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Ante este hecho, el primer ministro Keir Starmer calificó la contratación como “profundamente preocupante” y aseguró que el antisemitismo debe ser confrontado “dondequiera que aparezca”.
Desde la oposición, tanto liberales demócratas como conservadores se sumaron al repudio. La diputada laborista Rachael Maskell afirmó que “no se le debe dar un escenario”, mientras que Ed Davey y Kemi Badenoch pidieron directamente que se le niegue el ingreso al país.
Organizaciones judías elevaron la voz con dureza. El presidente del Board of Deputies of British Jews, Phil Rosenberg, consideró que permitir su presentación sería “una decisión absolutamente equivocada”. La Campaña contra el Antisemitismo solicitó formalmente al Gobierno británico que le deniegue el visado por “no ser conducente al bien público”.
La presión también llegó desde el mundo empresarial: Pepsi y Diageo retiraron su patrocinio del festival tras conocerse la contratación del rapero.
El polémico artista acumula un largo historial de declaraciones antisemitas, elogios a Hitler y la reciente publicación de la canción “Heil Hitler”, que fue prohibida en varias plataformas. Aunque en enero de 2026 publicó una disculpa en The Wall Street Journal, adjudicando su conducta a un “episodio maníaco” por su trastorno bipolar, las críticas no han disminuido.
La controversia se suma a otros rechazos en Europa, como la declaración del alcalde de Marsella de que West “no es bienvenido” en su ciudad.