Revista Qué

24 Jun 2015 | Campaña presidencial

Reacomode de piezas

A poco más de un mes de las PASO presidenciales, el PRO a nivel nacional tuvo que salir a rectificar el rumbo. Cómo se pasó de la euforia del súper abril a la negociación con Sergio Massa, y el efecto Zannini que obligó a cambiar el rumbo casi sobre el cierre de listas.

En el despacho de uno de los principales asesores electorales de Mauricio Macri, el ministro de Gobierno Emilio Monzó, hay un almanaque en el cual un mes se destacaba por sobre el resto. Abril era para el PRO “súper abril”. Antes de que se llegase al cuarto mes del año, se necesitaba tener una serie de acuerdos partidarios resueltos para encarar las elecciones que se desarrollarían en esos 30 días.

macri jenga

Salvo el contratiempo en Salta, ese mes se cerró con la nota máxima. En el medio, también se aprovechó para dirimir internas de larga data. Monzó hizo las pases con el secretario de Gobierno, Marcos Peña.

La interna entre el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, y la senadora nacional Gabriela Michetti, terminaba con la victoria del primero y la subordinación de la segunda. Las PASO en Santa Fe indicaban que el candidato Miguel Torres del Sel obtendría un buen caudal de votos que lo dejaría bien posicionado para las generales.

Por esos días, que se vislumbraban color de rosa, intendentes de la provincia de Buenos Aires eran tentados para incluirlos en el armado. “Un intendente te asegura cuidar entre uno y dos puntos”, explicó entonces uno de los más estrechos colaboradores del mencionado Ministro. El otro objetivo era que el crecimiento del Jefe de gobierno no sea “una moda” como ocurrió en el verano con otro de los presidenciales, el diputado nacional y ex intendente de Tigre, Sergio Massa. Se apostaba por una polarización con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, que aún se mantiene.

Pero mayo y junio, principalmente, le trajeron algunas complicaciones. La madre de todas ellas: ¿qué hacer con Massa?

Dos de los operadores más cercanos de ellos, el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba y Juan Carlos Mazzón, respectivamente, se reunieron a mediados de mayo para plantear justamente ese escenario. El acuerdo era simple, que los comicios se definan entre esos dos candidatos, y que ambas fórmulas sean lo más “puras” posibles.

Ese fue el primer paso. Monzó, y la línea más pragmática, veía con buenos ojos un acercamiento con el diputado nacional. Aunque tenía poco pa-ra aportar en la Provincia, debido a la fuga que sufría de intendentes y legisladores, podía ser un buen aliado.

Esto despertó la ira de algunos de los exponentes del sector “comunicacional”. El acuerdo no podía lograrse. Aunque las reuniones entre los enviados de ambos frentes se desarrollaron, y parecían llegar a buen puerto. Massa no quiso desistir de su sueño presidencial.

Luego de esos encuentros, tomó mayor relevancia la figura del intendente de Vicente López, y primo del Jefe de gobierno, Jorge Macri. El se convirtió en el jefe de campaña de la candidata en la provincia, María Eugenia Vidal, y comenzó a “meter la cola” en el armado de las listas.

El alcalde de la localidad del norte pasó a ser el nuevo interlocutor con los intendentes del Conurbano. “Ese fue un cambio a mitad de camino que descolocó a muchos. Ya no sabíamos con quién teníamos que hablar”, señalaron desde el círculo íntimo de uno de los “barones” seducidos.

Pero Monzó no quedó afuera de la pelea. Macri lo que hizo con esa modificación fue quitarle peso, que luego recuperaría en el sprint final.

El nuevo vocero no tuvo el efecto deseado. Los intendentes massistas migraron hacia el kirchnerismo. No obstante ello, la imagen de Vidal se mantuvo. Cuando falta menos de un mes para las PASO, su intención de voto ronda los 18 puntos. Con lograr 20, en el PRO se dan por realizados.

El primer tropiezo

Las PASO en Santa Fe plantearon una situación de optimismo puro. Miguel del Sel obtuvo más votos que los dos candidatos del socialismo, el ex intendente de Rosario Miguel Lifschitz y Mario Barle-tta, y los cuatro del Frente para la Victoria.

Cuando todo parecía que sería el próximo gobernador de la provincia del Litoral, los resultados de las generales marcaron lo contrario.

Aunque el escrutinio estuvo revestido de las sospechas de fraude, arrojó un resultado inesperado para el PRO. Del Sel terminó segundo, detrás del Lifschitz, quien obtuvo 2.000 votos más. En Rosario, la diferencia entre la alcalde Mónica Fein y Anita Martínez fue mayor, 10.000 sufragios.

Sin embargo, antes de esos comicios, el PRO terminó de dinamitar la posibilidad de pactar con el massismo. La performance de su frente fue motivo de especulaciones en el partido amarillo.

“El candidato a gobernador de Massa sacó más de 100.000 votos y el que llevaron para intendente de Rosario, 70.000. Si arreglábamos, ganabamos todo”, despotricó uno de los asesores de Del Sel.

Antes de conocer esa noticia, en el macrismo se impuso la idea de las fórmulas puras, sobre todo en los distritos clave.

