos o ningún cartel y algún ocasional corte de cinta. Su lógica fue la del timbrazo. Su gente le selecciona a un vecino de los que se anotan a través de las redes sociales, y ahí va el Jefe de gobierno con su discurso que aspira a ser llano. Habla, toma mate, escucha y sigue su recorrido.

Macri pasó de menos del 10 por ciento de intención de voto en 2013, pleno fenómeno Massa y la confrontación con el lomense Martín Insaurralde, a más del 25 en un año y medio. Una verdadera explosión. Ese crecimiento se dio por diferentes variables políticas, coyuntura electoral, e indudablemente también por méritos propios. En diciembre de 2014 el entonces monolítico comando del PRO (Durán Barba, Marcos Peña y Monzó) dio en la tecla: no hay que hacer una campaña tradicional en el verano.

TAPA

Y así fue. Mientras Scioli inundó de naranja la costa, y Massa atiborró de gigantografías las rutas, el Jefe de gobierno decidió caminar por la arena sin tanto cotillón. Mal no le fue. En marzo ya estaba palmo a palmo con el tigrense, e incluso algunos puntos arriba.

“No podemos saturar con carteles, ni con nada de ello. Eso es de la vieja política. Además, no tenemos que instalar la idea de que Mauricio está de moda. Porque todas las modas después se desinflan”. Palabras más, palabras menos, esa fue la lógica de dicha mesa chica electoral.

Mientras Durán Barba y Marcos Peña diseñaban el discurso, la imagen y los gestos, Monzó seguía armando candidatos. Del Sel había ganado las PASO en Santa Fe; luego el PRO logró un ambicioso armado en Córdoba y Lole Reutemann aparecía como el potencial vice. Todo de diez; máxime tras la victoria de Horacio Rodríguez Larreta, empujado por Mauricio, sobre Gabriela Michetti.

Pero en el medio algo pasó, incluso antes de la pestilente elección santafesina (Lifschitz será el gobernador): la grieta en el comando de campaña. Y los dos equipos bien marcados, los amarillos del PRO puro contra los PRO aperturistas. La lucha interna la perdió este último team, con Monzó a la cabeza. Aunque luego le pagaron con un lugar en la lista de diputados nacionales por Buenos Aires.
Macri cometió un error de cálculo, que no se le puede pasar a ningún buen ajedrecista en cruciales días de campaña: desautorizó al titular del ministerio de Gobierno en sus negociaciones con diferentes dirigentes. Parece menor el dato, pero no lo es.

Nadie en el PRO imaginó una caída tan estrepitosa de Massa. Pero básicamente lo que nadie vio es que casi todos los dirigentes que huyeron del Frente Renovador se fueron a la Rosada. Prácticamente ninguno cruzó del otro lado de la Plaza de Mayo. Una mala noticia.

Algunos nombres que negociaban con el PRO se quedaron sin interlocutor. Monzó les había dicho algo que luego no se cumplió. No habló de más, sino que después el ingeniero lo desautorizó. Le hizo caso a su gurú ecuatoriano. Le erró, porque el partido que parecía creciente se cerró sobre sí mismo. Se achicó.

El ministro de Gobierno quería a “Lole” en la fórmula presidencial, pero éste se sintió manoseado. Y así lo hizo saber entre dientes. Reutemann graficaba la apertura.

También hubo un error de cálculo con las proyecciones realizadas con los votos de Barletta de las PASO santafesinas. No fueron para Del Sel. Y otro hecho se mencionó en Los Patos 1300 luego del último domingo santafesino. En Rosario, la candidata de Macri (Anita Martínez) quedó 12 mil votos por debajo de Mónica Fein. Y el FR (Alejandro Grandinetti) sacó 70 mil votos. “Si acordábamos con el massismo ganábamos Rosario”, simplificó un dirigente.

Es simplista la lectura, pero también tiene algo de mensaje encriptado. Aún son muchos dentro del PRO que creen que Macri debió cerrar con Massa. Es lógico: Vidal no levanta en Buenos Aires. Y con esa decisión el partido se miró el ombligo. También se cortó el pase de dirigentes hacia este lado del mostrador.

Monzó le podría haber enrostrado el resultado de Santa Fe a Durán Barba. No lo hizo. Pero los números le dieron parte de la razón.

En la última reunión de Gabinete en Parque Patricios se llegó a una conclusión: Zannini (con Scioli) puede espantar al voto independiente, y profundiza la lógica de continuidad del modelo. “Y queda claro que nosotros somos otra cosa”, se sintetizó. Bárbaro. Pero la euforia de semanas atrás ya no es tal en el búnker amarillo. La efervescencia ha bajado. La espuma también.

¿La cuestión será que en la recta final el PRO se queda sin nafta, o que finalmente ese temor de la “moda” se hace realidad? Como sea, Macri ya no puede cometer ningún error de cálculo más para batir al kirchnerismo.

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