Pero Macri no se quedó quieto, dos días después de conocer la noticia, le anunció a los integrantes del partido que Peña sería su compañero de fórmula y no Michetti.

La noticia tuvo dos lecturas internas. La primera fue que redobló la apuesta y eligió a un compañero “lo más puro PRO posible”. La segunda, que dio por válido el argumento de “los votos son de él”, y que ningún Vice le podría dar más ventaja. Ese fue el panorama con el cual se llegó a la semana del cierre de listas.

El efecto Zannini

La estrategia macrista tuvo, desde el comienzo de la caída de Massa, como único objetivo evitar que el candidato del Ejecutivo nacional se despegue a más de 10 puntos y así logre una victoria en primera vuelta.

Cuando todo indicaba que el kirchnerismo tendría una interna entre Scioli y el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, el primero le comunicó a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, su intención de designar como compañero de fórmula al actual secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini.

El gesto logró su cometido, y Cristina aceptó que el Gobernador sea el único candidato del espacio.

El anuncio modificó el panorama interno. Macri comenzó a tener dudas sobre la elección de Peña. El único integrante de su mesa chica que le repitió, una y otra vez, que Michetti debía acompañarlo fue el empresario de la construcción y amigo personal del Jefe de gobierno, Nicolás “Nicky” Caputo.

Su argumento era simple. La alta imagen e intención de voto de la senadora nacional. Aunque Peña cuenta con la confianza de Macri, no se encuentra instalado en la opinión pública.

Luego de la victoria de Rodríguez Larreta en las PASO porteñas, el lugar que ocuparía la senadora nacional cambió en más de una ocasión. Entre fines de abril y principios de junio fue sondeada para varios cargos.

Primero fue el ParlaSur. Pero ese ofrecimiento no prosperó. Luego se pensó en no colocarla en ninguna boleta y que sólo acompañe las campañas del jefe de Gabinete y de Macri.

El regreso de su viaje a Chile, fue al desierto de Atacama junto a su pareja y a su hijo, la volvió a poner en el tintero de la candidatura a vicepresidente.

Una reunión a solas entre ellos dos bastó para informarle que estaba nuevamente en carrera y que su rival era Marcos Peña, una persona que había sabido ser su mano derecha y al que luego su entorno tildó de “traidor”.

Casi en paralelo tuvo lugar la reunión del Concejo Nacional del PRO, en Mar del Plata, en el complejo Torres de Manantiales, propiedad del ministro de Cultura, Hernán Lombardi.

Allí, los más de 200 afiliados expresaron su favoritismo por Michetti, aunque no vieron con malos ojos que el candidato sea Peña.

El jueves a la noche, antes de cerrar la jornada, sus colaboradores le entregaron dos proyecciones de votos. En una, su compañero de fórmula era Marcos Peña, en la otra, la senadora nacional. La diferencia era abismal. “Encuesta mata candidato”, expresaron desde su entorno.

Como luego contaría la propia Michetti, Macri levantó el télefono y se comunicó con su secretaria. Le dijo que quería verla lo antes posible.

En esa reunión de viernes le dijo que la había elegido para que ambos fueran en la boleta. Está vez ella no rechazó el ofrecimiento.

Pero esa fue tan sólo la primera respuesta del día. Horas después, por pedido de la UCR, modificaría su elección de la nómina en territorio bonaerense.

El acuerdo UCR

La alianza que rubricó Macri con la UCR, con el senador Ernesto Sanz a la cabeza, estipulaba la creación de un frente único con unidad a nivel nacional pero libertad de acción en las provincias, salvo en la de Buenos Aires, en la que hubo un acuerdo a respetar. Como consecuencia del libre albedrío, en muchos distritos, el PRO fue con el mismo candidato que los radicales y el massimo.

La definición de las candidaturas estuvo lejos de honrarlo y esto despertó el enojo de los radicales, que pusieron el grito en el cielo.

La elección del vicepresidente primero de la Legislatura porteña, Cristian Ritondo, como compañero de fórmula de Vidal fue la gota que rebasó el vaso. “Se sintieron tocados y por eso reaccionaron cuando pudieron”, precisó un operador provincial de la UCR.

La modificación no fue una decisión que le costó tomar al macrismo. “Nos equivocamos en lo del vice bonaerense y lo corregimos”, admitió Peña en una entrevista a Perfil. El Secretario tuvo palabras de agradecimiento para con Ritondo, quien, a través de un comunicado, manifestó que se trató de una decisión personal para favorecer al espacio.

Ritondo tampoco puso resistencia, se sabe que es un soldado de Macri, como también que tendrá su recompensa. Por estas horas, suena como uno de los hombres para ocupar la ex SIDE de ser electo Macri. La necesidad de tener que “llamar” para quejarse no fue algo que haya caído cómodo en la UCR. El pase de facturas no tardó en llegar, en Mendoza no sólo se buscó demostarle al PRO que necesita de la UCR, sino que también le enrostraron la victoria “radical”.

LA NOTA COMPLETA EN LA EDICION IMPRESA N° 37 DE QUÉ.

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